domingo, 29 de enero de 2023

IMPACTO CLÍNICO DE LA ORACIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS DEPRESIVOS, MEDIDO ENTRE JUNIO Y DICIEMBRE DE 2022 EN DOS INSTITUCIONES HOSPITALARIAS DEL QUINDÍO, por David Alberto Campos Vargas, Ana Ximena Murillo Mosquera y Maria Camila Aristizábal Urina

 

IMPACTO CLÍNICO DE LA ORACIÓN EN PACIENTES CON TRASTORNOS DEPRESIVOS, MEDIDO ENTRE JUNIO Y DICIEMBRE DE 2022 EN DOS INSTITUCIONES HOSPITALARIAS DEL QUINDÍO

 

David Alberto Campos Vargas*, Ana Ximena Murillo Mosquera**, Maria Camila Aristizábal Urina***

 

 

Resumen

 

La Psicoterapia Formativa tiene uno de sus fundamentos en la vida religiosa, entendida como relación con Dios, como conexión con lo sagrado y lo trascendente, y hecha realidad concreta en una vida espiritual encaminada a la plenitud, la formación de una personalidad armónica y la configuración de una conducta sana, amorosa y adaptativa. Uno de los aspectos clave de esta religiosidad y esta religación con lo sublime y lo divino es la oración. La Psicoterapia Formativa, al potenciar la espiritualidad y fomentar el crecimiento en todas las dimensiones humanas, favorece la felicidad y la realización existenciales, y con ello, configura una vida de plenitud.

Los pacientes que tienen algún padecimiento psiquiátrico de tipo depresivo, es decir, que cumplen con los criterios diagnósticos de alguno de los trastornos depresivos definidos como entidades nosográficas (Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Leve, Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Moderado, Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave Sin Síntomas Psicóticos, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Leve, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Moderado, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Grave, Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión Parcial, Otros Trastornos Depresivos Recurrentes, Distimia, Duelo, Trastorno Adaptativo de tipo Depresivo), se benefician de orar a diario dentro de su tratamiento. La oración les permite tener una relación con Dios activa y eficiente, los acerca a lo sacro y favorece la plenitud existencial; asimismo, rezar disminuye la intensidad de sus síntomas depresivos, mejora la autoestima, incrementa la esperanza, serena el ánimo, infunde confianza en que las cosas mejorarán en un futuro, amortigua la severidad de los síntomas depresivos, hace que se logre la remisión clínica en menos tiempo y aumenta la sensación de bienestar y calma en los pacientes.

Estos hallazgos aportan nueva evidencia que respalda uno de los ejes conceptuales de la Psicoterapia Formativa: la vida religiosa como uno de las dimensiones conducentes a la plenitud existencial, la realización personal, la felicidad, la integración y la ecualización del psiquismo, la reestructuración de la personalidad, la optimización del desempeño en todas las dimensiones de la vida y la redefinición de la forma de ser en el mundo.

 

Palabras clave: Oración, Trastornos Depresivos, Salud Mental, Bienestar, Esperanza, Optimismo, Autoestima, Calidad de Vida, Psicoterapia, Psiquiatría, Psicoterapia Formativa.

 

Abstract

 

Formative Psychotherapy has one of its foundations in religious life, understood as a relationship with God, as a connection with the sacred and the transcendent, and made a concrete reality in a spiritual life aimed at fulfillment, the formation of a harmonious personality and the configuration of a healthy, loving and adaptive behavior. One of the key aspects of this religiosity and this reconnection with the sublime and the divine is prayer. Formative Psychotherapy, by enhancing spirituality and promoting growth in all human dimensions, favors happiness and existential fulfillment, and with this, shapes a life of plenitude.

Patients who have the diagnostic criteria for any of the depressive disorders, they benefit from praying daily within their treatment. Prayer allows them to have an active and efficient relationship with God, brings them closer to the sacred and favors existential plenitude; likewise, praying decreases the intensity of your depressive symptoms, improves self-esteem, increases hope, calms your spirits, instills confidence that things will improve in the future, softens the severity of depressive symptoms, and leads to clinical remission in less time and increases the feeling of well-being and calm in patients.

These findings provide new evidence that supports one of the conceptual axes of Formative Psychotherapy: religious life as one of the dimensions leading to existential plenitude, personal fulfillment, happiness, integration and equalization of the psyche, restructuring of the personality, the optimization of performance in all dimensions of life and the redefinition of the way of being in the world.

 

Keywords: Prayer, Depressive Disorders, Mental Health, Well-being, Hope, Optimism, Self-esteem, Quality of Life, Psychotherapy, Psychiatry, Formative Psychotherapy.

