domingo, 29 de enero de 2023

IMPACTO CLÍNICO DE LA ORACIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS DEPRESIVOS, MEDIDO ENTRE JUNIO Y DICIEMBRE DE 2022 EN DOS INSTITUCIONES HOSPITALARIAS DEL QUINDÍO, por David Alberto Campos Vargas, Ana Ximena Murillo Mosquera y Maria Camila Aristizábal Urina

 

IMPACTO CLÍNICO DE LA ORACIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS DEPRESIVOS, MEDIDO ENTRE JUNIO Y DICIEMBRE DE 2022 EN DOS INSTITUCIONES HOSPITALARIAS DEL QUINDÍO

 

David Alberto Campos Vargas*, Ana Ximena Murillo Mosquera**, Maria Camila Aristizábal Urina***

 

 

Resumen

 

La Psicoterapia Formativa tiene uno de sus fundamentos en la vida religiosa, entendida como relación con Dios, como conexión con lo sagrado y lo trascendente, y hecha realidad concreta en una vida espiritual encaminada a la plenitud, la formación de una personalidad armónica y la configuración de una conducta sana, amorosa y adaptativa. Uno de los aspectos clave de esta religiosidad y esta religación con lo sublime y lo divino es la oración. La Psicoterapia Formativa, al potenciar la espiritualidad y fomentar el crecimiento en todas las dimensiones humanas, favorece la felicidad y la realización existenciales, y con ello, configura una vida de plenitud.

Los pacientes que tienen algún padecimiento psiquiátrico de tipo depresivo, es decir, que cumplen con los criterios diagnósticos de alguno de los trastornos depresivos definidos como entidades nosográficas (Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Leve, Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Moderado, Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave Sin Síntomas Psicóticos, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Leve, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Moderado, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Grave, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión Parcial, Otros Trastornos Depresivos Recurrentes, Distimia, Duelo, Trastorno Adaptativo de tipo Depresivo), se benefician de orar a diario dentro de su tratamiento. La oración les permite tener una relación con Dios activa y eficiente, los acerca a lo sacro y favorece la plenitud existencial; asimismo, rezar disminuye la intensidad de sus síntomas depresivos, mejora la autoestima, incrementa la esperanza, serena el ánimo, infunde confianza en que las cosas mejorarán en un futuro, amortigua la severidad de los síntomas depresivos, hace que se logre la remisión clínica en menos tiempo y aumenta la sensación de bienestar y calma en los pacientes.

Estos hallazgos aportan nueva evidencia que respalda uno de los ejes conceptuales de la Psicoterapia Formativa: la vida religiosa como uno de las dimensiones conducentes a la plenitud existencial, la realización personal, la felicidad, la integración y la ecualización del psiquismo, la reestructuración de la personalidad, la optimización del desempeño en todas las dimensiones de la vida y la redefinición de la forma de ser en el mundo.

 

Palabras clave: Oración, Trastornos Depresivos, Salud Mental, Bienestar, Esperanza, Optimismo, Autoestima, Calidad de Vida, Psicoterapia, Psiquiatría, Psicoterapia Formativa.

 

Abstract

 

Formative Psychotherapy has one of its foundations in religious life, understood as a relationship with God, as a connection with the sacred and the transcendent, and made a concrete reality in a spiritual life aimed at fulfillment, the formation of a harmonious personality and the configuration of a healthy, loving and adaptive behavior. One of the key aspects of this religiosity and this reconnection with the sublime and the divine is prayer. Formative Psychotherapy, by enhancing spirituality and promoting growth in all human dimensions, favors happiness and existential fulfillment, and with this, shapes a life of plenitude.

Patients who have the diagnostic criteria for any of the depressive disorders, they benefit from praying daily within their treatment. Prayer allows them to have an active and efficient relationship with God, brings them closer to the sacred and favors existential plenitude; likewise, praying decreases the intensity of your depressive symptoms, improves self-esteem, increases hope, calms your spirits, instills confidence that things will improve in the future, softens the severity of depressive symptoms, and leads to clinical remission in less time and increases the feeling of well-being and calm in patients.

These findings provide new evidence that supports one of the conceptual axes of Formative Psychotherapy: religious life as one of the dimensions leading to existential plenitude, personal fulfillment, happiness, integration and equalization of the psyche, restructuring of the personality, the optimization of performance in all dimensions of life and the redefinition of the way of being in the world.

 

Keywords: Prayer, Depressive Disorders, Mental Health, Well-being, Hope, Optimism, Self-esteem, Quality of Life, Psychotherapy, Psychiatry, Formative Psychotherapy.

 

 

Introducción

 

Para la Psicoterapia Formativa, la buena vida religiosa es primordial, pues permite la realización personal y la felicidad, los dos fundamentos de la plenitud existencial.

Al concebir la psicoterapia como un proceso total, formativo e integrador, la Psicoterapia Formativa busca sacar provecho de todos los aspectos de la vivencia humana que permitan un fecundo acercamiento a Dios, con todos los beneficios que ello conlleva.  

El psicoterapeuta y el paciente formativos buscan una vida plena, el desarrollo de virtudes como la fe, la esperanza, el amor, la sabiduría, la fortaleza psíquica, la armonía, la resiliencia, la caridad, la prudencia, la justicia y la solidaridad, la transformación vital, la formación de cogniciones y conductas que contribuyan a la felicidad, la reflexión y la praxis filosófica.

En línea con lo anterior, los psicoterapeutas formativos promovemos en nuestros pacientes la oración, la vida sacramental, las lecturas edificantes (con énfasis especial en las Sagradas Escrituras), las obras de misericordia, la religiosidad (entendida como relación y amistad con el Señor), la práctica de ejercicios espirituales, el despliegue de una vida acorde con los valores del Evangelio, la meditación (centrada en el infinito amor del Todopoderoso, en pasajes de la Biblia o en las enseñanzas de los doctores de la Iglesia), el despliegue de conductas altruistas y solidarias, la aplicación de máximas y ejemplos de santos y beatos (y, en general, de todos los seres humanos que destacaron por su servicio al prójimo, más allá de la religión que profesaron), la asistencia a retiros espirituales y la forja de un talante activamente bondadoso.

En caso de pacientes pertenecientes a corrientes religiosas no cristianas, o agnósticos o ateos, la Psicoterapia Formativa respeta la individualidad y las creencias individuales, y se adapta a lo que cada persona consienta y acepte. He observado que los pacientes no cristianos pero pertenecientes a otras religiones monoteístas cumplen a cabalidad con las tareas encaminadas a forjar una vida más plena propuestas por este modelo psicoterapéutico, en el marco, obviamente, de sus creencias. Los que pertenecen a religiones politeístas o misceláneas o se enmarcan dentro de la llamada Nueva Era, les fascinan las oraciones propias de sus tradiciones y la meditación. A los budistas y a quienes son creyentes pero no tienen una filiación religiosa específica, la meditación y las buenas obras les resultan sumamente útiles para alcanzar las metas terapéuticas. Los trece años de existencia de la Psicoterapia Formativa son ricos en casos de ateos que se sienten muy bien al leer textos inspiradores, al efectuar ciertos tipos de oración y meditación (aquellos que no implican una congregación o un acto devocional), y al realizar obras de caridad, actos de altruismo y todas las conductas que contribuyan a hacer de ellos mejores personas.

Del deseo de someter una variable específica del tratamiento de la Psicoterapia Formativa (la oración) al rigor, la objetividad y la racionalidad del método científico nació esta investigación. Quisimos determinar si la oración en sí misma constituía una ventaja, si no tenía ningún impacto, o si, por el contrario, resultaba perjudicial, en aquellas personas que estaban afrontando al menos uno de los distintos trastornos depresivos que existen como categorías diagnósticas.

