miércoles, 10 de noviembre de 2021

IMPACTO CLÍNICO DE LA ORACIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS DEPRESIVOS, por David Alberto Campos Vargas

 

IMPACTO CLÍNICO DE LA ORACIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS DEPRESIVOS QUE ASISTIERON A LA CONSULTA EXTERNA DE UNA INSTITUCIÓN PÚBLICA DEL QUINDÍO ENTRE JULIO DE 2020 Y JULIO DE 2021

 

David Alberto Campos Vargas*

 

Resumen

 

La oración es una herramienta de gran utilidad en el tratamiento psiquiátrico, tal como propone la Psicoterapia Formativa. Al potenciar la espiritualidad y fomentar el crecimiento en la dimensión trascendente del hombre, favorece aspectos clave para la salud mental, la felicidad y la plenitud existencial, como lo son la sensación de bienestar, la esperanza, el optimismo, el equilibrio psíquico, el deseo de mejoría en la conducta y la confianza en el futuro.

Los pacientes que tienen algún padecimiento psiquiátrico de tipo depresivo, es decir, que cumplen con los criterios diagnósticos de alguno de los trastornos depresivos definidos como entidades nosográficas (Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Leve, Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Moderado, Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave Sin Síntomas Psicóticos, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Leve, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Moderado, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Grave, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión Parcial, Otros Trastornos Depresivos Recurrentes, Distimia, Duelo, Trastorno Adaptativo de tipo Depresivo), se benefician de incorporar la oración diaria a su tratamiento. Rezar disminuye la intensidad de sus síntomas depresivos, mejora la autoestima, incrementa la esperanza y la confianza en que las cosas mejorarán en un futuro, hace que se logre la remisión en menos tiempo y aumenta la sensación de bienestar y calma en los pacientes.

Estos hallazgos respaldan uno de los ejes conceptuales de la Psicoterapia Formativa: la vida religiosa como uno de las dimensiones conducentes a la plenitud existencial, la felicidad, la integración y la ecualización del psiquismo, la reestructuración de la personalidad, la optimización del desempeño en todas las dimensiones de la vida y la redefinición de la forma de ser en el mundo.

 

Palabras clave: Oración, Trastornos Depresivos, Salud Mental, Bienestar, Calidad de Vida, Psicoterapia, Psiquiatría, Psicoterapia Formativa.

 

Abstract

 

Prayer is a very useful tool in psychiatric treatment, as proposed by Formative Psychotherapy. By enhancing spirituality and promoting growth in the transcendent dimension of man, it favors key aspects for mental health, happiness and existential fulfillment, such as the feeling of well-being, hope, optimism, psychic balance, behavior improvement and confidence in the future.

Patients who have a depressive type of psychiatric disorder, that is, who meet the diagnostic criteria for any of the depressive disorders defined as nosographic entities (Mild Single Episode Major Depressive Disorder, Moderate Single Episode Major Depressive Disorder, Single Episode Major Depressive Disorder Severe No Psychotic Symptoms, Recurrent Major Depressive Disorder Current Episode Mild, Recurrent Major Depressive Disorder Current Episode Moderate, Recurrent Major Depressive Disorder Current Episode Serious, Recurrent Major Depressive Disorder in Partial Remission, Other Recurrent Depressive Disorder, Dysthymia, Adaptive Grief, Disorder Depressive), benefit from incorporating daily prayer into their treatment. Praying decreases the intensity of their depressive symptoms, improves self-esteem, increases hope and confidence that things will improve in the future, makes remission to be achieved in less time and increases the feeling of well-being and calm in patients.

These findings support one of the conceptual axes of Formative Psychotherapy: religious life as one of the dimensions leading to existential fullness, happiness, integration and equalization of the psyche, the restructuring of the personality, the optimization of the performance in all the dimensions of the life and the redefinition of the way of being in the world.

 

Key words: Prayer, Depressive Disorders, Mental Health, Welfare, Quality of Life, Psychotherapy, Psychiatry, Formative Psychotherapy.

 

Introducción

 

Para la Psicoterapia Formativa, la vida espiritual es fundamental: como concibe la psicoterapia como un proceso total, y tiene en cuenta las tres facetas del ser humano (cuerpo, mente y espíritu), inevitablemente le apunta a la plenitud existencial, la felicidad y al sentido de vida que la buena relación con Dios brinda en abundancia.

El psicoterapeuta formativo y el paciente que asiste a este tipo de terapia buscan el desarrollo de las virtudes teologales (fe, esperanza, amor/caridad), las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza), la vida de gracia, unas resiliencia y versatilidad mayores, la potenciación de la empatía y la solidaridad, la reflexión y la praxis filosófica, las adecuadas construcción y gestión de las cogniciones y las emociones, y la sabiduría de vida.

En línea con lo anterior, los psicoterapeutas formativos promovemos en nuestros pacientes la oración, la vida sacramental, las lecturas edificantes (con énfasis especial en las Sagradas Escrituras), las obras de misericordia, la religiosidad (entendida como relación y amistad con el Señor), la práctica de ejercicios espirituales, el despliegue de una vida acorde con los valores del Evangelio, la meditación (centrada en el infinito amor del Todopoderoso, en pasajes de la Biblia o en las enseñanzas de los doctores de la Iglesia), el despliegue de conductas altruistas y solidarias, la aplicación de máximas y ejemplos de santos y beatos (y, en general, de todos los seres humanos que destacaron por su servicio al prójimo, más allá de la religión que profesaron), la asistencia a retiros espirituales y la forja de un talante activamente bondadoso.

En caso de pacientes pertenecientes a corrientes religiosas no cristianas, o agnósticos o ateos, la Psicoterapia Formativa respeta la individualidad y las creencias individuales, y se adapta a lo que cada persona consienta y acepte. He observado que los pacientes no cristianos pero pertenecientes a otras religiones monoteístas cumplen a cabalidad con las tareas encaminadas a forjar una vida más plena propuestas por este modelo psicoterapéutico, en el marco, obviamente, de sus creencias. Los que pertenecen a religiones politeístas o misceláneas o se enmarcan dentro de la llamada Nueva Era, les fascinan las oraciones propias de sus tradiciones y la meditación. A los budistas y a quienes son creyentes pero no tienen una filiación religiosa específica, la meditación y las buenas obras les resultan sumamente útiles para alcanzar las metas terapéuticas.

Cuando empezaba la conceptualización de la Psicoterapia Formativa, temía que en los pacientes agnósticos o ateos no se produjeran buenos resultados clínicos, o que ellos mismos sintieran repulsión frente a un tipo de psicoterapia en el que la espiritualidad juega un papel primordial. Sin embargo, los once años de experiencia transcurridos desde entonces me han mostrado que la Psicoterapia Formativa es perfectamente compatible con este tipo de pacientes. En general, hasta el más recalcitrante de los ateos siente gusto al leer textos inspiradores, de personas que con tesón han superado todo tipo de dificultades, o libros psicoeducativos o de automotivación. Son reacios a la vida sacramental, pero sí aceptan algunos tipos de oración y meditación (siempre y cuando no impliquen una congregación o un acto devocional). Y están de acuerdo en realizar obras de caridad, actos de altruismo y todas las conductas que contribuyan a hacer de ellos mejores personas.

Ahora bien, el método científico nos invita a analizar nuestras creencias con rigor, objetividad y racionalidad, y a estar listos a desechar las que no sean sistemáticamente verificables. Del deseo de someter una variable específica del tratamiento de la Psicoterapia Formativa (la oración) al rigor del escrutinio científico nació esta investigación. Quise determinar si la oración en sí misma constituía una ventaja, si no tenía ningún impacto, o si, por el contrario, resultaba perjudicial.

El objeto de este estudio fue entonces aclarar si la oración traía o no consecuencias claramente medibles y constatables a la salud mental de los consultantes diagnosticados con algún trastorno depresivo, o si simplemente se trataba de una intervención neutra (ni benéfica ni deletérea, más bien anexa y potencialmente removible), o si resultaba ser incluso contraproducente (lo cual iría en contra de más de 300 investigaciones publicadas hasta este año, pero resultaría un hallazgo que avalaría la actitud de aquellos psiquiatras que ven con malos ojos o hasta prohíben la oración en sus consultorios y hospitales).

Investigué, en consecuencia, cuál fue el efecto de la oración en los pacientes con algún tipo de trastorno depresivo que consultaron por Psiquiatría en la sede de ambulatorios (Consulta Externa) del hospital psiquiátrico en el cual trabajo, en el año comprendido entre julio de 2020 y julio de 2021

 

Antecedentes

 

Platón fue el primer pensador en abordar lo divino desde una perspectiva sistemática. Señaló que Dios era el Supremo Bien, el culmen y la perfección absoluta de la bondad, la belleza y la justicia. Dicho Dios era un recordatorio de dichos ideales, y una invitación a buscarlos y vivirlos. También consideró que el hombre podría asemejarse a Él en la medida en que desarrollara dichas virtudes (en la medida en que se hiciera más bondadoso, bello y justo). De esta forma, el tener presente al Sumo Bien en sus vidas movería a los seres humanos a desarrollar una vida virtuosa.