 

 

Introducción

 

Para la Psicoterapia Formativa, la buena vida religiosa es primordial, pues permite la realización personal y la felicidad, los dos fundamentos de la plenitud existencial.

Al concebir la psicoterapia como un proceso total, formativo e integrador, la Psicoterapia Formativa busca sacar provecho de todos los aspectos de la vivencia humana que permitan un fecundo acercamiento a Dios, con todos los beneficios que ello conlleva.  

El psicoterapeuta y el paciente formativos buscan una vida plena, el desarrollo de virtudes como la fe, la esperanza, el amor, la sabiduría, la fortaleza psíquica, la armonía, la resiliencia, la caridad, la prudencia, la justicia y la solidaridad, la transformación vital, la formación de cogniciones y conductas que contribuyan a la felicidad, la reflexión y la praxis filosófica.

En línea con lo anterior, los psicoterapeutas formativos promovemos en nuestros pacientes la oración, la vida sacramental, las lecturas edificantes (con énfasis especial en las Sagradas Escrituras), las obras de misericordia, la religiosidad (entendida como relación y amistad con el Señor), la práctica de ejercicios espirituales, el despliegue de una vida acorde con los valores del Evangelio, la meditación (centrada en el infinito amor del Todopoderoso, en pasajes de la Biblia o en las enseñanzas de los doctores de la Iglesia), el despliegue de conductas altruistas y solidarias, la aplicación de máximas y ejemplos de santos y beatos (y, en general, de todos los seres humanos que destacaron por su servicio al prójimo, más allá de la religión que profesaron), la asistencia a retiros espirituales y la forja de un talante activamente bondadoso.

En caso de pacientes pertenecientes a corrientes religiosas no cristianas, o agnósticos o ateos, la Psicoterapia Formativa respeta la individualidad y las creencias individuales, y se adapta a lo que cada persona consienta y acepte. He observado que los pacientes no cristianos pero pertenecientes a otras religiones monoteístas cumplen a cabalidad con las tareas encaminadas a forjar una vida más plena propuestas por este modelo psicoterapéutico, en el marco, obviamente, de sus creencias. Los que pertenecen a religiones politeístas o misceláneas o se enmarcan dentro de la llamada Nueva Era, les fascinan las oraciones propias de sus tradiciones y la meditación. A los budistas y a quienes son creyentes pero no tienen una filiación religiosa específica, la meditación y las buenas obras les resultan sumamente útiles para alcanzar las metas terapéuticas. Los trece años de existencia de la Psicoterapia Formativa son ricos en casos de ateos que se sienten muy bien al leer textos inspiradores, al efectuar ciertos tipos de oración y meditación (aquellos que no implican una congregación o un acto devocional), y al realizar obras de caridad, actos de altruismo y todas las conductas que contribuyan a hacer de ellos mejores personas.

Del deseo de someter una variable específica del tratamiento de la Psicoterapia Formativa (la oración) al rigor, la objetividad y la racionalidad del método científico nació esta investigación. Quisimos determinar si la oración en sí misma constituía una ventaja, si no tenía ningún impacto, o si, por el contrario, resultaba perjudicial, en aquellas personas que estaban afrontando al menos uno de los distintos trastornos depresivos que existen como categorías diagnósticas.

El objeto de este estudio fue entonces aclarar si la oración traía o no consecuencias claramente medibles y constatables a la salud mental de los consultantes diagnosticados con algún trastorno depresivo. Los autores investigaron, en consecuencia, el efecto de la oración en los pacientes con algún tipo de trastorno depresivo del Hospital San Juan de Dios y del Hospital Mental de Filandia, entre julio y diciembre de 2022

 

 

Antecedentes

 

 

Platón fue el primer pensador en abordar lo divino desde una perspectiva sistemática. Señaló que Dios era el Supremo Bien, el culmen y la perfección absoluta de la bondad, la belleza y la justicia. Dicho Dios era un recordatorio de dichos ideales, y una invitación a buscarlos y vivirlos. También consideró que el hombre podría asemejarse a Él en la medida en que desarrollara dichas virtudes (en la medida en que se hiciera más bondadoso, bello y justo). De esta forma, el tener presente al Sumo Bien en sus vidas movería a los seres humanos a desarrollar una vida virtuosa.

Marco Tulio Cicerón entendió la religión como releer, volver, retornar, recorrer los senderos que dan soluciones y consuelan a los hombres. San Pablo captó que la religiosidad y la conducta debían ser una unidad coherente para que la oración resultara agradable a Dios, y mostró la oración en sus distintas facetas (saludo, petición, súplica, acción de gracias) como uno de los caminos más eficientes para relacionarse con Dios, adquirir alegría y paz espiritual, llevar una existencia armónica, crecer en gracia y actuar conforme al Evangelio.