El objeto de este estudio fue entonces aclarar si la oración traía o no consecuencias claramente medibles y constatables a la salud mental de los consultantes diagnosticados con algún trastorno depresivo. Los autores investigaron, en consecuencia, el efecto de la oración en los pacientes con algún tipo de trastorno depresivo del Hospital San Juan de Dios y del Hospital Mental de Filandia, entre julio y diciembre de 2022

 

 

Antecedentes

 

 

Platón fue el primer pensador en abordar lo divino desde una perspectiva sistemática. Señaló que Dios era el Supremo Bien, el culmen y la perfección absoluta de la bondad, la belleza y la justicia. Dicho Dios era un recordatorio de dichos ideales, y una invitación a buscarlos y vivirlos. También consideró que el hombre podría asemejarse a Él en la medida en que desarrollara dichas virtudes (en la medida en que se hiciera más bondadoso, bello y justo). De esta forma, el tener presente al Sumo Bien en sus vidas movería a los seres humanos a desarrollar una vida virtuosa.

Marco Tulio Cicerón entendió la religión como releer, volver, retornar, recorrer los senderos que dan soluciones y consuelan a los hombres. San Pablo captó que la religiosidad y la conducta debían ser una unidad coherente para que la oración resultara agradable a Dios, y mostró la oración en sus distintas facetas (saludo, petición, súplica, acción de gracias) como uno de los caminos más eficientes para relacionarse con Dios, adquirir alegría y paz espiritual, llevar una existencia armónica, crecer en gracia y actuar conforme al Evangelio.

Lactancio comprendió la religión como religare: una religación, una reconexión con lo trascendente, con lo que va más allá de la realidad material. San Agustín de Hipona logró exponer con absoluta claridad los beneficios tanto personales (introspección, moderación, equilibrio, sabiduría, encuentro con las verdades eternas) como sociales (el triunfo de la bondad y la justicia) de lo religioso, e incentivó la oración como uno de los mecanismos más eficaces para el crecimiento espiritual.

Santo Tomás de Aquino, sintetizando las tradiciones filosóficas y teológicas de numerosos pensadores neoplatónicos (Plotino), cristianos (Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes, san Juan Damasceno, san Gregorio Nacianceno, san Ambrosio de Milán, san Agustín de Hipona, Pedro Abelardo, san Buenaventura), hebreos (Maimónides) y musulmanes (Avicena, Averroes), encontró que la religión incentivaba el cultivo del espíritu, la vida virtuosa y la conducta conducente al mayor bien a nivel individual y colectivo. También describió los efectos positivos de los distintos tipos de oración para el hombre: claridad mental, incremento de las virtudes, mayor entendimiento de las situaciones de la vida, acercamiento a Dios, plenitud y felicidad.

Iniciando la Edad Moderna, grandes místicos escribieron extensamente sobre las bondades y los frutos de la oración. Cabe mencionar a san Juan de Ávila, san Juan de la Cruz, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Ávila, Antonio de Molina, Luis de la Palma, beato Luis de Granada, san Juan de Ribera, Diego de Estella, Luis de la Puente, beato Bartolomé de los Mártires y san Pedro de Alcántara, quienes describieron además los gozos y las delicias experimentados por quienes rezaban y meditaban a menudo.

Personajes famosos por haber sido enfermeros y haber narrado cómo aquellos pacientes asiduos a la oración mejoraban clínicamente, sobrellevaban mejor el dolor crónico y hasta se curaban milagrosamente, fueron san Ignacio de Loyola, san Juan de Dios, santa Catalina de Siena, san Camilo de Lelis, san Martín de Porres y san Pedro Claver. Ellos mismos experimentaron, a pesar de sus quebrantos de salud y gracias a su fervorosa vida espiritual, un vigor, un entusiasmo y una fortaleza extraordinarios para poder socorrer a los dolientes y necesitados que tuvieron a su cargo.

En la época de los grandes pedagogos y fundadores de instituciones educativas (san José de Calasanz, san Juan Bautista de La Salle, san Marcelino Champagnat, san Antonio María Claret, san Juan Bosco), se evidenció que la religiosidad hacía que los jóvenes fueran más reflexivos, organizados, maduros, sociables, solidarios y felices. La oración y la meditación fueron ampliamente usadas en estos colegios, como herramientas para formar personas éticas, felices consigo mismas y dispuestas a ayudar al prójimo.

Con la creación de clínicas especializadas en la atención a pacientes psiquiátricos, numerosos pedagogos, médicos, enfermeros, consejeros y terapeutas encontraron que la religiosidad en general, y la oración en particular, aliviaban enormemente el sufrimiento, optimizaban la adaptación y disminuían las conductas autolesivas. Cabe citar a san Benito Menni, Sandor Ferenczi, Alfred Adler, Maria Montessori y Franz Alexander.  

Eminencias de la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia estudiaron los efectos positivos de la religión en el psiquismo humano. Carl Gustav Jung fue un convencido de la religiosidad como poderoso factor de sanación; animó a sus pacientes a tener una activa vida religiosa y a conectarse con lo mítico y lo sacro; fue un erudito en temas teológicos e introdujo a quienes lo consultaron en prácticas de oración y meditación, así como en la lectura de distintos textos de corte espiritual, tanto de tradiciones cristianas como de otras confesiones. Asimismo, Jung encontró que los íconos religiosos eran símbolos poderosísimos, que hacían emerger experiencias milenarias compartidas (arquetipos del inconsciente colectivo) y permitían a los pacientes acceder a la idea de totalidad y unión de los opuestos, y estimuló la búsqueda de experiencias religiosas como camino hacia la individuación y maduración de la personalidad. Richard Wilhelm, Jolande Jacobi, Barbara Hannah, Joseph Lewis Henderson, Marie-Louise von Franz y Aniela Jaffé, que se nutrieron de la Psicología Analítica postulada por Jung, también describieron cientos de casos en los que la oración, la meditación, la asistencia a servicios religiosos (oraciones colectivas y sacramentos católicos, cultos protestantes, pujas hinduistas y budistas, ofrendas jainistas) y otros intentos de contacto con Dios y lo sagrado (romerías y peregrinaciones, danzas religiosas, ritos de paso, actos votivos), resultaron benéficos para la salud mental de los pacientes: redujeron sus síntomas, los ayudaron a madurar, les dieron consuelo y fortaleza en los momentos difíciles, fueron ocasión para encontrar su sentido de vida y les permitieron mayores funcionalidad y adaptación al entorno.

Ludwig Wittgenstein, un filósofo que estuvo interesado en temas psicológicos, entendió que la religión le permite al hombre valorar e interpretar lo que considera profundo e importante. Nicholas Wosteltorff, además de lo anterior, postuló que la creencia religiosa es muy útil socialmente, dada su función regulativa: guía a cada quien a formarse una imagen de cómo debería ser el mundo, y a actuar correctamente, en consonancia con dicho ideal. Otros pensadores que abordaron la fe, la espiritualidad y la trascendencia fueron Jacques Maritain, Max Scheller, Karl Jaspers y Gabriel Marcel. Todos ellos encontraron que la espiritualidad cristiana animaba a llevar una conducta amorosa, solidaria y compasiva, y que el marco religioso promovía la calma y la confianza aún en situaciones extremas. Es más: hallaron que la religión constituía un asidero, un apoyo de valor incalculable, allí donde las fuerzas netamente humanas se veían limitadas o superadas (como en las situaciones límite descritas por Jaspers, en las que se pone en jaque la misma existencia).   