Marco Tulio Cicerón entendió la religión como relegere, volver, retornar, recorrer los senderos que dan soluciones y consuelan a los hombres. San Pablo captó que la religiosidad y la conducta debían ser una unidad coherente para que la oración resultara agradable a Dios, y mostró la oración en sus distintas facetas (saludo, petición, súplica, acción de gracias) como uno de los caminos más eficientes para relacionarse con Dios, adquirir alegría y paz espiritual, llevar una existencia armónica, crecer en gracia y actuar conforme al Evangelio.

Lactancio comprendió la religión como religare: una religación, una reconexión con lo trascendente, con lo que va más allá de la realidad material. San Agustín de Hipona logró exponer con absoluta claridad los beneficios tanto personales (introspección, moderación, equilibrio, sabiduría, encuentro con las verdades eternas) como sociales (el triunfo de la bondad y la justicia) de lo religioso, e incentivó la oración como uno de los mecanismos más eficaces para el crecimiento espiritual.

El erudito santo Tomás de Aquino, sintetizando las tradiciones filosóficas y teológicas de numerosos pensadores neoplatónicos (Plotino), cristianos (Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes, san Juan Damasceno, san Gregorio Nacianceno, san Ambrosio de Milán, san Agustín de Hipona, Pedro Abelardo, san Buenaventura), hebreos (Maimónides) y musulmanes (Avicena, Averroes), encontró que la religión incentivaba el cultivo del espíritu, la vida virtuosa y la conducta conducente al mayor bien a nivel individual y colectivo. También describió los efectos positivos de los distintos tipos de oración para el hombre: claridad mental, incremento de las virtudes, mayor entendimiento de las situaciones de la vida, acercamiento a Dios, plenitud y felicidad.

Iniciando la Edad Moderna, grandes místicos escribieron extensamente sobre las bondades y los frutos de la oración. Cabe mencionar a san Juan de Ávila, san Juan de la Cruz, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Ávila, Antonio de Molina, Luis de la Palma, beato Luis de Granada, san Juan de Ribera, Diego de Estella, Luis de la Puente, beato Bartolomé de los Mártires y san Pedro de Alcántara, quienes describieron además los gozos y las delicias experimentados por quienes rezaban y meditaban a menudo.

Personajes famosos por haber sido enfermeros y haber narrado cómo aquellos pacientes asiduos a la oración mejoraban clínicamente, sobrellevaban mejor el dolor crónico y hasta se curaban milagrosamente, fueron san Ignacio de Loyola, san Juan de Dios, santa Catalina de Siena, san Camilo de Lelis, san Martín de Porres y san Pedro Claver. Ellos mismos experimentaron, a pesar de sus quebrantos de salud y gracias a su fervorosa vida espiritual, un vigor, un entusiasmo y una fortaleza extraordinarios para poder socorrer a los dolientes y necesitados que tuvieron a su cargo.

En la época de los grandes pedagogos y fundadores de instituciones educativas (san José de Calasanz, san Juan Bautista de La Salle, san Marcelino Champagnat, san Antonio María Claret, san Juan Bosco), se evidenció que la religiosidad hacía que los jóvenes fueran más reflexivos, organizados, maduros, sociables, solidarios y felices. La oración y la meditación fueron ampliamente usadas en estos colegios, como herramientas para formar personas éticas, felices consigo mismas y dispuestas a ayudar al prójimo.

Con la creación de clínicas especializadas en la atención a pacientes psiquiátricos, numerosos pedagogos, médicos, enfermeros, consejeros y terapeutas encontraron que la religiosidad en general, y la oración en particular, aliviaban enormemente el sufrimiento, optimizaban la adaptación y disminuían las conductas autolesivas. Cabe citar a san Benito Menni, Sandor Ferenczi, Alfred Adler, Maria Montessori y Franz Alexander.   

Eminencias de la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia estudiaron los efectos positivos de la religión en el psiquismo humano. Carl Gustav Jung fue un convencido de la religiosidad como poderoso factor de sanación; animó a sus pacientes a tener una activa vida religiosa y a conectarse con lo mítico y lo sacro; fue un erudito en temas teológicos e introdujo a quienes lo consultaron en prácticas de oración y meditación, así como en la lectura de distintos textos de corte espiritual, tanto de tradiciones cristianas como de otras confesiones. Asimismo, Jung encontró que los íconos religiosos eran símbolos poderosísimos, que hacían emerger experiencias milenarias compartidas (arquetipos del inconsciente colectivo) y permitían a los pacientes acceder a la idea de totalidad y unión de los opuestos, y estimuló la búsqueda de experiencias religiosas como camino hacia la individuación y maduración de la personalidad.

Richard Wilhelm, Jolande Jacobi, Barbara Hannah, Joseph Lewis Henderson, Marie-Louise von Franz y Aniela Jaffé, que se nutrieron de la Psicología Analítica postulada por Jung, también describieron cientos de casos en los que la oración, la meditación, la asistencia a servicios religiosos (oraciones colectivas y sacramentos católicos, cultos protestantes, pujas hinduistas y budistas, ofrendas jainistas) y otros intentos de contacto con Dios y lo sagrado (romerías y peregrinaciones, danzas religiosas, ritos de paso, actos votivos), resultaron benéficos para la salud mental de los pacientes: redujeron sus síntomas, los ayudaron a madurar, les dieron consuelo y fortaleza en los momentos difíciles, fueron ocasión para encontrar su sentido de vida y les permitieron mayores funcionalidad y adaptación al entorno.

Ludwig Wittgenstein, un filósofo que estuvo interesado en temas psicológicos, entendió que la religión le permite al hombre valorar e interpretar lo que considera profundo e importante. Nicholas Wosteltorff, además de lo anterior, postuló que la creencia religiosa es muy útil socialmente, dada su función regulativa: guía a cada quien a formarse una imagen de cómo debería ser el mundo, y a actuar correctamente, en consonancia con dicho ideal.

Otros filósofos que abordaron la fe, la espiritualidad y la trascendencia fueron Jacques Maritain, Max Scheller, Karl Jaspers y Gabriel Marcel. Todos ellos encontraron que la espiritualidad cristiana animaba a llevar una conducta amorosa, solidaria y compasiva, y que el marco religioso promovía la calma y la confianza aún en situaciones extremas. Es más: hallaron que la religión constituía un asidero, un apoyo de valor incalculable, allí donde las fuerzas netamente humanas se veían limitadas o superadas (como en las situaciones límite descritas por Jaspers, en las que se pone en jaque la misma existencia).    

Erik Erikson afirmó que las religiones son fundamentales para el desarrollo de una identidad y una personalidad sanas, puesto que los rituales religiosos marcan el compás de distintos momentos de la existencia (bautismo en la niñez, confirmación en la adolescencia, matrimonio en la adultez, unción de los enfermos en la aceptación de la enfermedad y la preparación para la muerte) y la religión es el vehículo a través del cual su respectiva cultura promueve en el individuo la forja de las virtudes necesarias para cada etapa de la vida.     

Joseph John Campbell ayudó a sus pacientes (y sus numerosos lectores) alentando la religiosidad como oportunidad de autoconocimiento, y describió de qué manera las imágenes religiosas conectaban lo mítico, lo psíquico y lo sacro, y permitían la emergencia de lo que Jung denominaba el arquetipo del héroe. Entretanto, Erich Neumann describió su importancia en el desarrollo personal y la exploración de lo inconsciente conducente al descubrimiento del sí-mismo y la conciencia plena.

Viktor Frankl evidenció que la religiosidad va de la mano con la trascendencia y el sentido de la vida, permite aceptar los golpes de la vida y da fuerzas para continuar adelante. Constató que la religión podía impulsar a todos los hombres a ser mejores personas (pues forjaba en ellos el deseo de ayuda a los demás, la caridad y la solidaridad social) y a construir una existencia más genuina (dando autenticidad y significado).

Elizabeth Kübler-Ross señaló la importancia de las creencias religiosas a la hora de afrontar distintos tipos de duelo (afrontar la muerte de un ser querido, un divorcio, la aparición de una dolencia física grave) y aceptar las enfermedades terminales y la muerte con serenidad, esperanza e incluso alegría. También postuló que la vida espiritual debía ser parte indispensable de los cuidados paliativos.

Posteriormente, varios representantes de la Psicología Transpersonal (Timothy Leary, Stanislav Grof, Ken Wilber, Anthony Sutich) describieron los provechos para la vida psíquica (integración del psiquismo, ampliación de la conciencia, experiencia de lo sacro, estados amplificados de amor, relajación, conocimiento interior profundo) de los distintos tipos de experiencia religiosa.