Lactancio comprendió la religión como religare: una religación, una reconexión con lo trascendente, con lo que va más allá de la realidad material. San Agustín de Hipona logró exponer con absoluta claridad los beneficios tanto personales (introspección, moderación, equilibrio, sabiduría, encuentro con las verdades eternas) como sociales (el triunfo de la bondad y la justicia) de lo religioso, e incentivó la oración como uno de los mecanismos más eficaces para el crecimiento espiritual.

Santo Tomás de Aquino, sintetizando las tradiciones filosóficas y teológicas de numerosos pensadores neoplatónicos (Plotino), cristianos (Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes, san Juan Damasceno, san Gregorio Nacianceno, san Ambrosio de Milán, san Agustín de Hipona, Pedro Abelardo, san Buenaventura), hebreos (Maimónides) y musulmanes (Avicena, Averroes), encontró que la religión incentivaba el cultivo del espíritu, la vida virtuosa y la conducta conducente al mayor bien a nivel individual y colectivo. También describió los efectos positivos de los distintos tipos de oración para el hombre: claridad mental, incremento de las virtudes, mayor entendimiento de las situaciones de la vida, acercamiento a Dios, plenitud y felicidad.

Iniciando la Edad Moderna, grandes místicos escribieron extensamente sobre las bondades y los frutos de la oración. Cabe mencionar a san Juan de Ávila, san Juan de la Cruz, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Ávila, Antonio de Molina, Luis de la Palma, beato Luis de Granada, san Juan de Ribera, Diego de Estella, Luis de la Puente, beato Bartolomé de los Mártires y san Pedro de Alcántara, quienes describieron además los gozos y las delicias experimentados por quienes rezaban y meditaban a menudo.

Personajes famosos por haber sido enfermeros y haber narrado cómo aquellos pacientes asiduos a la oración mejoraban clínicamente, sobrellevaban mejor el dolor crónico y hasta se curaban milagrosamente, fueron san Ignacio de Loyola, san Juan de Dios, santa Catalina de Siena, san Camilo de Lelis, san Martín de Porres y san Pedro Claver. Ellos mismos experimentaron, a pesar de sus quebrantos de salud y gracias a su fervorosa vida espiritual, un vigor, un entusiasmo y una fortaleza extraordinarios para poder socorrer a los dolientes y necesitados que tuvieron a su cargo.

En la época de los grandes pedagogos y fundadores de instituciones educativas (san José de Calasanz, san Juan Bautista de La Salle, san Marcelino Champagnat, san Antonio María Claret, san Juan Bosco), se evidenció que la religiosidad hacía que los jóvenes fueran más reflexivos, organizados, maduros, sociables, solidarios y felices. La oración y la meditación fueron ampliamente usadas en estos colegios, como herramientas para formar personas éticas, felices consigo mismas y dispuestas a ayudar al prójimo.

Con la creación de clínicas especializadas en la atención a pacientes psiquiátricos, numerosos pedagogos, médicos, enfermeros, consejeros y terapeutas encontraron que la religiosidad en general, y la oración en particular, aliviaban enormemente el sufrimiento, optimizaban la adaptación y disminuían las conductas autolesivas. Cabe citar a san Benito Menni, Sandor Ferenczi, Alfred Adler, Maria Montessori y Franz Alexander.  

Eminencias de la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia estudiaron los efectos positivos de la religión en el psiquismo humano. Carl Gustav Jung fue un convencido de la religiosidad como poderoso factor de sanación; animó a sus pacientes a tener una activa vida religiosa y a conectarse con lo mítico y lo sacro; fue un erudito en temas teológicos e introdujo a quienes lo consultaron en prácticas de oración y meditación, así como en la lectura de distintos textos de corte espiritual, tanto de tradiciones cristianas como de otras confesiones. Asimismo, Jung encontró que los íconos religiosos eran símbolos poderosísimos, que hacían emerger experiencias milenarias compartidas (arquetipos del inconsciente colectivo) y permitían a los pacientes acceder a la idea de totalidad y unión de los opuestos, y estimuló la búsqueda de experiencias religiosas como camino hacia la individuación y maduración de la personalidad. Richard Wilhelm, Jolande Jacobi, Barbara Hannah, Joseph Lewis Henderson, Marie-Louise von Franz y Aniela Jaffé, que se nutrieron de la Psicología Analítica postulada por Jung, también describieron cientos de casos en los que la oración, la meditación, la asistencia a servicios religiosos (oraciones colectivas y sacramentos católicos, cultos protestantes, pujas hinduistas y budistas, ofrendas jainistas) y otros intentos de contacto con Dios y lo sagrado (romerías y peregrinaciones, danzas religiosas, ritos de paso, actos votivos), resultaron benéficos para la salud mental de los pacientes: redujeron sus síntomas, los ayudaron a madurar, les dieron consuelo y fortaleza en los momentos difíciles, fueron ocasión para encontrar su sentido de vida y les permitieron mayores funcionalidad y adaptación al entorno.