Erik Erikson afirmó que las religiones son fundamentales para el desarrollo de una identidad y una personalidad sanas, puesto que los rituales religiosos marcan el compás de distintos momentos de la existencia (bautismo en la niñez, confirmación en la adolescencia, matrimonio en la adultez, unción de los enfermos en la aceptación de la enfermedad y la preparación para la muerte) y la religión es el vehículo a través del cual su respectiva cultura promueve en el individuo la forja de las virtudes necesarias para cada etapa de la vida.    

Joseph John Campbell ayudó a sus pacientes (y sus numerosos lectores) alentando la religiosidad como oportunidad de autoconocimiento, y describió de qué manera las imágenes religiosas conectaban lo mítico, lo psíquico y lo sacro, y permitían la emergencia de lo que Jung denominaba el arquetipo del héroe. Entretanto, Erich Neumann describió su importancia en el desarrollo personal y la exploración de lo inconsciente conducente al descubrimiento del sí-mismo y la conciencia plena.

Viktor Frankl evidenció que la religiosidad va de la mano con la trascendencia y el sentido de la vida, permite aceptar los golpes de la vida y da fuerzas para continuar adelante. Constató que la religión podía impulsar a todos los hombres a ser mejores personas (pues forjaba en ellos el deseo de ayuda a los demás, la caridad y la solidaridad social) y a construir una existencia más genuina (dando autenticidad y significado).

Elizabeth Kübler-Ross señaló la importancia de las creencias religiosas a la hora de afrontar distintos tipos de duelo (afrontar la muerte de un ser querido, un divorcio, la aparición de una dolencia física grave) y aceptar las enfermedades terminales y la muerte con serenidad, esperanza e incluso alegría. También postuló que la vida espiritual debía ser parte indispensable de los cuidados paliativos.

Posteriormente, varios representantes de la Psicología Transpersonal (Timothy Leary, Stanislav Grof, Ken Wilber, Anthony Sutich) describieron los provechos para la vida psíquica (integración del psiquismo, ampliación de la conciencia, experiencia de lo sacro, estados amplificados de amor, relajación, conocimiento interior profundo) de los distintos tipos de experiencia religiosa.

Más recientemente, Anselm Grün ha fusionado conceptos junguianos, espiritualidad católica y terapia sistémica, logrando una alta tasa de éxito en cuanto a orientación y consejería psicológica de matrimonios y familias; dicho autor insiste en la oración, la lectura de la Biblia y el uso de los sacramentos (especialmente Confesión, Comunión y Eucaristía) para el logro de una vida equilibrada y de un completo bienestar corporal, mental y espiritual. Desde la Psiquiatría y la Psicoterapia actuales, Boris Cyrulnik ha continuado transitando el camino abierto por Jung, Jaspers y Frankl.

 

 

Conceptos fundamentales

 

 

Los trastornos depresivos son un grupo de enfermedades psiquiátricas de origen multifactorial, que afectan especialmente la esfera emocional de la persona. Su semiología, en consecuencia, es rica en síntomas afectivos: tristeza, anhedonia, llanto fácil o incontrolable, labilidad afectiva, sensaciones de fracaso, impotencia, decaimiento, culpa, derrota, malestar o desesperanza, disforia, hipersensibilidad, nostalgia, remordimiento (tanto por lo que se hizo como por lo que se dejó de hacer), ansiedad, dolor (moral, psíquico y hasta físico) e inquietud psicomotora (o, por el contrario, enlentecimiento psicomotor). También hay sintomatología cognitiva (cogniciones negativas, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de fracaso, ideas de desesperanza, ideas de muerte, ideas de suicidio), volitiva (desmotivación, hipobulia, abulia), somática (cefalea, angina, dorsalgia, lumbalgia, prurito, diarrea o estreñimiento, fibromialgia) y relacional (irritabilidad, brusquedad en las respuestas, tendencia al aislamiento, y deterioro en el desempeño familiar, laboral, académico y social), por lo que se puede afirmar que en todo trastorno depresivo se da una afectación global (psíquica, física y espiritual) de la persona.

El diagnóstico de los trastornos depresivos es eminentemente clínico. Se llega a él a través del encuentro con el paciente y la correspondiente entrevista clínica semiestructurada. Hay unos signos y síntomas específicos, como los arriba mencionados, evidenciables en la entrevista psiquiátrica.

El paciente con Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Leve tiene ánimo triste, llanto ocasional, anhedonia, insomnio de conciliación, desánimo, disminución del apetito, ligero enlentecimiento de las funciones cognitivas, debilitamiento del juicio, ideas de minusvalía, bradipsiquia, bradilalia y ligera bradicinesia.

En el Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Moderado se encuentra la tristeza como emoción predominante (a veces en concomitancia con ansiedad), ganas de llorar frecuentes, sensación de vacío, anhedonia, insomnio y sueño fragmentado, hipobulia, hipodinamia, hipersensibilidad e irritabilidad (incluso por asuntos de poca monta), cansancio y falta de energía, falta de apetito, fallas en la atención, problemas para concentrarse, bradipsiquia, deterioro en el juicio y la toma de decisiones, dificultad para razonar correctamente, ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de muerte pasivas, bradilalia y bradicinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave sin Síntomas Psicóticos exhibe una tristeza desesperada, ansiedad marcada, llanto constante (y, con frecuencia, la sensación de sentirse peor después de haber llorado), anhedonia, sensación de vacío y fracaso existencial, insomnio (tanto de conciliación como de reconciliación) y sueño fragmentado, abulia, adinamia, franca disforia, cansancio, anergia, falta de apetito, fallas gruesas en la atención, la concentración y la memoria, bradipsiquia, juicio severamente comprometido por el estado afectivo, raciocinio alterado, toma de decisiones deteriorada, fijación en fracasos del pasado, autorreproches ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de muerte activas, ideas suicidas de estructuración variable (a veces francamente elaboradas), bradicinesia e incluso acinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave con Síntomas Psicóticos suele presentarse con una tristeza y un abatimiento profundos, signos físicos como la omega melancólica, las comisuras labiales hacia abajo o la postura cabizbaja por tener la mirada en el suelo, anhedonia, sensación de vacío y fracaso existencial, insomnio (tanto de conciliación como de reconciliación), abulia, adinamia, anergia, ausencia de apetito, fallas gruesas en la atención, la concentración y la memoria, bradipsiquia, juicio y raciocinio abolidos, estancamiento mental, incapacidad para tomar decisiones, fijación en tropiezos y pérdidas del pasado, vivencia del presente como un fracaso, autorreproches constantes y muchas veces injustos (por lo desmedidos y exagerados), ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de muerte activas, ideas suicidas estructuradas y acinesia. Pueden presentarse alucinaciones egodistónicas e ideas delirantes de corte depresivo.

En el Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Leve se encuentran dos o más episodios depresivos, mostrando el episodio actual ánimo triste, llanto ocasional, anhedonia, insomnio de conciliación, desánimo, disminución del apetito, ligero enlentecimiento de las funciones cognitivas, debilitamiento del juicio, ideas de minusvalía, bradipsiquia, bradilalia y ligera bradicinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Recurrente con Episodio Actual Moderado es un trastorno depresivo recurrente (ya se trata de más de dos episodios depresivos) que está presentando un episodio depresivo actual consistente en ánimo triste, anhedonia, llanto fácilmente provocado y/o frecuente, sensación de vacío, insomnio y sueño fragmentado, hipobulia, hipodinamia, hipersensibilidad e irritabilidad (incluso por asuntos de poca monta), cansancio y falta de energía, falta de apetito, fallas en la atención, problemas para concentrarse, bradipsiquia, deterioro en el juicio y la toma de decisiones, dificultad para razonar correctamente, ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de muerte pasivas, bradilalia y bradicinesia.