Más recientemente, el monje benedictino Anselm Grün ha fusionado conceptos junguianos, espiritualidad católica y terapia sistémica, logrando una alta tasa de éxito en cuanto a orientación y consejería psicológica de matrimonios y familias. Grün insiste en la oración, la lectura de la Biblia y el uso de los sacramentos (especialmente Confesión, Comunión y Eucaristía) para el logro de una vida equilibrada y de un completo bienestar corporal, mental y espiritual.

 

Conceptos fundamentales

 

Los trastornos depresivos son un grupo de enfermedades psiquiátricas de origen multifactorial, que afectan especialmente la esfera emocional de la persona. Su semiología, en consecuencia, es rica en síntomas afectivos: tristeza, anhedonia, llanto fácil o incontrolable, labilidad afectiva, sensaciones de fracaso, impotencia, decaimiento, culpa, derrota, malestar o desesperanza, disforia, hipersensibilidad, nostalgia, remordimiento (tanto por lo que se hizo como por lo que se dejó de hacer), ansiedad, dolor (moral, psíquico y hasta físico) e inquietud psicomotora (o, por el contrario, enlentecimiento psicomotor). También hay sintomatología cognitiva (cogniciones negativas, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de fracaso, ideas de desesperanza, ideas de muerte, ideas de suicidio), volitiva (desmotivación, hipobulia, abulia), somática (cefalea, angina, dorsalgia, lumbalgia, prurito, diarrea o estreñimiento, fibromialgia) y relacional (irritabilidad, brusquedad en las respuestas, tendencia al aislamiento, y deterioro en el desempeño familiar, laboral, académico y social), por lo que se puede afirmar que en todo trastorno depresivo se da una afectación global (psíquica, física y espiritual) de la persona.

El diagnóstico de los trastornos depresivos es eminentemente clínico. Se llega a él a través del encuentro con el paciente y la correspondiente entrevista clínica semiestructurada. Hay unos signos y síntomas específicos, como los arriba mencionados, evidenciables en la entrevista psiquiátrica.

El paciente con Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Leve tiene ánimo triste, llanto ocasional, anhedonia, insomnio de conciliación, desánimo, disminución del apetito, ligero enlentecimiento de las funciones cognitivas, debilitamiento del juicio, ideas de minusvalía, bradipsiquia, bradilalia y ligera bradicinesia.

En el Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Moderado se encuentra la tristeza como emoción predominante (a veces en concomitancia con ansiedad), ganas de llorar frecuentes, sensación de vacío, anhedonia, insomnio y sueño fragmentado, hipobulia, hipodinamia, hipersensibilidad e irritabilidad (incluso por asuntos de poca monta), cansancio y falta de energía, falta de apetito, fallas en la atención, problemas para concentrarse, bradipsiquia, deterioro en el juicio y la toma de decisiones, dificultad para razonar correctamente, ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de muerte pasivas, bradilalia, bradicinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave sin Síntomas Psicóticos exhibe una tristeza desesperada, ansiedad marcada, llanto constante (y, con frecuencia, la sensación de sentirse peor después de haber llorado), anhedonia, sensación de vacío y fracaso existencial, insomnio (tanto de conciliación como de reconciliación) y sueño fragmentado, abulia, adinamia, franca disforia, cansancio, anergia, falta de apetito, fallas gruesas en la atención, la concentración y la memoria, bradipsiquia, juicio severamente comprometido por el estado afectivo, raciocinio alterado, toma de decisiones deteriorada, fijación en fracasos del pasado, autorreproches ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de muerte activas, ideas suicidas de estructuración variable (a veces francamente elaboradas), bradicinesia e incluso acinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave con Síntomas Psicóticos suele presentarse con una tristeza y un abatimiento profundos, signos físicos como la omega melancólica, las comisuras labiales hacia abajo o la postura cabizbaja por tener la mirada en el suelo, anhedonia, sensación de vacío y fracaso existencial, insomnio (tanto de conciliación como de reconciliación), abulia, adinamia, anergia, ausencia de apetito, fallas gruesas en la atención, la concentración y la memoria, bradipsiquia, juicio y raciocinio abolidos, estancamiento mental, incapacidad para tomar decisiones, fijación en tropiezos y pérdidas del pasado, vivencia del presente como un fracaso, autorreproches constantes y muchas veces injustos (por lo desmedidos y exagerados), ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de muerte activas, ideas suicidas estructuradas y acinesia. Pueden presentarse alucinaciones egodistónicas e ideas delirantes de corte depresivo.

En el Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Leve se encuentran dos o más episodios depresivos, mostrando el episodio actual ánimo triste, llanto ocasional, anhedonia, insomnio de conciliación, desánimo, disminución del apetito, ligero enlentecimiento de las funciones cognitivas, debilitamiento del juicio, ideas de minusvalía, bradipsiquia, bradilalia y ligera bradicinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Recurrente con Episodio Actual Moderado es un trastorno depresivo recurrente (ya se trata de más de dos episodios depresivos) que está presentando un episodio depresivo actual consistente en ánimo triste, anhedonia, llanto fácilmente provocado y/o frecuente, sensación de vacío, insomnio y sueño fragmentado, hipobulia, hipodinamia, hipersensibilidad e irritabilidad (incluso por asuntos de poca monta), cansancio y falta de energía, falta de apetito, fallas en la atención, problemas para concentrarse, bradipsiquia, deterioro en el juicio y la toma de decisiones, dificultad para razonar correctamente, ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de muerte pasivas, bradilalia y bradicinesia.

Trastorno Depresivo Mayor Recurrente con Episodio Actual Grave es el trastorno depresivo recurrente que está cursando en el momento de la evaluación con ánimo triste, anhedonia, llanto espontáneo y frecuente, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de desesperanza, ideas de muerte, ideas de suicidio, insomnio marcado (usualmente de tipo mixto: tanto de conciliación como de reconciliación), bradipsiquia, bradilalia, bradicinesia, facies francamente depresiva con omega melancólica, astenia, abulia y adinamia. Puede también acompañarse de ideas delirantes, usualmente de corte nihilista o hipocondríaco, alucinaciones egodistónicas y en ocasiones inquietud o agitación psicomotora.

El Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión es aquel trastorno depresivo recurrente adecuadamente controlado, y por lo tanto asintomático al momento de ocurrir la entrevista.  

Otros Trastornos Depresivos Recurrentes es la categoría diagnóstica utilizada para aquellos trastornos depresivos recurrentes que no cumplen con la totalidad de los criterios de los trastornos depresivos recurrentes anteriormente expuestos.  

La Distimia es un trastorno depresivo consistente en tener ánimo triste la mayor parte del día, la mayor parte de los días, durante más de dos años (por lo que lleva al establecimiento de una personalidad neurótica de corte depresivo, con marcado pesimismo y una forma negativa de ver la vida y el mundo).

El Duelo es un trastorno depresivo reactivo, secundario a una pérdida (y, por lo tanto, resulta normal y esperable la mayoría de las veces). Constituye una Reacción de Ajuste. Se habla de Duelo Patológico cuando es de una intensidad, una duración y una presentación clínica desmedidas.

El Trastorno Adaptativo de tipo Depresivo es un trastorno depresivo resultante de un estrés significativamente intenso o prolongado, que aparece dentro de los tres primeros meses de exposición a dicho factor estresante, con elevado malestar subjetivo y deterioro clínico evidenciable en una alteración del desempeño en las esferas personal, conyugal, familiar, laboral y/o social.

La oración, por otra parte, se ha definido como una experiencia privilegiada, en la que se da una conversación amistosa con Dios (un diálogo del hombre con el Creador), la cual consolida la buena relación con Él. Orar es estar en unión con el Señor dentro de las peculiaridades de cada uno (el Todopoderoso que ama a su criatura predilecta, y el ser humano débil pero esperanzado, que gracias a su fe sabe o al menos intuye que será escuchado).

Dentro del Magisterio de la Iglesia se han dado varias definiciones sobre la oración: la petición a Dios de bienes convenientes (san Juan Damasceno), un coloquio al mismo tiempo amistoso y humilde con el Señor (san Gregorio Nacianceno), una oportunidad de acercarse a quien es Todopoderoso (san Juan Crisóstomo), un pensar en Dios con piedad y afecto humilde (san Agustín de Hipona), el piadoso afecto de la mente que piensa en Dios (san Buenaventura), la elevación de la mente a Dios para alabarlo y pedirle las cosas convenientes para la salvación eterna (santo Tomás de Aquino), un encuentro de amor con el Amado (san Juan de la Cruz), un abandono en los brazos de Dios (san Juan Pablo II), una oportunidad para renovar y revigorizar la fe (Benedicto XVI). Ninguna es mejor que otra: todas se complementan entre sí, y enriquecen el concepto de modo innegable.