Ludwig Wittgenstein, un filósofo que estuvo interesado en temas psicológicos, entendió que la religión le permite al hombre valorar e interpretar lo que considera profundo e importante. Nicholas Wosteltorff, además de lo anterior, postuló que la creencia religiosa es muy útil socialmente, dada su función regulativa: guía a cada quien a formarse una imagen de cómo debería ser el mundo, y a actuar correctamente, en consonancia con dicho ideal. Otros pensadores que abordaron la fe, la espiritualidad y la trascendencia fueron Jacques Maritain, Max Scheller, Karl Jaspers y Gabriel Marcel. Todos ellos encontraron que la espiritualidad cristiana animaba a llevar una conducta amorosa, solidaria y compasiva, y que el marco religioso promovía la calma y la confianza aún en situaciones extremas. Es más: hallaron que la religión constituía un asidero, un apoyo de valor incalculable, allí donde las fuerzas netamente humanas se veían limitadas o superadas (como en las situaciones límite descritas por Jaspers, en las que se pone en jaque la misma existencia).   

Erik Erikson afirmó que las religiones son fundamentales para el desarrollo de una identidad y una personalidad sanas, puesto que los rituales religiosos marcan el compás de distintos momentos de la existencia (bautismo en la niñez, confirmación en la adolescencia, matrimonio en la adultez, unción de los enfermos en la aceptación de la enfermedad y la preparación para la muerte) y la religión es el vehículo a través del cual su respectiva cultura promueve en el individuo la forja de las virtudes necesarias para cada etapa de la vida.    

Joseph John Campbell ayudó a sus pacientes (y sus numerosos lectores) alentando la religiosidad como oportunidad de autoconocimiento, y describió de qué manera las imágenes religiosas conectaban lo mítico, lo psíquico y lo sacro, y permitían la emergencia de lo que Jung denominaba el arquetipo del héroe. Entretanto, Erich Neumann describió su importancia en el desarrollo personal y la exploración de lo inconsciente conducente al descubrimiento del sí-mismo y la conciencia plena.

Viktor Frankl evidenció que la religiosidad va de la mano con la trascendencia y el sentido de la vida, permite aceptar los golpes de la vida y da fuerzas para continuar adelante. Constató que la religión podía impulsar a todos los hombres a ser mejores personas (pues forjaba en ellos el deseo de ayuda a los demás, la caridad y la solidaridad social) y a construir una existencia más genuina (dando autenticidad y significado).

Elizabeth Kübler-Ross señaló la importancia de las creencias religiosas a la hora de afrontar distintos tipos de duelo (afrontar la muerte de un ser querido, un divorcio, la aparición de una dolencia física grave) y aceptar las enfermedades terminales y la muerte con serenidad, esperanza e incluso alegría. También postuló que la vida espiritual debía ser parte indispensable de los cuidados paliativos.

Posteriormente, varios representantes de la Psicología Transpersonal (Timothy Leary, Stanislav Grof, Ken Wilber, Anthony Sutich) describieron los provechos para la vida psíquica (integración del psiquismo, ampliación de la conciencia, experiencia de lo sacro, estados amplificados de amor, relajación, conocimiento interior profundo) de los distintos tipos de experiencia religiosa.

Más recientemente, Anselm Grün ha fusionado conceptos junguianos, espiritualidad católica y terapia sistémica, logrando una alta tasa de éxito en cuanto a orientación y consejería psicológica de matrimonios y familias; dicho autor insiste en la oración, la lectura de la Biblia y el uso de los sacramentos (especialmente Confesión, Comunión y Eucaristía) para el logro de una vida equilibrada y de un completo bienestar corporal, mental y espiritual. Desde la Psiquiatría y la Psicoterapia actuales, Boris Cyrulnik ha continuado transitando el camino abierto por Jung, Jaspers y Frankl.