Trastorno Depresivo Mayor Recurrente con Episodio Actual Grave es el trastorno depresivo recurrente que está cursando en el momento de la evaluación con ánimo triste, anhedonia, llanto espontáneo y frecuente, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de desesperanza, ideas de muerte, ideas de suicidio, insomnio marcado (usualmente de tipo mixto: tanto de conciliación como de reconciliación), bradipsiquia, bradilalia, bradicinesia, facies francamente depresiva con omega melancólica, astenia, abulia y adinamia. Puede también acompañarse de ideas delirantes, usualmente de corte nihilista o hipocondríaco, alucinaciones egodistónicas y en ocasiones inquietud o agitación psicomotora.

El Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión es aquel trastorno depresivo recurrente adecuadamente controlado, y por lo tanto asintomático al momento de ocurrir la entrevista. 

Otros Trastornos Depresivos Recurrentes es la categoría diagnóstica utilizada para aquellos trastornos depresivos recurrentes que no cumplen con la totalidad de los criterios de los trastornos depresivos recurrentes anteriormente expuestos. 

La Distimia es un trastorno depresivo consistente en tener ánimo triste la mayor parte del día, la mayor parte de los días, durante más de dos años (por lo que lleva al establecimiento de una personalidad neurótica de corte depresivo, con marcado pesimismo y una forma negativa de ver la vida y el mundo).

El Duelo es un trastorno depresivo reactivo, secundario a una pérdida (y, por lo tanto, resulta normal y esperable la mayoría de las veces). Constituye una Reacción de Ajuste. Se habla de Duelo Patológico cuando es de una intensidad, una duración y una presentación clínica desmedidas.

El Trastorno Adaptativo de tipo Depresivo es un trastorno depresivo resultante de un estrés significativamente intenso o prolongado, que aparece dentro de los tres primeros meses de exposición a dicho factor estresante, con elevado malestar subjetivo y deterioro clínico evidenciable en una alteración del desempeño en las esferas personal, conyugal, familiar, laboral y/o social.

La oración, por otra parte, se ha definido como una experiencia privilegiada, en la que se da una conversación amistosa con Dios (un diálogo del hombre con el Creador), la cual consolida la buena relación con Él. Orar es estar en unión con el Señor dentro de las peculiaridades de cada uno (el Todopoderoso que ama a su criatura predilecta, y el ser humano débil pero esperanzado, que gracias a su fe sabe o al menos intuye que será escuchado).

Se han dado varias definiciones sobre la oración: la petición a Dios de bienes convenientes (san Juan Damasceno), un coloquio al mismo tiempo amistoso y humilde con el Señor (san Gregorio Nacianceno), una oportunidad de acercarse a quien es el Todopoderoso (san Juan Crisóstomo), un pensar en Dios con piedad y afecto humilde (san Agustín de Hipona), el piadoso afecto de la mente que piensa en Dios (san Buenaventura), la elevación de la mente a Dios para alabarlo y pedirle las cosas convenientes para la salvación eterna (santo Tomás de Aquino), un encuentro de amor con el Amado (san Juan de la Cruz), un abandono en los brazos de Dios (san Juan Pablo II), una oportunidad para renovar y revigorizar la fe (Benedicto XVI).

Es muy ilustrativa la comprensión (nítida y acertada, al mismo tiempo psicológica, antropológica y teológica) que tenía Benedicto XVI sobre la oración. Desde cuando era profesor de Teología. Joseph Ratzinger se centró en la vivencia del hombre orante. Algunos de sus hallazgos han sido estos: a) la oración es un estilo de vida que enseña a escuchar y acatar la palabra y la voluntad del Señor (a confiar en Él y a dejarnos conducir por Él); b) orar es hacer lo que Cristo ha querido enseñarnos: conectarnos con el Padre; c) la oración es un encuentro personal, íntimo y profundo, con un Dios amoroso que siempre está a la espera de poder amar a Su criatura; d) cuando la persona ora, entra en comunión con el Amor pleno, y aprende a amar; e) la oración como encuentro no la podemos circunscribir a una técnica, a un método o a una ceremonia: es la sintonía, en el pensamiento y en la voluntad, entre el ser humano y su Señor; f) orar no puede ser un acto interesado en el que a cambio de cumplir una serie de rituales se puedan esperar ciertos resultados, pues Dios no es manipulable ni comprable, y siempre están en juego la libertad y la gracia; g) rezar es un medio para acrecentar la unión con el Todopoderoso, que fortifica la fe y renueva la esperanza; h) aunque la criatura nunca podrá poseer por entero a su Creador, sí puede participar de la vida del Creador, conocerlo mejor y familiarizarse con Él a través de la oración; i) mediante la oración el corazón del hombre logra deshacerse de las preocupaciones del mundo; j) el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto: busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en todos los momentos de su vida; k) orar con fe y deseo de seguir la voluntad del Todopoderoso impide la degradación del hombre, le permite vivir con la mirada fija en Él, y lo salva de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas; l) rezar es un medio para avivar el deseo de estar cerca de Dios y vivir genuinamente los valores del Evangelio; m) la oración es una escuela de fe, esperanza y caridad; n) el que ora se transforma: le da cada vez más cabida al Señor en su vida, y aprende qué es lo que verdaderamente puede pedirle; o) rezar alivia el sufrimiento, nos alegra y nos hace libres ante la seducción de los falsos ídolos que han encandilado al mundo; p) la oración nos transforma en una permanente confesión de fe; q) cuando oramos asiduamente aprendemos a no anteponer nada al Amor; r) orar es alimentar la vida interior y aumentar la pertenencia al Señor; s) el que reza encuentra sostén en las situaciones difíciles de la vida.

Las finalidades y los tipos de oración pueden abarcarse en estos grupos: adoración, acción de gracias, petición, perdón y ofrecimiento. Todas las religiones presentes en el planeta fomentan al menos una de estas modalidades de contacto con lo sagrado. Las oraciones pueden ser novedosas, espontáneas, improvisadas y producto de la inspiración personal, o antiguas (como el Padre Nuestro, creada por el propio Jesucristo), inspiradas por el Espíritu Santo a los devotos especialmente cercanos a Dios, recitadas con fervor a lo largo de los siglos y constituyentes del tesoro de una tradición que nunca pasa de moda. En el cristianismo original (católico) ambas maneras de rezar son válidas. En el cristianismo ortodoxo, casi totalmente compatible con el catolicismo en cuanto al dogma, también. En las corrientes iniciales del protestantismo (luteranismo, calvinismo, anglicanismo), oraciones como el Padre Nuestro o el Gloria son claramente aceptadas. Dentro de los adeptos de las variopintas sectas derivadas de aquellas, muchos se resisten a las oraciones tradicionales; sin embargo, tan pronto conocen el origen bíblico de ellas, su resistencia cede un poco.

En el contexto colombiano, quienes se definen como creyentes son casi todos cristianos. El cristianismo católico, con 9 de cada 10 personas (90%), es dominante por amplia mayoría. Y casi la totalidad del 10% restante se divide entre las cada vez más numerosas ofertas del cristianismo protestante. Un pequeño porcentaje se identifica con algunas religiones de Lejano Oriente (especialmente budismo, taoísmo e hinduismo), pero son realmente escasos los colombianos que están oficialmente afiliados a ellas. Pensando en ello, entraron al estudio cuatro oraciones: el Padre Nuestro, el Alma de Cristo, la Coronilla de la Divina Misericordia y el Gloria.

 


Diseño del Estudio

 


Del universo estudiado (pacientes del Hospital Mental de Filandia y del Hospital San Juan de Dios) y la población seleccionada (aquellos pacientes que entre junio y diciembre de 2022 fueron atendidos por los autores del estudio, en el servicio de hospitalización de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios o en el servicio de consulta externa de Psiquiatría del Hospital Mental de Filandia), la muestra elegida (los pacientes mayores de edad que quisieron ingresar al estudio, dieron su consentimiento y cumplieron con los criterios de inclusión) tuvo la oportunidad de ser evaluada en al menos dos oportunidades, durante el semestre en el que se realizó la investigación.      