Es muy ilustrativa la comprensión (nítida y acertada, al mismo tiempo psicológica, antropológica y teológica) que tiene Benedicto XVI sobre la oración. Desde cuando era profesor de Teología, y por supuesto, siendo Cardenal y Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger se centró en la vivencia del hombre orante. Algunos de sus hallazgos han sido estos: a) la oración es un estilo de vida que enseña a escuchar y acatar la palabra y la voluntad del Señor (a confiar en Él y a dejarnos conducir por Él); b) orar es hacer lo que Cristo ha querido enseñarnos: conectarnos con el Padre; c) la oración es un encuentro personal, íntimo y profundo, con un Dios amoroso que siempre está a la espera de poder amar a Su criatura; d) cuando la persona ora, entra en comunión con el Amor pleno, y aprende a amar; e) la oración como encuentro no la podemos circunscribir a una técnica, a un método o a una ceremonia: es la sintonía, en el pensamiento y en la voluntad, entre el ser humano y su Señor; f) orar no puede ser un acto interesado en el que a cambio de cumplir una serie de rituales se puedan esperar ciertos resultados, pues Dios no es manipulable ni comprable, y siempre están en juego la libertad y la gracia; g) rezar es un medio para acrecentar la unión con el Todopoderoso, que fortifica la fe y renueva la esperanza; h) aunque la criatura nunca podrá poseer por entero a su Creador, sí puede participar de la vida del Creador, conocerlo mejor y familiarizarse con Él a través de la oración; i) mediante la oración el corazón del hombre logra deshacerse de las preocupaciones del mundo; j) el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto: busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en todos los momentos de su vida; k) orar con fe y deseo de seguir la voluntad del Todopoderoso impide la degradación del hombre, le permite vivir con la mirada fija en Él, y lo salva de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas; l) rezar es un medio para avivar el deseo de estar cerca de Dios y vivir genuinamente los valores del Evangelio; m) la oración es una escuela de fe, esperanza y caridad; n) el que ora se transforma: le da cada vez más cabida al Señor en su vida, y aprende qué es lo que verdaderamente puede pedirle; o) rezar alivia el sufrimiento, nos alegra y nos hace libres ante la seducción de los falsos ídolos que han encandilado al mundo; p) la oración nos transforma en una permanente confesión de fe; q) cuando oramos asiduamente aprendemos a no anteponer nada al Amor; r) orar es alimentar la vida interior y aumentar la pertenencia al Señor; s) el que reza encuentra sostén en las situaciones difíciles de la vida.

Las finalidades y los tipos de oración pueden abarcarse en estos grupos: adoración, acción de gracias, petición, perdón y ofrecimiento. Todas las religiones presentes en el planeta fomentan al menos una de estas modalidades de contacto con lo sagrado. Las oraciones pueden ser novedosas, espontáneas, improvisadas y producto de la inspiración personal, o antiguas (como el Padre Nuestro, creada por el propio Jesucristo), inspiradas por el Espíritu Santo a los devotos especialmente cercanos a Dios, recitadas con fervor a lo largo de los siglos y constituyentes del tesoro de una tradición que nunca pasa de moda. En el cristianismo original (católico) ambas maneras de rezar son válidas. En el cristianismo ortodoxo, casi totalmente compatible con el catolicismo en cuanto al dogma, también. En las corrientes iniciales del protestantismo (luteranismo, calvinismo, anglicanismo), oraciones como el Padre Nuestro o el Gloria son claramente aceptadas. Dentro de los adeptos de las variopintas sectas derivadas de aquellas, muchos se resisten a las oraciones tradicionales; sin embargo, tan pronto conocen el origen bíblico de ellas, su resistencia cede un poco.

En el contexto colombiano, quienes se definen como creyentes son casi todos cristianos. El cristianismo católico, con 9 de cada 10 personas (90%), es dominante por amplísima mayoría. Y casi la totalidad del 10% restante se divide entre las cada vez más numerosas ofertas del cristianismo protestante. Un pequeño porcentaje se identifica con algunas religiones de Lejano Oriente (especialmente budismo, taoísmo e hinduismo), pero son realmente escasos los colombianos que están oficialmente afiliados a ellas. Pensando en ello, entraron al estudio cuatro oraciones: el Padre Nuestro, el Alma de Cristo, la Coronilla de la Divina Misericordia y el Gloria.

 

Diseño del Estudio

 

Se aprovechó que gracias a la pandemia de Covid 19 y a la creación del servicio de Telepsiquiatría en la institución en la que laboro, la tasa de inasistencias a la Consulta Externa de Psiquiatría se redujo a cero, puesto que todos los pacientes se hicieron abordables a través de una sencilla llamada telefónica.

Lo anterior permitió superar una de las grandes dificultades de antaño en este tipo de investigaciones: el seguimiento de los participantes. Gracias a la Telemedicina, el monitoreo de la evolución de cada consultante se pudo hacer de forma eficiente. Las otrora dificultades logísticas (traslado de sus domicilios hasta la sede de servicios ambulatorios, cancelación de citas debido a eventos inesperados, pérdida de las atenciones por impuntualidad o incumplimiento) y hasta económicas (costos de alimentación y viaje, especialmente para aquellos consultantes que residen en zonas rurales) se superaron, y se pudo hacer un rastreo completo, mes a mes, de todos los pacientes.

Lo anterior resultó ser muy apropiado para llevar a cabo la investigación: del universo estudiado (pacientes que consultaron por Psiquiatría a la sede de Consulta Externa del hospital, entre julio de 2020 y julio de 2021) y la población seleccionada (los pacientes que pidieron cita específicamente conmigo, entre julio de 2020 y julio de 2021), la totalidad de la muestra elegida (los pacientes que quisieron ingresar al estudio, dieron su consentimiento y cumplieron con los criterios de inclusión) tuvo la oportunidad de ser evaluada en todas las consultas agendadas (una cada mes, durante el año estudiado).       

 

Tipo de Estudio

 

Se realizó una investigación cualitativa, con un modelo de estudio descriptivo tipo cohorte, evaluando durante 12 meses la evolución de cada paciente a través de entrevista clínica semiestructurada mensual.

Cada consulta tuvo una duración de treinta minutos, y constó de los siguientes momentos: a) saludo; b) recolección de datos subjetivos (lo referido por el paciente y sus acompañantes) y objetivos (examen mental del consultante); c) confirmación (triangulada con sus acudientes) de que se estuvieran haciendo a diario todas las oraciones evaluadas en el estudio; d) redacción de la nota de control en la Historia Clínica; e) indicaciones, recomendaciones y signos de alarma.

 

Población

 

El Quindío tiene alrededor de 570.000 habitantes; la mayoría son de raza mestiza (57%) y blanca (30%), y el resto de raza mulata (9%), negra (3%) e indígena (1%). Pese a ser el departamento (estado) más pequeño de Colombia, es uno de los más destacados en cuanto a las industrias cafetera y turística. Su capital, Armenia, es junto a Pereira y Manizales uno de los tres puntos cardinales del llamado Eje Cafetero colombiano.

La institución de Salud Mental en la cual trabajo es el principal hospital psiquiátrico de la región; cuenta con cuatro sedes (dos de las cuales están ubicadas en Armenia, y dos en Filandia), ofrece los servicios de consulta externa por psiquiatría, consulta externa por psicología, hospitalización, desintoxicación y rehabilitación de drogodependencias, psicoterapia (individual, de pareja, de familia y de grupo) por psiquiatría y por psicología, hospital día, terapia ocupacional y trabajo social. Fue fundada en 1969 y lidera todos los procesos de atención en psiquiatría y promoción de la salud mental en todos los municipios del Quindío. Desde 2018 atiende alrededor de 4.800 pacientes al año. La sede de Consulta Externa, en la que laboro, está ubicada en la ciudad de Armenia, capital del Quindío, y nos ofrece a los psiquiatras la posibilidad de hacer citas mensuales con cada paciente. Somos un total de 7 médicos psiquiatras los que hacemos parte del equipo terapéutico de dicha sede.

Como psiquiatra de la Consulta Externa de esta institución, atendí entre 8 y 10 pacientes por jornada, durante el año en el que transcurrió la investigación, los días lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y algunos sábados. Durante el tiempo en que transcurrió la investigación (48 semanas) no solicité vacaciones ni me ausenté un solo día (puesto que no salí de casa mientras completaba mi esquema de vacunación contra la Covid 19), por lo que trabajé un total de 1064 horas. En esas 1064 horas atendí una totalidad de 2128 consultas. En esas consultas, llegaron a mí 114 pacientes distintos. De ellos, 88 cumplieron a cabalidad con el consentimiento informado y los criterios de inclusión.

Es decir, este estudio fue un seguimiento juicioso y estricto de 88 personas distintas a lo largo de un año, con una evaluación clínica cada mes, evaluando el impacto de la oración en quienes tenían trastornos depresivos.