 

 

Conceptos fundamentales

 

 

Los trastornos depresivos son un grupo de enfermedades psiquiátricas de origen multifactorial, que afectan especialmente la esfera emocional de la persona. Su semiología, en consecuencia, es rica en síntomas afectivos: tristeza, anhedonia, llanto fácil o incontrolable, labilidad afectiva, sensaciones de fracaso, impotencia, decaimiento, culpa, derrota, malestar o desesperanza, disforia, hipersensibilidad, nostalgia, remordimiento (tanto por lo que se hizo como por lo que se dejó de hacer), ansiedad, dolor (moral, psíquico y hasta físico) e inquietud psicomotora (o, por el contrario, enlentecimiento psicomotor). También hay sintomatología cognitiva (cogniciones negativas, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de fracaso, ideas de desesperanza, ideas de muerte, ideas de suicidio), volitiva (desmotivación, hipobulia, abulia), somática (cefalea, angina, dorsalgia, lumbalgia, prurito, diarrea o estreñimiento, fibromialgia) y relacional (irritabilidad, brusquedad en las respuestas, tendencia al aislamiento, y deterioro en el desempeño familiar, laboral, académico y social), por lo que se puede afirmar que en todo trastorno depresivo se da una afectación global (psíquica, física y espiritual) de la persona.

El diagnóstico de los trastornos depresivos es eminentemente clínico. Se llega a él a través del encuentro con el paciente y la correspondiente entrevista clínica semiestructurada. Hay unos signos y síntomas específicos, como los arriba mencionados, evidenciables en la entrevista psiquiátrica.

El paciente con Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Leve tiene ánimo triste, llanto ocasional, anhedonia, insomnio de conciliación, desánimo, disminución del apetito, ligero enlentecimiento de las funciones cognitivas, debilitamiento del juicio, ideas de minusvalía, bradipsiquia, bradilalia y ligera bradicinesia.

En el Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Moderado se encuentra la tristeza como emoción predominante (a veces en concomitancia con ansiedad), ganas de llorar frecuentes, sensación de vacío, anhedonia, insomnio y sueño fragmentado, hipobulia, hipodinamia, hipersensibilidad e irritabilidad (incluso por asuntos de poca monta), cansancio y falta de energía, falta de apetito, fallas en la atención, problemas para concentrarse, bradipsiquia, deterioro en el juicio y la toma de decisiones, dificultad para razonar correctamente, ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de muerte pasivas, bradilalia y bradicinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave sin Síntomas Psicóticos exhibe una tristeza desesperada, ansiedad marcada, llanto constante (y, con frecuencia, la sensación de sentirse peor después de haber llorado), anhedonia, sensación de vacío y fracaso existencial, insomnio (tanto de conciliación como de reconciliación) y sueño fragmentado, abulia, adinamia, franca disforia, cansancio, anergia, falta de apetito, fallas gruesas en la atención, la concentración y la memoria, bradipsiquia, juicio severamente comprometido por el estado afectivo, raciocinio alterado, toma de decisiones deteriorada, fijación en fracasos del pasado, autorreproches ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de muerte activas, ideas suicidas de estructuración variable (a veces francamente elaboradas), bradicinesia e incluso acinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Episodio Único Grave con Síntomas Psicóticos suele presentarse con una tristeza y un abatimiento profundos, signos físicos como la omega melancólica, las comisuras labiales hacia abajo o la postura cabizbaja por tener la mirada en el suelo, anhedonia, sensación de vacío y fracaso existencial, insomnio (tanto de conciliación como de reconciliación), abulia, adinamia, anergia, ausencia de apetito, fallas gruesas en la atención, la concentración y la memoria, bradipsiquia, juicio y raciocinio abolidos, estancamiento mental, incapacidad para tomar decisiones, fijación en tropiezos y pérdidas del pasado, vivencia del presente como un fracaso, autorreproches constantes y muchas veces injustos (por lo desmedidos y exagerados), ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de muerte activas, ideas suicidas estructuradas y acinesia. Pueden presentarse alucinaciones egodistónicas e ideas delirantes de corte depresivo.

En el Trastorno Depresivo Mayor Recurrente Episodio Actual Leve se encuentran dos o más episodios depresivos, mostrando el episodio actual ánimo triste, llanto ocasional, anhedonia, insomnio de conciliación, desánimo, disminución del apetito, ligero enlentecimiento de las funciones cognitivas, debilitamiento del juicio, ideas de minusvalía, bradipsiquia, bradilalia y ligera bradicinesia.

El Trastorno Depresivo Mayor Recurrente con Episodio Actual Moderado es un trastorno depresivo recurrente (ya se trata de más de dos episodios depresivos) que está presentando un episodio depresivo actual consistente en ánimo triste, anhedonia, llanto fácilmente provocado y/o frecuente, sensación de vacío, insomnio y sueño fragmentado, hipobulia, hipodinamia, hipersensibilidad e irritabilidad (incluso por asuntos de poca monta), cansancio y falta de energía, falta de apetito, fallas en la atención, problemas para concentrarse, bradipsiquia, deterioro en el juicio y la toma de decisiones, dificultad para razonar correctamente, ideas de minusvalía, ideas de inutilidad, ideas de muerte pasivas, bradilalia y bradicinesia.