 


Tipo de Estudio

 


Se realizó una investigación cualitativa, con un modelo de estudio descriptivo tipo cohorte, evaluando durante 6 meses la evolución de cada paciente a través de entrevista clínica semiestructurada mensual, en mínimo 2 y máximo 6 entrevistas.

Cada entrevista tuvo una duración de al menos veinte minutos, y constó de los siguientes momentos: a) saludo; b) recolección de datos subjetivos (lo referido por el paciente y sus acompañantes) y objetivos (examen mental del consultante); c) confirmación (triangulada con sus acudientes) de que se estuvieran haciendo a diario todas las oraciones evaluadas en el estudio; d) redacción de la nota de control en la Historia Clínica; e) indicaciones, recomendaciones y signos de alarma.

 


Población

 


El Quindío llega ya a los 575.000 habitantes; la mayoría son de raza mestiza (57%) y blanca (28%), y el resto de raza mulata (10%), negra (4%) e indígena (1%). Se destaca como centro turístico y cafetero de Colombia. Sus municipios son: Armenia (ciudad capital), Calarcá, Filandia, Salento, Montenegro, Quimbaya, La Tebaida, Pijao, Génova, Córdoba, Buenavista y Circasia.

El Hospital Mental de Filandia es el principal hospital psiquiátrico del Quindío; cuenta con cuatro sedes (dos de las cuales están ubicadas en Armenia, y dos en Filandia), ofrece los servicios de consulta externa y hospitalización por Psiquiatría, fue fundada en 1969 y desde 2021 atiende alrededor de 4.500 pacientes al año.

El Hospital San Juan de Dios es el hospital general más grande del Quindío; se encuentra entre los límites de los barrios El Nogal y El Retiro en la ciudad de Armenia, es una institución de tercer nivel de complejidad y cuenta con servicios de Urgencias, Hospitalización, Unidad de Cuidado Intensivo y Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal, fue fundado en 1911 y desde 2021 atiende aproximadamente 30.000 pacientes al año.

En este estudio participaron 620 pacientes, pertenecientes al servicio de hospitalización en Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios o al servicio de consulta externa del Hospital Mental de Filandia. Todos ellos fueron pacientes procedentes de Armenia (ciudad capital), Calarcá, Filandia, Salento, Montenegro, Quimbaya, La Tebaida, Pijao, Génova, Córdoba, Buenavista o Circasia (es decir, todos ellos tienen su domicilio en el departamento del Quindío).   

 


Criterios de Inclusión

 


Entraron a la investigación los pacientes que tuvieran estas características: a) estar en el servicio de hospitalización de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios, o en el servicio de consulta externa de Psiquiatría del Hospital Mental de Filandia; b) no estar tomando ningún tipo de psicofármaco (para que los resultados clínicos fueran claramente achacables a la intervención investigada, y no a otras intervenciones o tratamientos); c) no estar recibiendo ningún tipo de psicoterapia diferente a Psicoterapia Formativa, por Psiquiatría o por Psicología (también con el objetivo de que los resultados clínicos fueran claramente derivados de la intervención investigada, y no a otras intervenciones o tratamientos); d) no estar recibiendo ningún tipo de tratamiento por terapia ocupacional por algún profesional de esta profesión (con el fin de evitar que otras intervenciones pudieran alterar el resultado); e) tener más de 18 años (ser mayor de edad en la República de Colombia); f) no tener algún tipo de retraso mental, discapacidad cognitiva o trastorno del desarrollo (condiciones que podrían alterar el curso clínico o los resultados); g) no tener algún tipo de enfermedad psiquiátrica grave como Esquizofrenia, Trastorno mental y del comportamiento secundario a lesión/disfunción cerebral, Demencia, Trastorno de Esquizoafectivo, Trastorno Afectivo Bipolar, y Trastorno mental y del comportamiento secundario a uso de sustancias psicoactivas (condiciones que podrían alterar el curso clínico, los resultados o el seguimiento de cada paciente a lo largo del año de estudio); h) haber asistido a alguno de los dos hospitales entre el primero de junio de 2022 y el 31 de diciembre de 2022; i) haber dado su consentimiento para hacer parte del estudio.

 

 

Criterios de Exclusión

 

 

No entraron a la investigación los pacientes que tuvieran estas características: a) tener citas con otros profesionales de la Salud Mental; b) recibir cualquier tipo de psicofármaco; c) recibir cualquier tipo de psicoterapia diferente a la Psicoterapia Formativa, por Psiquiatría o por Psicología; d) recibir cualquier tipo de terapia ocupacional por algún profesional de esta profesión; e) tener menos de 18 años (ser menor de edad en la República de Colombia); f) tener algún tipo de retraso mental, discapacidad cognitiva o trastorno del desarrollo; g) tener algún tipo de enfermedad psiquiátrica grave como Esquizofrenia, Trastorno mental y del comportamiento secundario a lesión/disfunción cerebral, Demencia, Trastorno de Esquizoafectivo, Trastorno Afectivo Bipolar, y Trastorno mental y del comportamiento secundario a uso de sustancias psicoactivas.

 

 

Intervención

 

 

Los 620 pacientes que quisieron participar en el estudio tenían estas características: a) 471 eran de raza mestiza, 109 de raza blanca, 32 mulatos y 8 de raza negra; b) todos tenían edades comprendidas entre los 18 y los 69 años; c) eran 290 de sexo masculino y 330 de sexo femenino; d) 16 de ellos pertenecían al estrato socioeconómico 6 (clase alta), 54 al estrato socioeconómico 5 (clase acomodada), 210 al estrato socioeconómico 4 (clase media), 203 al estrato socioeconómico 3 (clase media), 120 al estrato socioeconómico 2 (clase baja) y 33 eran de estrato socioeconómico 1 (población muy vulnerable); e) todos ellos tenían al menos un diagnóstico de trastorno depresivo. En cuanto a la filiación religiosa, 501 eran cristianos católicos, 109 eran cristianos protestantes (de variadas denominaciones), 4 eran agnósticos y 6 eran ateos.

A los 620 pacientes que quisieron participar en el estudio, dieron su consentimiento y cumplieron con los criterios de inclusión, se les dijo que implementaran estas oraciones todos los días: a) en la mañana, al despertar, el Alma de Cristo; b) a las tres de la tarde, la Coronilla de la Misericordia; c) antes de acostarse a dormir, un Padre Nuestro y un Gloria.

Con dicho esquema se logró el objetivo de no herir susceptibilidades ni violentar la fe de los pacientes que participaron del estudio, pues se eligieron cuatro oraciones antiguas compatibles con todos los subtipos de cristianismo (el Alma de Cristo, el Padre Nuestro, la Coronilla de la Divina Misericordia y el Gloria). Con respecto a las formas tradicionales de oración, se les explicó a todos los pacientes el por qué el Alma de Cristo y la Coronilla de la Divina Misericordia eran claramente cristocéntricas; asimismo, se les señaló el Padre Nuestro como la oración enseñada por Cristo como ejemplo perfecto para acercarse al Padre, y el Gloria como un reconocimiento a las tres Sagradas Personas: Padre, Hijo (Jesucristo) y Espíritu Santo. Al mostrarles el fundamento bíblico de todas las oraciones, la totalidad de los pacientes cristianos no católicos aceptó hacerlas, aunque sin mayor entusiasmo y sin esperar mayor cosa de ellas. Los pacientes agnósticos y ateos no tuvieron problema con realizarlas, pues dijeron que se habían enrolado en el estudio por curiosidad y estaban completamente abiertos a lo hacer lo que se les indicara.