 

Criterios de Inclusión

 

Entraron a la investigación los pacientes que tuvieran estas características: a) sólo estar recibiendo citas de Psiquiatría conmigo, y con ningún otro profesional de la Salud Mental (para que no hubiese sesgos ni injerencias dadas por variación en el prestador de servicios de salud mental en los resultados; b) no estar tomando ningún tipo de psicofármaco (para que los resultados clínicos fueran claramente achacables a la intervención investigada, y no a otras intervenciones o tratamientos); c) no estar recibiendo terapia ocupacional (también con el objetivo de que los resultados clínicos fueran claramente derivados de la intervención investigada, y no a otras intervenciones o tratamientos); d) no estar recibiendo ningún tipo de apoyo distinto del realizado en los controles conmigo (con el fin de evitar que otras intervenciones pudieran alterar el resultado); tener más de 18 años (ser mayor de edad en la República de Colombia); f) no tener algún tipo de retraso mental, discapacidad cognitiva o trastorno del desarrollo (condiciones que podrían alterar el curso clínico o los resultados); g) no tener algún tipo de enfermedad psiquiátrica grave como Esquizofrenia, Trastorno mental y del comportamiento secundario a lesión/disfunción cerebral, Demencia, Trastorno de Esquizoafectivo, Trastorno Afectivo Bipolar, y Trastorno mental y del comportamiento secundario a uso de sustancias psicoactivas (condiciones que podrían alterar el curso clínico, los resultados o el seguimiento de cada paciente a lo largo del año de estudio); h) haber asistido a consulta conmigo entre julio de 2020 y julio de 2021; i) haber dado su consentimiento para hacer parte del estudio.

 

Criterios de Exclusión

 

No entraron a la investigación los pacientes que tuvieran estas características: a) tener citas con otros profesionales de la Salud Mental; b) recibir cualquier tipo de psicofármaco; c) recibir cualquier tipo de psicoterapia, por Psiquiatría o por Psicología; d) recibir terapia ocupacional por parte de un profesional; e) tener menos de 18 años (ser menor de edad en la República de Colombia); f) tener algún tipo de retraso mental, discapacidad cognitiva o trastorno del desarrollo; g) tener algún tipo de enfermedad psiquiátrica grave como Esquizofrenia, Trastorno mental y del comportamiento secundario a lesión/disfunción cerebral, Demencia, Trastorno de Esquizoafectivo, Trastorno Afectivo Bipolar, y Trastorno mental y del comportamiento secundario a uso de sustancias psicoactivas.

 

Intervención

 

Los 88 pacientes que quisieron participar en el estudio tenían estas características: a) 61 eran de raza mestiza y 27 de raza blanca; b) todos tenían edades comprendidas entre los 21 y los 59 años; c) eran 39 de sexo masculino y 49 de sexo femenino; d) 6 de ellos pertenecían al estrato socioeconómico 6 (clase alta), 11 al estrato socioeconómico 5 (clase acomodada), 21 al estrato socioeconómico 4 (clase media), 30 al estrato socioeconómico 3 (clase media), 12 al estrato socioeconómico 2 (clase baja) y 8 eran de estrato socioeconómico 2 (población muy vulnerable); e) todos ellos tenían al menos un diagnóstico de trastorno depresivo. En cuanto a la filiación religiosa, 55 eran cristianos católicos, 31 eran cristianos protestantes (de variadas denominaciones), 1 era agnóstico y 1 era ateo.

A los 88 pacientes que quisieron participar en el estudio, dieron su consentimiento y cumplieron con los criterios de inclusión, se les dijo que implementaran estas oraciones todos los días: a) en la mañana, al despertar, el Alma de Cristo; b) a las tres de la tarde, la Coronilla de la Misericordia; c) antes de acostarse a dormir, un Padre Nuestro y un Gloria.

Con dicho esquema se logró el objetivo de no herir susceptibilidades ni violentar la fe de los pacientes que participaron del estudio, pues se eligieron cuatro oraciones antiguas compatibles con todos los subtipos de cristianismo (el Alma de Cristo, el Padre Nuestro, la Coronilla de la Divina Misericordia y el Gloria). Con respecto a las formas tradicionales de oración, se les explicó a todos los pacientes el por qué el Alma de Cristo y la Coronilla de la Divina Misericordia eran claramente cristocéntricas; asimismo, se les señaló el Padre Nuestro como la oración enseñada por Cristo como ejemplo perfecto para acercarse al Padre, y el Gloria como un reconocimiento a las tres Sagradas Personas: Padre, Hijo (Jesucristo) y Espíritu Santo. Al mostrarles el fundamento bíblico de todas las oraciones, la totalidad de los pacientes cristianos no católicos aceptó hacerlas, aunque sin mayor entusiasmo y sin esperar mayor cosa de ellas. El paciente agnóstico y el paciente ateo no le vieron problema a realizarlas, pues dijeron que se habían enrolado en el estudio por curiosidad y estaban completamente abiertos a lo hacer lo que se les indicara.

Curiosamente, buena parte (24 de 55) de los pacientes católicos no conocían ni el Alma de Cristo ni la Coronilla de la Divina Misericordia. Y, por supuesto, ni el paciente agnóstico ni el ateo ni los pertenecientes a las distintas corrientes de cristianismo protestante las conocían. Para subsanar esta situación, se les entregó un modelo impreso con cada una de dichas oraciones.

Fue conveniente monitorear mes a mes la aquiescencia y la adherencia de todos los participantes, asegurándome de que los creyentes no católicos (31 de los 88) o de los no creyentes (2 de los 88) no se fueran a sentir incómodos o molestos en ningún momento de la investigación, por tener que realizar oraciones católicas. También fue útil el monitoreo de que sí estuvieran haciendo la totalidad de las oraciones a lo largo del día, todas las semanas: para ello los estuve telefoneando o contactando por redes sociales cada fin de semana, además del respectivo control realizado en la cita mensual de Consulta Externa por Psiquiatría en la modalidad de Telemedicina.

El hecho de que 33 de los 88 enrolados en el estudio hicieran oraciones tradicionales del catolicismo sin pertenecer a dicha confesión religiosa resultó ser interesante para la investigación, puesto que permitió escudriñar si la oración en sí misma era útil para los pacientes con trastornos depresivos, aún sin el respaldo afectivo, sin la congruencia ideológica y sin la sugestión como motores de mejoría sintomática.  

 

Resultados

 

De los 88 pacientes que participaron en el estudio, 86 evidenciaron una ostensible mejoría clínica, tanto a nivel subjetivo como a nivel objetivo (entrevista clínica semiestructurada); dentro de ellos estuvieron el paciente agnóstico y el paciente ateo.

Sólo 2 de los participantes manifestaron que no observaron una mejoría sustancial, pero tampoco exacerbación o recrudecimiento de sus síntomas. Expresaron que lograron sentirse mejor, más esperanzados, y que definitivamente, la oración alejó las ideas tanáticas pasivas (el quererse morir, pero no por suicidio sino presentando una muerte repentina, preferiblemente al dormir). Se trató de dos pacientes femeninas, de 56 y 58 años de edad, de confesión cristiana católica, que presentaban múltiples estresores psicosociales concomitantes con su cuadro clínico.

Ningún paciente señaló un retroceso clínico o empeoramiento de su sintomatología con la intervención estudiada (oración).

Todos los pacientes manifestaron que el rezar los hizo sentir mejor, más calmados y serenos.

En sólo dos de los participantes no cambió el diagnóstico, porque no se redujeron ostensiblemente los síntomas tras un año de intervención (oración). En todos los demás, se vio un cambio clínico tan notorio que se vio un descenso en la severidad de la categorización nosográfica: 56 de los 88 pacientes pasaron de tener Episodio Depresivo Moderado a Episodio Depresivo Leve al mes de la intervención, y se curaron por completo y no recayeron al cabo de los 12 meses que duró la pesquisa; 23 de los 88 pacientes dejaron de tener criterios diagnósticos compatibles Distimia al terminar el año en el que transcurrió el estudio (se hará seguimiento en el 2022, para confirmar que definitivamente cesó) y 9 pasaron de la categoría Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Moderado a ser personas con Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión, al mes de empezar la intervención, y no volvieron a salir de dicho diagnóstico.

Como dato curioso, al terminar el estudio y analizar sus experiencias, el paciente agnóstico y el paciente ateo se convirtieron en creyentes: el primero se hizo bautista como su hermano mayor, y el otro retomó el catolicismo en el que fue criado en su niñez.

 

Conclusiones

 

1. En esta investigación, se encontró que la oración es útil para disminuir ostensiblemente la sintomatología depresiva en la casi totalidad de los pacientes estudiados.

2. Este estudio evidenció que la oración aumenta la autoestima y hace sentir muy bien a la casi totalidad de los pacientes estudiados.

3. Esta pesquisa mostró que la oración disminuye la severidad del cuadro clínico en los distintos trastornos depresivos.

4. En línea con lo anterior (disminución de la sintomatología depresiva, aumento de la autoestima, sensación de bienestar, disminución de la severidad del cuadro clínico), es también posible que la oración disminuya la posibilidad de que las personas que tengan algún trastorno depresivo cometan suicidio. Sin embargo, se requiere de un ulterior estudio con una muestra más grande y con población más comprometida a nivel clínico (con trastornos depresivos graves y con ideación suicida activa) para constatar esta hipótesis.