Trastorno Depresivo Mayor Recurrente con Episodio Actual Grave es el trastorno depresivo recurrente que está cursando en el momento de la evaluación con ánimo triste, anhedonia, llanto espontáneo y frecuente, ideas de minusvalía, ideas de culpa, ideas de desesperanza, ideas de muerte, ideas de suicidio, insomnio marcado (usualmente de tipo mixto: tanto de conciliación como de reconciliación), bradipsiquia, bradilalia, bradicinesia, facies francamente depresiva con omega melancólica, astenia, abulia y adinamia. Puede también acompañarse de ideas delirantes, usualmente de corte nihilista o hipocondríaco, alucinaciones egodistónicas y en ocasiones inquietud o agitación psicomotora.

El Trastorno Depresivo Mayor Recurrente en Remisión es aquel trastorno depresivo recurrente adecuadamente controlado, y por lo tanto asintomático al momento de ocurrir la entrevista. 

Otros Trastornos Depresivos Recurrentes es la categoría diagnóstica utilizada para aquellos trastornos depresivos recurrentes que no cumplen con la totalidad de los criterios de los trastornos depresivos recurrentes anteriormente expuestos. 

La Distimia es un trastorno depresivo consistente en tener ánimo triste la mayor parte del día, la mayor parte de los días, durante más de dos años (por lo que lleva al establecimiento de una personalidad neurótica de corte depresivo, con marcado pesimismo y una forma negativa de ver la vida y el mundo).

El Duelo es un trastorno depresivo reactivo, secundario a una pérdida (y, por lo tanto, resulta normal y esperable la mayoría de las veces). Constituye una Reacción de Ajuste. Se habla de Duelo Patológico cuando es de una intensidad, una duración y una presentación clínica desmedidas.

El Trastorno Adaptativo de tipo Depresivo es un trastorno depresivo resultante de un estrés significativamente intenso o prolongado, que aparece dentro de los tres primeros meses de exposición a dicho factor estresante, con elevado malestar subjetivo y deterioro clínico evidenciable en una alteración del desempeño en las esferas personal, conyugal, familiar, laboral y/o social.

La oración, por otra parte, se ha definido como una experiencia privilegiada, en la que se da una conversación amistosa con Dios (un diálogo del hombre con el Creador), la cual consolida la buena relación con Él. Orar es estar en unión con el Señor dentro de las peculiaridades de cada uno (el Todopoderoso que ama a su criatura predilecta, y el ser humano débil pero esperanzado, que gracias a su fe sabe o al menos intuye que será escuchado).

Se han dado varias definiciones sobre la oración: la petición a Dios de bienes convenientes (san Juan Damasceno), un coloquio al mismo tiempo amistoso y humilde con el Señor (san Gregorio Nacianceno), una oportunidad de acercarse a quien es el Todopoderoso (san Juan Crisóstomo), un pensar en Dios con piedad y afecto humilde (san Agustín de Hipona), el piadoso afecto de la mente que piensa en Dios (san Buenaventura), la elevación de la mente a Dios para alabarlo y pedirle las cosas convenientes para la salvación eterna (santo Tomás de Aquino), un encuentro de amor con el Amado (san Juan de la Cruz), un abandono en los brazos de Dios (san Juan Pablo II), una oportunidad para renovar y revigorizar la fe (Benedicto XVI).