A aquellos pacientes que no conocían alguna(s) de estas oraciones, se les entregó un modelo impreso con cada una de dichas oraciones.

Se monitoreó a lo largo del semestre al menos en dos ocasiones a cada uno de los pacientes, a través de entrevista presencial o telefónica (control por teleasistencia o teleexperticia), para cerciorarnos de que los creyentes no católicos o los no creyentes no se fueran a sentir incómodos o molestos en ningún momento de la investigación, por tener que realizar oraciones católicas, y para constatar que sí estuvieran haciendo la totalidad de las oraciones a lo largo del día, todas las semanas.

El hecho de que 119 de los 620 enrolados en el estudio hicieran oraciones tradicionales del catolicismo sin pertenecer a dicha confesión religiosa resultó ser interesante para la investigación, puesto que permitió escudriñar si la oración en sí misma era útil para los pacientes con trastornos depresivos, aún sin el respaldo afectivo, sin la congruencia ideológica y sin la sugestión como motores de mejoría sintomática. 

 

 

Resultados

 

 

De los 620 pacientes que participaron en el estudio, 617 evidenciaron una ostensible mejoría clínica, tanto a nivel subjetivo como a nivel objetivo (entrevista clínica semiestructurada); dentro de ellos estuvieron todos los no creyentes (pacientes agnósticos y ateos).

Sólo 3 de los participantes manifestaron que no observaron una mejoría sustancial, pero tampoco exacerbación o recrudecimiento de sus síntomas. Expresaron que lograron sentirse mejor, más esperanzados, y que definitivamente, la oración alejó las ideas tanáticas pasivas (el quererse morir, pero no por suicidio sino presentando una muerte repentina, preferiblemente al dormir). Se trató de tres pacientes femeninas, de 19, 24 y 28 años de edad, dos de ellas de confesión cristiana católica y una de ellas de confesión cristiana protestante, que presentaban múltiples estresores psicosociales (disfunción de pareja, disfunción familiar, desempleo y diagnóstico médico reciente) concomitantes con su cuadro clínico.

Ningún paciente señaló un retroceso clínico o empeoramiento de su sintomatología con la intervención estudiada (oración).

Todos los pacientes manifestaron que orar los hizo sentir mejor, más calmados y serenos. Asimismo, relataron que rezar a diario disminuyó en menos de una semana la intensidad de sus síntomas depresivos, mejoró su autoestima, incrementó su esperanza, infundió confianza en que las cosas mejorarán en un futuro, amortiguó la severidad de los síntomas depresivos, hizo que lograran la remisión clínica en menos de una semana, y aumentó la sensación de bienestar en todos ellos.

En sólo tres de los participantes no cambió el diagnóstico, porque no se redujeron ostensiblemente los síntomas tras seis meses de intervención (oración). En todos los demás, se vio un cambio clínico tan notorio que se vio un descenso en la severidad de la categorización nosográfica: 496 de los 620 pacientes pasaron de tener Episodio Depresivo Moderado a Episodio Depresivo Leve, y 124 pacientes dejaron de tener criterios diagnósticos compatibles con Distimia al finalizar el estudio.

 

 

Conclusiones

 

 

1. En esta investigación, se encontró que la oración es útil para disminuir ostensiblemente la sintomatología depresiva en la casi totalidad (617 de 620) de los pacientes estudiados.

2. Se evidenció que la oración aumenta la autoestima y hace sentir muy bien a la casi totalidad de los pacientes estudiados.

3. El estudio mostró que la oración disminuye la severidad del cuadro clínico en los distintos trastornos depresivos.

4. En línea con lo anterior (disminución de la sintomatología depresiva, aumento de la autoestima, sensación de bienestar, disminución de la severidad del cuadro clínico), es también posible que la oración disminuya la posibilidad de que las personas que tengan algún trastorno depresivo cometan suicidio. Sin embargo, se requiere de un ulterior estudio con una muestra más grande y con población más comprometida a nivel clínico (con trastornos depresivos graves y con ideación suicida activa) para constatar esta hipótesis. El asunto es que, en estos escenarios, el uso concomitante de psicofármacos será inevitable, por lo que sería apropiado un diseño que cubra dicha contingencia.

5. Este trabajo constató algo que muchos investigadores ya habían conceptualizado en años anteriores: que la oración es un factor decisivo para optimizar la salud mental, la autoestima, el bienestar y la calidad de vida. También corroboró los hallazgos que uno los autores había publicado en 2021.

6. Esta investigación corroboró lo que otras investigaciones similares habían encontrado: rezar es, en líneas generales, un hábito benéfico para la salud.

7. Esta exploración demostró que los efectos benéficos de la oración son independientes de las creencias religiosas o la filiación religiosa del paciente.

8. Resultó interesante que aún los pacientes agnósticos o ateos puedan sacar provecho de la oración, al menos en términos de reducción de la severidad de los síntomas depresivos. Deberán realizarse estudios posteriores, con muestras mayores, para esclarecer este fenómeno.

9. La oración demostró ser un factor positivo y saludable en la población estudiada (asistentes a la consulta externa de Psiquiatría del Hospital Mental de Filandia u hospitalizados en el servicio de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios de Armenia, en los meses comprendidos entre junio de 2022 y diciembre de 2022, que cumplieran con los criterios de inclusión). Será muy interesante realizar otros estudios similares en otros sectores poblacionales para observar el impacto de dicha intervención (la oración diaria y constante) en la salud mental de la población general.

 

 

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David Alberto Campos Vargas

Médico cirujano, Pontificia Universidad Javeriana

Especialista en Psiquiatría, Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo, Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra, Pontificia Universidad Católica de Chile

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Filósofo, Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo, Obispado Castrense de Colombia

Fundador de la Psicoterapia Formativa

Profesor, Universidad del Quindío – VitalCare

 

Ana Ximena Murillo Mosquera

Médica cirujana, Universidad del Quindío

Especialista en Psiquiatría, Universidad Militar Nueva Granada

Psiquiatra de Enlace, Pontificia Universidad Javeriana

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Profesora, Universidad del Quindío

 

Maria Camila Aristizábal Urina

Médica, Universidad Alexander von Humboldt

Estudiante – Sociedad de Psicoterapia Formativa

 

Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A., Murillo Mosquera A.X., Aristizábal Urina, M.C. (2023) Impacto clínico de la oración en pacientes con trastornos depresivos, medido entre junio y diciembre de 2022 en dos instituciones hospitalarias del Quindío. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, enero de 2023.

 

 


lunes, 1 de agosto de 2022

PSICOTERAPIA FORMATIVA EN EL NOVIAZGO, por David Alberto Campos Vargas

 

PSICOTERAPIA FORMATIVA EN EL NOVIAZGO

 

David Alberto Campos Vargas*


1

 

Cada pareja es un dinamismo hacia la plenitud existencial. La psicoterapia formativa entiende al noviazgo como escuela de amor, y asume que Dios (el Amor total) llama a vivir la vida de pareja a partir de unos valores trascendentes, superando los intereses materialistas y hedonistas y la banalidad de la cultura light.

Es innegable la base natural, biológica e instintiva de la atracción. Todo nace ahí. Esa chispa, esa sensación energética especial que genera el conocer a la persona con la que se desea formar pareja. Pero ese apenas es el primer paso. Es un grave error creer que la relación se puede quedar ahí, en la simpatía y el interés físico. Quienes caen en dicha trampa, quedan empantanados en un círculo vicioso de animalidad, sufrimiento, deseo, urgencia, inseguridad y sintomatología psiquiátrica variopinta e inagotable.