5. Este trabajo constató algo que muchos eminentes psiquiatras, psicólogos y psicoterapeutas ya habían conceptualizado y postulado a nivel teórico en años anteriores: que la oración es un factor decisivo para optimizar la salud mental y la calidad de vida.

4. Esta investigación corroboró lo que otras investigaciones similares habían encontrado: rezar es, en líneas generales, un hábito benéfico para la salud.

5. Esta exploración demostró que los efectos benéficos de la oración son independientes de las creencias religiosas o la filiación religiosa del paciente.

6. Resultó interesante que aún los pacientes agnósticos o ateos puedan sacar provecho de la oración, al menos en términos de reducción de la severidad de los síntomas depresivos. Deberán realizarse estudios posteriores, con muestras mayores, para esclarecer este fenómeno.

7. La oración demostró ser un factor positivo y saludable en la población estudiada (asistentes a la consulta externa de Psiquiatría conmigo, en la institución pública en la que laboro, en los meses comprendidos entre julio de 2020 y julio de 2021, que cumplieran con los criterios de inclusión). Aunque por el diseño del estudio los resultados pueden ser extrapolables (pues los criterios de inclusión y de exclusión para el estudio permitieron realizar una observación bastante depurada y específica del impacto de la variable estudiada en la salud mental de los pacientes que participaron), será muy interesante realizar otros estudios similares en otros sectores poblacionales (no en pacientes, así en este trabajo se tratase de pacientes sin medicación psiquiátrica ni trastornos psiquiátricos graves), para observar el impacto de dicha intervención (la oración diaria y constante) en la salud mental de la población general.

 

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David Alberto Campos Vargas

Médico cirujano, Pontificia Universidad Javeriana

Especialista en Psiquiatría, Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo, Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra, Pontificia Universidad Católica de Chile

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Filósofo, Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo, Obispado Castrense de Colombia

Profesor, Universidad del Quindío


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2021) Impacto clínico de la oración en pacientes con trastornos depresivos que asistieron a la consulta externa de una institución pública del Quindío entre julio de 2020 y julio de 2021. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, noviembre de 2021.


martes, 19 de octubre de 2021

PLENITUD EXISTENCIAL Y PSICOTERAPIA FORMATIVA, por David Alberto Campos Vargas


PLENITUD EXISTENCIAL Y PSICOTERAPIA FORMATIVA


David Alberto Campos Vargas, MD*


1


La plenitud existencial es el objetivo principal de la Psicoterapia Formativa. Hacia ella apuntan todos los demás objetivos en este modelo psicoterapéutico: la apertura a lo sagrado y trascendente, la formación de una personalidad bien integrada y ecualizada, la redefinición de las percepciones y los conceptos sobre la totalidad de las cosas, la incorporación de aprendizajes significativos, la praxis filosófica, la mejoría en las relaciones, la conjunción armónica de todas las dimensiones del psiquismo, el uso de diversas maniobras para potenciar el coeficiente emocional, el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu, la construcción de una cosmovisión nueva, la forja de un psiquismo creativo y vigoroso, la mejoría de las distintas habilidades intrapersonales e interpersonales, el uso de la filosofía y de la fe, la optimización del funcionamiento psíquico, el fortalecimiento de los valores y las actitudes coherentes con la bondad, la verdad y la justicia, el crecimiento en el amor hacia sí mismos y hacia los demás, la realización personal, el logro de la felicidad auténtica y el desarrollo de las diversas potencialidades de cada paciente son, en últimas, escalones conducentes hacia la vida plena.

El enfoque formativo de este modelo psicoterapéutico puede verse en varios aspectos; tal vez el principal sea el máximo desarrollo de la persona: la oportunidad de planearse, construirse, edificarse, completarse, perfeccionarse y madurar. Es decir: formarse, de tal modo que la existencia valga realmente la pena. Y esto en ambos miembros de la diada terapéutica, porque en la psicoterapia formativa se construyen, se edifican, se completan, se perfeccionan y maduran tanto el terapeuta como el paciente (o la pareja, la familia o el grupo, si se trata, respectivamente, de psicoterapia de pareja, de familia o de grupo).

El paciente y el psicoterapeuta formativo están caminados a la plenitud de la existencia, porque miran alto y quieren llegar lejos. Creen en que pueden convertir sus sueños en realidad. Asumen que sí se pueden lograr la felicidad y la realización personales. Y, gracias a la fuerza y la confianza que se despliegan al tener el gozo de caminar por la vida de la mano del Señor, consultante y tratante saben que se puede tener plenitud. Consideran válida, fecunda y deseable la consecución de una existencia plena.

En términos prácticos, la plenitud existencial se podría entender como la sumatoria de la felicidad y la realización personal. La felicidad es el sentimiento de dicha, gozo y satisfacción por el hecho de ser y estar en el mundo, sin que importen variables externas como la aprobación de los demás, el reconocimiento social, el dinero que se gane, los títulos que se ostenten o la posición de poder que se obtenga. La realización personal es la satisfacción de haber alcanzado las metas y de haber gratificado los deseos derivados de las motivaciones propias, en un marco moralmente bueno de crecimiento y madurez (no hay autorrealización si sólo se obtienen resultados, pero no se forman una personalidad y un carácter realmente bondadosos).  

La vida plena es una vida de gozo, disfrute, bienestar, autoaceptación y sensación de logro, obtenida éticamente. Como el hombre está llamado a ser feliz y a realizarse como persona, es un hecho que todos los seres humanos tenemos el derecho y el deber de alcanzar la plenitud de nuestra existencia. Podemos alcanzar la ventura y el agrado de conseguir lo que anhelamos actuando en coherencia con los valores universales (amor, bondad, honradez, paz, verdad, justicia, responsabilidad y solidaridad).   


2


Las dimensiones de la felicidad son la formación completa, la integración armónica del psiquismo, la maduración, los logros en el ciclo vital y la salud mental. 

Formarse integralmente es construirse de forma continua y permanente y lograr la mayor calidad posible en cada uno de los aspectos del psiquismo. Integrarse armónicamente es equilibrar, de forma organizada, eficiente y benéfica, todos los estratos (conscientes, preconscientes e inconscientes), ámbitos (cognición, afecto, volición, inteligencia, temperamento, carácter, procesos mentales) y funciones de la mente. La maduración es la sana adquisición de capacidades y habilidades psicológicas que permiten alcanzar más fácil la dicha y favorecen la supervivencia (como sostener la atención y el esfuerzo, decidir rápida e inteligentemente en aras de salvar la vida, preservar el desempeño físico y mental, pensar y razonar con claridad, dominarse, juzgar la realidad atinadamente, resistir a las sugestiones e influencias exteriores potencialmente nocivas, recordar información relevante, vencer los propios temores, gestionar las propias emociones, evitar hábitos perjudiciales, proceder con calma y prudencia, adaptarse a los cambios, manejar los impulsos, perseverar y mantener la motivación a pesar de los obstáculos, sentir autoconfianza y tener en cuenta el valor propio). Los logros en el ciclo vital son los descritos por Erikson para cada etapa de la vida (confianza, autonomía, iniciativa, laboriosidad, identidad, intimidad, generatividad, integridad), a los que me gusta añadir el empoderamiento del adulto joven, justo antes de conseguir su generatividad. Y la salud mental es la concatenación armónica de bienestar emocional, psicológico, social, afectivo y espiritual que permite afrontar las vicisitudes del ser-en-el-mundo con fe, optimismo, eficiencia, lucidez, integridad, alegría, resiliencia, constancia, sabiduría y entusiasmo.

La Psicoterapia Formativa, en la medida en que está orientada a la plenitud existencial (tanto del paciente como del terapeuta), apunta a sus dos componentes: la realización personal y la felicidad (compuesta, a su vez, por la formación integral, integración armónica de los aspectos inconscientes, preconscientes y conscientes del psiquismo, la maduración, los logros en el ciclo vital y la salud mental).


3


La salud mental no solamente radica en la ausencia de enfermedad psiquiátrica. De hecho, el mundo está lleno de personas francamente trastornadas que no tienen un diagnóstico psiquiátrico específico (en buena medida, porque les genera pavor el simple hecho de consultar al especialista que podría evidenciar sus aspectos disfuncionales). Y también es evidente que no todas las relaciones, cogniciones o conductas insanas están catalogadas en ningún manual diagnóstico. Ser mentalmente saludable es sentirse y estar realmente bien, así como realizar, concretar y construir todo lo que las capacidades, las aspiraciones, los valores y los talentos propios permitan posibilitar en la realidad objetiva. 