Es muy ilustrativa la comprensión (nítida y acertada, al mismo tiempo psicológica, antropológica y teológica) que tenía Benedicto XVI sobre la oración. Desde cuando era profesor de Teología. Joseph Ratzinger se centró en la vivencia del hombre orante. Algunos de sus hallazgos han sido estos: a) la oración es un estilo de vida que enseña a escuchar y acatar la palabra y la voluntad del Señor (a confiar en Él y a dejarnos conducir por Él); b) orar es hacer lo que Cristo ha querido enseñarnos: conectarnos con el Padre; c) la oración es un encuentro personal, íntimo y profundo, con un Dios amoroso que siempre está a la espera de poder amar a Su criatura; d) cuando la persona ora, entra en comunión con el Amor pleno, y aprende a amar; e) la oración como encuentro no la podemos circunscribir a una técnica, a un método o a una ceremonia: es la sintonía, en el pensamiento y en la voluntad, entre el ser humano y su Señor; f) orar no puede ser un acto interesado en el que a cambio de cumplir una serie de rituales se puedan esperar ciertos resultados, pues Dios no es manipulable ni comprable, y siempre están en juego la libertad y la gracia; g) rezar es un medio para acrecentar la unión con el Todopoderoso, que fortifica la fe y renueva la esperanza; h) aunque la criatura nunca podrá poseer por entero a su Creador, sí puede participar de la vida del Creador, conocerlo mejor y familiarizarse con Él a través de la oración; i) mediante la oración el corazón del hombre logra deshacerse de las preocupaciones del mundo; j) el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto: busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en todos los momentos de su vida; k) orar con fe y deseo de seguir la voluntad del Todopoderoso impide la degradación del hombre, le permite vivir con la mirada fija en Él, y lo salva de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas; l) rezar es un medio para avivar el deseo de estar cerca de Dios y vivir genuinamente los valores del Evangelio; m) la oración es una escuela de fe, esperanza y caridad; n) el que ora se transforma: le da cada vez más cabida al Señor en su vida, y aprende qué es lo que verdaderamente puede pedirle; o) rezar alivia el sufrimiento, nos alegra y nos hace libres ante la seducción de los falsos ídolos que han encandilado al mundo; p) la oración nos transforma en una permanente confesión de fe; q) cuando oramos asiduamente aprendemos a no anteponer nada al Amor; r) orar es alimentar la vida interior y aumentar la pertenencia al Señor; s) el que reza encuentra sostén en las situaciones difíciles de la vida.

Las finalidades y los tipos de oración pueden abarcarse en estos grupos: adoración, acción de gracias, petición, perdón y ofrecimiento. Todas las religiones presentes en el planeta fomentan al menos una de estas modalidades de contacto con lo sagrado. Las oraciones pueden ser novedosas, espontáneas, improvisadas y producto de la inspiración personal, o antiguas (como el Padre Nuestro, creada por el propio Jesucristo), inspiradas por el Espíritu Santo a los devotos especialmente cercanos a Dios, recitadas con fervor a lo largo de los siglos y constituyentes del tesoro de una tradición que nunca pasa de moda. En el cristianismo original (católico) ambas maneras de rezar son válidas. En el cristianismo ortodoxo, casi totalmente compatible con el catolicismo en cuanto al dogma, también. En las corrientes iniciales del protestantismo (luteranismo, calvinismo, anglicanismo), oraciones como el Padre Nuestro o el Gloria son claramente aceptadas. Dentro de los adeptos de las variopintas sectas derivadas de aquellas, muchos se resisten a las oraciones tradicionales; sin embargo, tan pronto conocen el origen bíblico de ellas, su resistencia cede un poco.

En el contexto colombiano, quienes se definen como creyentes son casi todos cristianos. El cristianismo católico, con 9 de cada 10 personas (90%), es dominante por amplia mayoría. Y casi la totalidad del 10% restante se divide entre las cada vez más numerosas ofertas del cristianismo protestante. Un pequeño porcentaje se identifica con algunas religiones de Lejano Oriente (especialmente budismo, taoísmo e hinduismo), pero son realmente escasos los colombianos que están oficialmente afiliados a ellas. Pensando en ello, entraron al estudio cuatro oraciones: el Padre Nuestro, el Alma de Cristo, la Coronilla de la Divina Misericordia y el Gloria.

 


Diseño del Estudio

 


Del universo estudiado (pacientes del Hospital Mental de Filandia y del Hospital San Juan de Dios) y la población seleccionada (aquellos pacientes que entre junio y diciembre de 2022 fueron atendidos por los autores del estudio, en el servicio de hospitalización de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios o en el servicio de consulta externa de Psiquiatría del Hospital Mental de Filandia), la muestra elegida (los pacientes mayores de edad que quisieron ingresar al estudio, dieron su consentimiento y cumplieron con los criterios de inclusión) tuvo la oportunidad de ser evaluada en al menos dos oportunidades, durante el semestre en el que se realizó la investigación.      

 


Tipo de Estudio

 


Se realizó una investigación cualitativa, con un modelo de estudio descriptivo tipo cohorte, evaluando durante 6 meses la evolución de cada paciente a través de entrevista clínica semiestructurada mensual, en mínimo 2 y máximo 6 entrevistas.

Cada entrevista tuvo una duración de al menos veinte minutos, y constó de los siguientes momentos: a) saludo; b) recolección de datos subjetivos (lo referido por el paciente y sus acompañantes) y objetivos (examen mental del consultante); c) confirmación (triangulada con sus acudientes) de que se estuvieran haciendo a diario todas las oraciones evaluadas en el estudio; d) redacción de la nota de control en la Historia Clínica; e) indicaciones, recomendaciones y signos de alarma.