El siguiente nivel consiste en entender que debe dársele una mística especial a la relación: del simple gusto entre dos personas se debe llegar a la conciencia de que se necesitan un hombre nuevo y una mujer nueva, dispuestos a amar, compartir y madurar. De la pulsión básica llegamos entonces al compromiso de una relación de adultos, en la que la búsqueda de la felicidad propia va unida a la búsqueda de la felicidad del otro.

En consecuencia, en el proceso terapéutico se han de cultivar el estar atento al otro (escucharlo, acogerlo), aceptarlo en sus aspectos positivos (dejándole vivir su singularidad, sus valores y su proyecto de vida, sin tratar de anularlo, someterlo o desdibujarlo) y acompañarlo en sus luchas por corregir y mejorar sus aspectos negativos. Es decir, los novios deben estar dispuestos a morir juntos a lo viejo (el egoísmo, las pataletas, la pretensión de que el mundo se debe acomodar al individuo, y otras conductas infantiles) para resucitar a lo nuevo (asumir la realidad del otro amándolo, creyendo que siempre es posible mejorar y vivir más plenamente el Evangelio).

En virtud de la transferencia positiva, la alianza terapéutica, la fuerza del vínculo y la sinergia paciente-terapeuta, tanto los novios como el psicoterapeuta formativo irán aprendiendo a ser cada vez más generosos (a darse sin reservas y sin interrupciones), a ser más empáticos (librándose de la instrumentalización de la pareja y del vivir en función de sí mismos), a abrir el corazón en las pequeñas y en las grandes cosas, a descubrir y reconocer bondad en el otro, a cultivar la asertividad y la amabilidad en las interacciones, a gestionar las emociones de forma cada vez más apropiada y adecuada.

Pero ahí no termina el avance. La pareja que inicia un proceso de psicoterapia formativa entiende que Dios (el Amor) se da/se dona, y que se trata de imitarlo en el amor generoso de pareja. Por Dios, el Amor, el hombre es. Es el amor lo que nos hace ser y existir. El ser humano no podría ser sin amor. Donarse al otro, y acoger el don del otro (recibir a la persona del otro, sin prejuicios, sin sospechas: como ese prójimo al que Jesús nos enseñó a amar), debe llevar a la dicha del ser y existir en plenitud.

 

2

 

Pero hay también días de borrasca. El noviazgo implica compromisos: fidelidad, lealtad, vivir pendiente del otro, ser cada vez más detallista, pensar en términos de pareja sin renunciar a las metas que cada uno tiene como individuo, perdonar, incrementar la tolerancia y la paciencia, aceptar concesiones, hacer esfuerzos de toda índole. Y, a veces, dichos compromisos pueden agotar (especialmente a quien está viviendo su primer noviazgo maduramente).

Lo primero es saber que “crisis” no significa “ruptura”. Los problemas surgen inevitablemente, como en toda relación. Pero, salvo un escollo grave (violencia y otras formas de maltrato, físico o verbal; infidelidad; engaño; desfalco o estafa; conducta irresponsable que ponga en riesgo la vida del otro), los novios deben perdonar, permanecer y perseverar. De eso se trata el amor. No hay un prójimo perfecto, pues la perfección es un atributo exclusivo de Dios. Lo que hay es una persona humana, con todas sus luces y sombras (logros, fracasos, habilidades, taras, aprendizajes y deficiencias); en consecuencia, hay que comprender y ayudar con ternura, cuando se descubran sus debilidades y flaquezas.

Resulta fundamental reconocer lo que se hace bien en pareja, y verbalizarlo. De este modo, lo imperfecto no empaña lo que los novios han construido. El psicoterapeuta formativo sabe que ellos son los protagonistas, pero participa activamente en esa triada terapéutica, y contribuye con su saber de distintas maneras: elogia lo que hacen correctamente, recuerda las veces en las que ellos han superado otros problemas, trae a colación anécdotas y experiencias de su propia vida de pareja que puedan serles de utilidad, estimula a cada novio a tender puentes, vibra y los mueve a expresar (con asertividad, claridad y precisión) qué puede ser mejorado o transformado.

Si hay desavenencias, la psicoterapia debe sembrar semillas de paz y diálogo. Todos tienen que saber que con amor se ayuda a curar y a crecer, y que tienen la tarea de llevarse mutuamente a la plenitud. No sirve atrincherarse en posturas defensivas, ni hacer proyecciones (poniendo en el otro lo que corresponde a uno), ni mucho menos quedarse en una posición de rencor o de reversión de la perspectiva. En cada sesión se debe recordar que el amar conlleva a una donación tierna y leal, constante, en la que se comparten tareas y trabajos, en la que crecen y se potencian ambos miembros de la pareja.

El tratante ha de fomentar todos los caminos y estrategias que ayuden a los novios a establecer una relación de equilibrio, respeto, sencillez y comunión. Entre todos deben alentar y desarrollar la gratitud (por lo que el noviazgo significa y la plenitud que permite, por lo que produce el amor, por lo que la vida de pareja ha llegado a despertar, por lo que el otro ha hecho en términos de esfuerzos, sacrificios, superaciones, logros y perfeccionamientos), agradeciendo a Dios por la dicha de haber recibido el don del otro.

Frente a las dificultades, los novios deben recurrir al Señor, fuente imperecedera de toda fuerza y de todo poder. La oración individual y en pareja les dará serenidad y mente lúcida, capacidad para reflexionar y discernimiento para esclarecer cada vivencia.

 

3

 

En cuanto a la sexualidad, el noviazgo permite comprender que lo masculino y lo femenino se complementan y potencian en una conjunción que crea una nueva entidad: el ser pareja, el ir juntos, captando la grandeza de ser hombre y de ser mujer, valorando las diferencias y superando los prejuicios que el machismo y el hembrismo han sembrado en el inconsciente colectivo.

La vida sexual en el noviazgo está encaminada a la comunión entre los cuerpos, al gozoso descubrimiento del otro, a la potenciación de la ternura, a la consolidación de la identidad sexual (y con ello, al cohesionamiento del sí-mismo). Es de las cosas más bellas y gratificantes, pues la vivencia satisfactoria del encuentro sexual fortifica y reafirma la satisfacción de ser hombre y de ser mujer en cada integrante de la pareja. Como preparación para la sexualidad del matrimonio, va permitiendo “ser para el otro” (el hombre para su mujer, la mujer para su hombre) superando el “ser para sí mismo” típico del narcisismo de la niñez y la adolescencia.

Además de ser un llamado a la comunión y un paso en el camino hacia la plenitud de la existencia, la aventura exploratoria de la sexualidad entre novios refuerza el placer de estar y compartir en pareja, favorece el crecimiento mutuo, mejora el estado de ánimo, permite la expresión de amor, previene la aparición de trastornos de ansiedad, ayuda a superar el estrés, se constituye en expresión de amor, da placer y gratificación, enriquece el intercambio al interior de la pareja, corporaliza la aceptación y la acogida del otro, reafirma los otros gestos de cariño y bondad por el otro, permite el sentirse aceptado, querido y único.

Esta sexualidad entre novios incluirá los flirteos, las salidas, los momentos de coquetería y las citas propiamente dichas, así como los besos, los abrazos, las caricias y otros momentos cargados de magia (juegos, encuentros furtivos, bailes, etcétera). Es decir, será una sexualidad no genital (no coital). Lo idóneo es que la sexualidad genital se dé sólo en el matrimonio, o por lo menos, en las etapas finales del noviazgo (cuando ya no se habla simplemente de novios, sino de prometidos), como una preparación para la vida sexual matrimonial. Es un hecho que la mayoría de las personas adultas hubieran querido iniciar su sexualidad coital con la persona con la que llegaron a casarse, y vivir el inicio de la genitalidad de manera menos chabacana, traumática y banal a como usualmente se hace. Casi todos hubieran querido su “primera vez” mucho más romántica, memorable, significativa y hermosa que la que tuvieron, y ojalá en el marco de una unión sacramentada y un compromiso serio. De otro lado, gran cantidad de momentos de zozobra, carreras frustradas y embarazos no deseados en niñas y adolescentes, derivan de que muchas parejas de novios sean sido incapaces de diferir el coito hasta la adultez y el matrimonio.