Muchas personas mentalmente enfermas no van al psiquiatra, ni toman medicación psiquiátrica ni están en tratamiento psicoterapéutico, y se la pasan causando estragos en ellas y en los demás; en cambio, he conocido muchos pacientes psiquiátricos mentalmente muy saludables. Es más: podría afirmarse, sin vacilación, que quienes asisten a psicoterapia tienen más salud mental que los que no. También podría decirse que los que van con regularidad al psiquiatra y tienen algún tipo de tratamiento psiquiátrico (psicoterapéutico, psicofarmacológico o de otro tipo), así tengan un diagnóstico encima, suelen tener más salud mental que aquellos que nunca han ido. 

Salud mental no es, en últimas, “no haber pisado nunca el consultorio de un psiquiatra”, sino lograr ser una persona inteligente y madura, capaz de gestionar y sacar el máximo provecho de sus emociones, relaciones, cogniciones y decisiones.


4


Todos los seres humanos merecemos tener una vida plena.  Dios quiere que tengamos plenitud. Estamos diseñados para ella. Nuestro organismo propende a ella. Así como la felicidad es un legítimo derecho (y no sólo su búsqueda, como han defendido quienes solapadamente asumen que las desigualdades, las discriminaciones y otros tipos de injusticia social son inevitables), lo es también la plenitud de la existencia. Es bueno, deseable, justo, necesario y además alcanzable el objetivo de que todos los seres humanos podamos vivir una vida de calidad, digna de ser vivida. De esa premisa parte la Psicoterapia Formativa.

El interrogante sobre cómo llevar una vida de plenitud no es ninguna novedad. Desde Platón y Aristóteles gran cantidad de filósofos, sociólogos, médicos psiquiatras, psicólogos y psicoterapeutas han hecho sus propuestas. Como lo he mencionado en otros textos, creo que no conviene atrincherarse en una posición, una teoría o una visión de la vida en particular. Lo más sabio es prudente aprender y aplicar todo aquello que pueda resultar beneficioso para el paciente y el terapeuta. No hay un solo modelo de psicoterapia que pueda ufanarse de ser perfecto o infalible. Incluso la Psicoterapia Formativa, pese a su mirada transdisciplinaria y su intención holística e integradora, tiene también sus limitaciones, y no todos los escenarios son óptimos para ejercerla (por ejemplo, no se puede usar con pacientes con demencia avanzada o discapacidad cognitiva severa).

Hasta el momento, he evidenciado que estas variables nos permiten vivir en plenitud: 1) tener fe en un Dios amoroso y omnipotente que nos acompaña, nos protege, nos guía y está listo a socorrernos; 2) darnos el gusto de un contacto constante y estrecho con la Naturaleza; 3) llevar una vida religiosa (vida de relación con Dios) activa y genuina; 4) ser agradecidos; 5) realizar actividad física permanente; 6) lograr una relación conyugal satisfactoria, enriquecedora y estable; 7) alcanzar un buen nivel de versatilidad y flexibilidad cognitiva; 8) confiar en nosotros mismos; 9) lograr el mayor autoconocimiento posible; 10) alcanzar una constante serenidad de espíritu; 11) tener determinación y coraje para transformar las cosas que se pueden cambiar; 12) aceptar radicalmente lo que no puede ser cambiado (porque ya pasó o porque no está en nuestras manos modificarlo);  13) ser capaces de autodirigirnos y decidir con autonomía; 14) aprender de todos los hechos de la vida; 15) gestionar nuestras emociones; 16) darnos actividad recreativa y lúdica frecuentemente; 17) disponer a diario de espacios para la creación (actividades como escribir, dibujar, componer, diseñar, diagramar, colorear, programar, coser, esculpir, cocinar, decorar, crear coreografías, fotografiar, filmar, entre muchas otras); 18) impulsarnos a alcanzar metas significativas y agradables; 19) tener una vivienda digna, bonita y confortable; 20) diseñar planes, objetivos y metas que no dependan de los otros, sino del propio esfuerzo; 21) sentir que esos planes, objetivos y metas se van haciendo realidad; 22) consumir alimentos sabrosos y saludables; 23)  disfrutar de todos los placeres de la vida (incluso los que la sociedad materialista y mercantilista considera “pequeños”); 24) poder amar sinceramente; 25) dar prioridad a lo que llene el alma y satisfaga las aspiraciones más profundas; 26) ayudar a los demás; 27) valorarnos y estimarnos independientemente de la opinión o la calificación externa; 28) alegrarnos por cada triunfo (sea “grande” o “pequeño”); 29) pasar tiempo de calidad con la pareja, la familia y los amigos; 30) trabajar en lo que genere más felicidad y satisfacción vital; 31) reconocernos todos los logros, cualidades y buenas acciones; 32) poder ser originales e innovadores en las cosas que emprendamos; 33) tener el apoyo de personas incondicionales; 34) saber pedir ayuda cada vez que sea necesario; 34) sentirnos bien con nuestro desempeño intelectual, emocional, físico y conductual, independientemente de las expectativas ajenas; 35) dormir bien; 36) comunicarnos con asertividad, amabilidad y respeto; 37) sentir que vivimos en una comunidad segura, próspera y estable, en la que las libertades, la propiedad y todos nuestros demás derechos están garantizados; 38) sentirnos útiles, capaces y eficientes; 39) reírnos a menudo y tener buen sentido del humor; 40) perdonar y olvidar rápidamente aquello que hayamos vivido como una afrenta, un insulto o una agresión; 41) poder entretenernos y sentirnos a gusto con facilidad; 42) soportar estar solos con tranquilidad; 43) amarnos y alegrarnos por ser tal como somos; 44) aceptar los procesos de envejecimiento, enfermedad y acercamiento a la muerte; 45) conocer y comprender la condición humana; 46) tener misericordia; 47) encajar los golpes de la vida con entereza y sosiego, sabiendo que las dificultades son transitorias y que tarde o temprano tendrán resolución; 48) rechazar todo lo que sea violento o desesperanzador; 49) rodearnos de personas honestas, responsables, fieles, trabajadoras y ecuánimes, tanto en la vida pública como en la vida privada (tanto en el ámbito laboral como en el hogar); 50) alejarnos de quienes son dados a intrigas, maledicencias, burlas, trampas, discusiones y peleas; 51) tener una vida sexual satisfactoria; 52) aprovechar inteligentemente los recursos (materiales e inmateriales) disponibles; 53) sacar tiempo para el descanso, varias veces al día; 54) aprender a diferenciar entre dolor y sufrimiento, y sufrir lo menos posible; 55) alejarnos de toda sustancia tóxica o deletérea, así sea legal (como el tabaco o el alcohol); 56) aceptarnos y entendernos, con todas nuestras luces y sombras; 57) atrevernos a volar alto y a intentar conseguir lo que consideramos benéfico, provechoso y edificante (que no nos quede luego el arrepentimiento de no haberlo intentado); 58) tener un trabajo agradable y bien remunerado que no nos ocupe más de 1/3 de nuestro tiempo de vigilia; 59) poder elaborar conflictos y sanar heridas del pasado; 60) darnos el gusto de corregir nuestros propios errores, mejorar como personas y perfeccionarnos; 61) centrarnos en cómo sacar partido de lo que hacemos mejor, en vez de enfocarnos exclusivamente en nuestros déficits.


 


El nombre que escogí para mi modelo terapéutico es el que consideré más atinado para describirlo, tanto en su conceptualización como en su método y su finalidad. Si alguien me pidiera una definición de la Psicoterapia Formativa, le diría que es un estilo de psicoterapia que busca la formación de buenas personas en todos sus participantes (psicoterapeuta, paciente, pareja, familia, grupo) con el objetivo de hacerlos seres realizados y felices, es decir, hombres y mujeres existencialmente plenos.  

Entiendo por formación la estructuración equilibrada del ser. De ahí que la personalidad, la identidad, la libertad y el logro de la autonomía sean tópicos nucleares de mi método. Estoy convencido de que forjando identidades y personalidades sanas, ecualizadas, bondadosas y funcionales se logra la meta de formar personas completas, integrales, orientadas al mejoramiento continuo. Y parto de la base de que el proceso psicoterapéutico beneficia a ambos miembros de la diada terapéutica: si el proceso es exitoso, tanto el paciente (o la pareja, o la familia, o el grupo, según sea el escenario) como el psicoterapeuta serán cada vez más amorosos, responsables, honestos, virtuosos, creativos, espontáneos, seguros de sí mismos, solidarios y encaminados a la plenitud. 

Creo también que la formación integral permite el ensamblaje coherente y estable de todas esferas del psiquismo: el desarrollo todas y cada una de las dimensiones del ser humano (ética, mental, espiritual, cognitiva, afectiva, simbólica, comunicativa, estética, lingüística, biológica, social, cultural, sexual, artística, cinestésica-sensorial, intrapersonal, interpersonal, ecológica) de forma armoniosa, organizada y útil.

Gracias a dicha formación integral se alcanza la aspiración de totalidad y completitud que está presente en la inmensa mayoría de los seres humanos, y se posibilitan, junto con las condiciones anteriormente mencionadas, la integración de los distintos aspectos (inconscientes, preconscientes, conscientes) de la personalidad, la maduración, los logros en el ciclo vital y la salud mental. Es decir, se facilitan distintos escenarios compatibles con la felicidad y, en consecuencia, con la plenitud existencial.

Obviamente, la idea que cada persona tiene sobre ser feliz y realizarse, la visión que cada ser humano tiene sobre vivir en plenitud es única. No hay un solo cerebro (ni una sola mente, ni un solo espíritu) 100% idéntico a otro; por lo tanto, es de esperarse que cada individuo tenga su propia versión de vida plena. El psicoterapeuta formativo ha de respetar esas singularidades. Los elementos universales (relativos al equilibrio psíquico, la ecualización, la madurez, la adquisición de los logros correspondientes dentro del ciclo vital, la salud mental) son perfectamente compatibles con los elementos individuales (lo que cada quien necesite para sentirse realizado y pleno).

¿Cómo se logra la formación en la Psicoterapia Formativa? Gracias a la sinergia paciente-terapeuta (el proceso de crecimiento/mejoramiento vivido por ambos), la alianza terapéutica (el compromiso a apoyarse y complementarse, con miras a lograr los objetivos tanto generales como individuales), los momentos de enseñanza y aprendizaje vividos y consolidados en todos los procesos pedagógicos (el psicoterapéutico, el educativo formal-institucional y el educativo no formal-familiar-social, en la inmersión en la cultura, y en todas las relaciones que el hombre establece a lo largo de su existencia).  

¿Qué se pretende con dicha formación? La construcción de una persona humana integral, triunfadora, coherente, completa, cálida, genuina, amorosa, eficiente, auténtica, espontánea, capaz de gestionar sus emociones y sus relaciones, fecunda, capaz de aceptar y abrazar todas las vivencias de manera creativa y funcional, saludable, alegremente productiva, llena de capacidades y habilidades conducentes a la felicidad (y, por ende, a la plenitud).


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Con respecto a la maduración, hay que tener en cuenta que el concepto abarca mucho más que el crecimiento orgánico o corporal. Es el logro del desarrollo total, de la mejor versión de nosotros mismos en cada momento de la vida. Y no hay que esperar a ser ancianos. De hecho, envejecimiento y madurez no van necesariamente juntos. He visto gente francamente vieja, por no decir decrépita, sumamente inmadura. Y personas muy jóvenes, a veces púberes, sorprendentemente maduras.

Podemos ser maduros en cada etapa de la vida (niñez, adolescencia, juventud, adultez y ancianidad), en la medida que: a) seamos pacientes; b) guiemos nuestros actos por el principio de realidad y no por el principio de placer; c) toleremos las frustraciones del día a día, manteniendo la motivación y la esperanza; d) logremos diferir pequeñas gratificaciones inmediatas o de corto plazo, en aras de conseguir gratificaciones mayores a largo plazo; e) mantengamos la lucidez y el juicio crítico en todos los momentos de la vida; f) sepamos alejarnos de las malas compañías (individuos o grupos que promuevan nuestras conductas o tendencias autodestructivas, perversas o sociopáticas); g) podamos discernir con claridad; h) preveamos las consecuencias de nuestras cogniciones y conductas; i) elijamos las opciones más inteligentes, prácticas y virtuosas en las diversas encrucijadas que enfrentemos; j) seamos cada vez más prudentes y sabios a la hora de tomar decisiones; k) asumamos la plena responsabilidad de nuestra vida (y, en consecuencia, de nuestros pensamientos, emociones y actos); l) aprendamos a reaccionar de manera ecuánime y mesurada; m) conozcamos nuestros límites y calculemos razonablemente qué, cómo, cuándo y en qué medida podemos lanzarnos a realizar una acción (sin arriesgarnos estúpidamente, pero sin estancarnos en una actitud pusilánime y derrotista); n) seamos resistentes, resilientes y optimistas, aún en medio de las mayores adversidades; ñ) aprendamos a aprender de todas las personas y de todos los acontecimientos de la existencia; o) mantengamos nuestra individualidad, nuestra fibra moral y nuestra autonomía, sin dejarnos chantajear, manipular o desdibujar por ningún tipo de presión externa; p) actuemos responsable y coherentemente (atendiendo a nuestros principios y valores); q) tengamos una capacidad de esfuerzo y una fuerza de voluntad suficientemente bien desarrolladas; r) entendamos que los demás no están para satisfacer nuestras expectativas, y que nosotros no estamos para satisfacer las expectativas de los demás; s) respetemos y nos hagamos respetar con asertividad y gentileza; t) aprendamos a escuchar y extraer las lecciones, enseñanzas y moralejas de la experiencia ajena (incluyendo la consignada en los libros de Historia); u) hagamos de nuestras experiencias dolorosas una oportunidad para fortalecernos y crecer emocionalmente, en lugar de amargarnos, traumatizarnos o endurecernos. 

La maduración y la formación van juntas, tomadas de la mano, a la hora de lograr la felicidad y la anhelada plenitud. Por eso a veces sus metas se traslapan y complementan. Entretanto, los logros en el ciclo vital fueron en buena medida establecidos por uno de los gigantes de la Psicología: Erik Erikson (1902-1994): confianza, autonomía, iniciativa, laboriosidad, responsabilidad, generatividad e integración. Pero ahí no se queda todo. Como señalé arriba, me gusta añadir a la lista de Erikson el logro del empoderamiento del adulto joven: el que se pueda abrir camino en el mundo social y laboral como un protagonista, con una filosofía y un estilo de vida, unas creencias políticas y religiosas claras (no sujetas a modas ni presiones de grupo) y una cosmovisión bien definida (y al mismo tiempo flexible, abierta a los cambios que impliquen mejoría). 


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Para redondear estas miradas a la existencia plena, vale la pena hablar también de la realización personal. La Psicoterapia Formativa la entiende como la satisfacción de haber conseguido aquello a lo que se aspiraba: una vida digna, coherente con los valores y las metas que se han trazado dentro del proyecto de vida, en la que se puede decir que hacemos lo que estábamos llamados a hacer. 

El elemento vocacional es fundamental. Una persona realizada es aquella que supo qué quería y en ese orden de ideas se preparó y bregó para alcanzarlo, y que, una vez ganando, supo conservarlo. Se quiso hacer y se hizo. Y la realización incluye también la sensación de satisfacción (y el sano orgullo derivado) por haber alcanzado aquello que se anhelaba.

Algunos teóricos se han centrado tanto en la felicidad que se han olvidado de la autorrealización. Y ambas son indispensables para hablar de plenitud. Esto explicaría el hecho, tan frecuente en la práctica clínica, de que existan personas que pueden ser felices sin llegar a realizarse plenamente, y que haya otras que logran realizar sus sueños y, sin embargo, no alcanzan la felicidad.   

La realización da respuesta a los interrogantes por el sentido de la vida, multiplica las ganas de seguir asumiendo retos y responsabilidades, da valor a la existencia y permite evolucionar y crecer. Es vital para el ser humano, ya que va de la mano tanto con la pulsión erótica como con la pulsión tanática y el instinto de supervivencia, y resulta ser una de las fuerzas impulsoras y motivadoras más poderosas.

La idea es que tanto el paciente (la pareja/la familia/el grupo) como el psicoterapeuta formativo sean felices y realizados, para que sean plenos. Y que irradien, dondequiera que vayan, esa plenitud. Podrán inspirar a muchas otras personas. Este es un mundo que necesita muchísima más gente plena.



Referencias


Acosta Vera, J.M. (2006). Marketing personal: el camino al éxito. Madrid: ESIC Editorial.

Acosta Vera, J.M. (2015). Inteligencia emocional. Madrid: ESIC Editorial.

Bradberry, T. y Greaves, J. (2009). Inteligencia emocional 2.0. Cota: Penguin Random House.

Erikson, E. (2000). El ciclo vital completado. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. 

Erikson, E. (1983). Infancia y sociedad. Buenos Aires: Horme-Paidós.

Erikson, E. (1974). Identidad, Juventud y Crisis. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Erikson, E. (1972). Sociedad y Adolescencia. Buenos Aires: Editorial Paidós. 

Goleman, D. (2018). Inteligencia emocional en la empresa. Cota: Penguin Random House.

Seligman, M. (2018). El circuito de la esperanza. Barcelona: Ediciones B.

Seligman, M. (2021). La auténtica felicidad. Barcelona: Ediciones B.

Warner, J. (2015). Inteligencia emocional. Perfil de competencias. Madrid: Ramón Areces.


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David Alberto Campos Vargas 

Médico y Cirujano, Pontificia Universidad Javeriana

Especialista en Psiquiatría, Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo, Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra, Universidad Católica de Chile

Filósofo, Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo, Obispado Castrense de Colombia


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2021) Plenitud Existencial y Psicoterapia Formativa. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, octubre de 2021.


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