Ahora bien, si se da también la vida genital en el noviazgo, resulta útil que la pareja sea muy consciente de los riesgos que está corriendo, y se asesore médicamente. Planificar con métodos anticonceptivos adecuados, idealmente combinados (por ejemplo, método hormonal sumado a método de barrera) es la mejor manera de prevenir tanto un embarazo infanto-juvenil como la atrocidad de un aborto (que no es más que el asesinato de un ser humano completamente indefenso y vulnerable). Y, por supuesto, además de protegerse, vivir la coitalidad en espíritu de monogamia, manteniendo la fidelidad a toda costa, haciendo de esa comunicación corporal una ofrenda y una auténtica celebración del amor de pareja.

 

4

 

El noviazgo es también un bonito entrenamiento que ayuda a cimentar la espiritualidad conyugal posterior. Ahí se aprende a orientar la vida hacia Dios a partir del hecho de vivir de a dos, gozando la vivencia del amor humano pleno inspirado en el amor divino. Ser novio o novia es abrirse a la posibilidad de entender que hombre y mujer están hechos para amarse, ayudarse, complementarse y cuidarse mutuamente, para ser reflejo del amor infinito del Señor (que se sirve de esta realidad natural para irradiar Su amor).

El psicoterapeuta formativo ha de ser muy respetuoso con las creencias de los novios. Por lo general, los adolescentes son agnósticos o por lo menos sumamente críticos con todo tipo de corrientes religiosas. Lo importante es que descubran, en completa libertad, que Dios habita y transfigura el amor de pareja (la forma de amor humano que el Sumo Bien escoge para mostrarnos cómo es el amor que Él tiene por la Humanidad), y que el noviazgo está llamado a ser presencia y síntesis de todas las otras expresiones de amor humano.

Dicho fortalecimiento de la vida espiritual debe dar otros frutos, igualmente deseables: mantener viva la admiración y el cuidado del uno por el otro, incentivar el cultivo del ser y el perfeccionamiento de ambos, dar la posibilidad de ser cada día “nuevos” (mejores), permitir la transformación progresiva de la conducta para dar respuesta a las necesidades verdaderas del otro, elicitar comportamientos positivos y benéficos (mirarse con cariño, descubriendo cada vez más lo mejor del otro; aprender a perdonar cada vez más fácil; verbalizar todas las cosas buenas que se van haciendo cada vez más patentes en la vida de pareja; bendecirse; divertirse juntos), compartir y dialogar a diario, hacer de la bondad una norma de vida, tener empatía y misericordia en cada interacción.

Descubriendo/expresando el amor hasta en las cosas más pequeñas, los novios irán cimentando una religiosidad fecunda (que trasciende las simples muestras externas de piedad, los rituales y la fachada ceremoniosa), con plena confianza en la providencia de Dios. Haciendo ejercicios espirituales, oración, convivencias y retiros espirituales en pareja, lograrán dejarse transformar, como pareja, por el Amor Perfecto. En consecuencia, detectarán a tiempo qué preocupa o causa sufrimiento al otro, y ayudarán a corregir la situación lo más pronto posible, venciendo caprichos, negligencias y otras manifestaciones de egoísmo. Es decir, discernirán el querer de Dios para el servicio y el acompañamiento mutuos, lejos del narcisismo y de cualquier tipo de inflación psíquica.

La espiritualidad en el noviazgo es también ir encontrando cada vez nuevas alegrías, compartiendo el camino mientras se saborea, darse siempre nuevas oportunidades (pues la buena vida religiosa va de la mano con el saber que siempre hay lugar para el perdón, la comunión y el perfeccionamiento). puede mejorar, convertirse, perfeccionarse.

 

5

 

Con la psicoterapia formativa aflorará lo mejor al interior de la pareja de novios, y ellos irán logrando: a) expresar con palabras, gestos y actitudes, ese amor generoso y completo al que los invita Dios, Sumo Bien y Amor Pleno; b) hacer de cada día una celebración, un oasis, un ágape; c) comprometerse con causas y movimientos nobles, contribuyendo con sus recursos (no sólo económicos, sino también intelectuales, emocionales, éticos y de personalidad) a la construcción de un mundo bello, justo y en paz; d) vivir en el amor, por el amor y para el amor, siendo luminosos en medio de una sociedad que le apuesta a la oscuridad, siendo grandes frente a una cultura light intoxicada de materialismo, hedonismo y superficialidad; e) abrirse a los demás con amor solidario y ayuda efectiva, para compensar la mezquindad y el individualismo imperantes.

Ese amor irá encendiendo la fe. Y será una fe potente, vigorosa, hecha para encender sus corazones en deseos de cambiar el mundo y anticipar algo de la bienaventuranza y la justicia del Reino de los Cielos. Los novios se lanzarán entonces a una actividad coherente y organizada de apoyo a todos los que estén afligidos, necesiten cooperación o sean discriminados. Su cotidianidad estará llena de audacia para ayudar, coraje para cambiar lo que debe ser cambiado (los males que aquejan al hombre, especialmente la violencia), y eficacia en la construcción de una nueva realidad (pacífica, armónica y justa).

Y ese amor y esa fe, traerán esperanza. Lejos de la desesperanza y sus ramificaciones (la inercia, el derrotismo y la pusilanimidad), que suelen estancar hasta a los mejor intencionados, la pareja tendrá confianza y certidumbre en su misión, sabrá cuidarse y sabrá cuidar, emprenderá sus acciones con determinación y logrará múltiples victorias en todos los escenarios en los que se desenvuelva, porque ver a una pareja que se ama y quiere transmitir su amor a todas las demás personas, resulta francamente inspirador. 

Llenos de fe, amor y esperanza en un mundo mejor, los novios aprenderán a ser cada vez más hospitalarios y abiertos, más sensibles frente al sufrimiento humano, más valientes a la hora de luchar contra todos los tipos de injusticia, más solidarios y dispuestos a compartir sus bienes, recursos y talentos. Y compensarán con creces el triste espectáculo de tantas parejitas egoístas y encerradas en sí mismas, atrapadas por la indolencia y la indiferencia.

 

Referencias

 

Benedicto XVI (2005). Dios es Amor. Roma: Editorial Vaticana.

Burgos Velasco, J.M. (2012). Introducción al Personalismo. Madrid: Ediciones Palabra.

De Mello, A. (2003). Obras Completas. Camargo: Sal Terrae.

De Mello, A. (1991). Una llamada al amor. Camargo: Sal Terrae.

Mandino, O. (1990). Una mejor manera de vivir. Ciudad de México: Diana.

Maritain, J. (2001). Humanismo integral. Madrid: Ediciones Palabra.

Mounier, E. (1994). El Personalismo. Bogotá: El Búho.

Mounier, E. (1967). Manifiesto al servicio del Personalismo. Madrid: Taurus.

Wojtyla, K. (2013). Amor y responsabilidad. Madrid: Ediciones Palabra.


David Alberto Campos Vargas

Médico cirujano - Pontificia Universidad Javeriana.

Especialista en Psiquiatría - Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo - Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra - Universidad Católica de Chile

Filósofo - Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo – Obispado Castrense de Colombia


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2022) Psicoterapia Formativa en el Noviazgo. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, agosto de 2022.

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