 


Población

 


El Quindío llega ya a los 575.000 habitantes; la mayoría son de raza mestiza (57%) y blanca (28%), y el resto de raza mulata (10%), negra (4%) e indígena (1%). Se destaca como centro turístico y cafetero de Colombia. Sus municipios son: Armenia (ciudad capital), Calarcá, Filandia, Salento, Montenegro, Quimbaya, La Tebaida, Pijao, Génova, Córdoba, Buenavista y Circasia.

El Hospital Mental de Filandia es el principal hospital psiquiátrico del Quindío; cuenta con cuatro sedes (dos de las cuales están ubicadas en Armenia, y dos en Filandia), ofrece los servicios de consulta externa y hospitalización por Psiquiatría, fue fundada en 1969 y desde 2021 atiende alrededor de 4.500 pacientes al año.

El Hospital San Juan de Dios es el hospital general más grande del Quindío; se encuentra entre los límites de los barrios El Nogal y El Retiro en la ciudad de Armenia, es una institución de tercer nivel de complejidad y cuenta con servicios de Urgencias, Hospitalización, Unidad de Cuidado Intensivo y Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal, fue fundado en 1911 y desde 2021 atiende aproximadamente 30.000 pacientes al año.

En este estudio participaron 620 pacientes, pertenecientes al servicio de hospitalización en Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios o al servicio de consulta externa del Hospital Mental de Filandia. Todos ellos fueron pacientes procedentes de Armenia (ciudad capital), Calarcá, Filandia, Salento, Montenegro, Quimbaya, La Tebaida, Pijao, Génova, Córdoba, Buenavista o Circasia (es decir, todos ellos tienen su domicilio en el departamento del Quindío).   

 


Criterios de Inclusión

 


Entraron a la investigación los pacientes que tuvieran estas características: a) estar en el servicio de hospitalización de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios, o en el servicio de consulta externa de Psiquiatría del Hospital Mental de Filandia; b) no estar tomando ningún tipo de psicofármaco (para que los resultados clínicos fueran claramente achacables a la intervención investigada, y no a otras intervenciones o tratamientos); c) no estar recibiendo ningún tipo de psicoterapia diferente a Psicoterapia Formativa, por Psiquiatría o por Psicología (también con el objetivo de que los resultados clínicos fueran claramente derivados de la intervención investigada, y no a otras intervenciones o tratamientos); d) no estar recibiendo ningún tipo de tratamiento por terapia ocupacional por algún profesional de esta profesión (con el fin de evitar que otras intervenciones pudieran alterar el resultado); e) tener más de 18 años (ser mayor de edad en la República de Colombia); f) no tener algún tipo de retraso mental, discapacidad cognitiva o trastorno del desarrollo (condiciones que podrían alterar el curso clínico o los resultados); g) no tener algún tipo de enfermedad psiquiátrica grave como Esquizofrenia, Trastorno mental y del comportamiento secundario a lesión/disfunción cerebral, Demencia, Trastorno de Esquizoafectivo, Trastorno Afectivo Bipolar, y Trastorno mental y del comportamiento secundario a uso de sustancias psicoactivas (condiciones que podrían alterar el curso clínico, los resultados o el seguimiento de cada paciente a lo largo del año de estudio); h) haber asistido a alguno de los dos hospitales entre el primero de junio de 2022 y el 31 de diciembre de 2022; i) haber dado su consentimiento para hacer parte del estudio.

 

 

Criterios de Exclusión

 

 

No entraron a la investigación los pacientes que tuvieran estas características: a) tener citas con otros profesionales de la Salud Mental; b) recibir cualquier tipo de psicofármaco; c) recibir cualquier tipo de psicoterapia diferente a la Psicoterapia Formativa, por Psiquiatría o por Psicología; d) recibir cualquier tipo de terapia ocupacional por algún profesional de esta profesión; e) tener menos de 18 años (ser menor de edad en la República de Colombia); f) tener algún tipo de retraso mental, discapacidad cognitiva o trastorno del desarrollo; g) tener algún tipo de enfermedad psiquiátrica grave como Esquizofrenia, Trastorno mental y del comportamiento secundario a lesión/disfunción cerebral, Demencia, Trastorno de Esquizoafectivo, Trastorno Afectivo Bipolar, y Trastorno mental y del comportamiento secundario a uso de sustancias psicoactivas.

 

 

Intervención

 

 

Los 620 pacientes que quisieron participar en el estudio tenían estas características: a) 471 eran de raza mestiza, 109 de raza blanca, 32 mulatos y 8 de raza negra; b) todos tenían edades comprendidas entre los 18 y los 69 años; c) eran 290 de sexo masculino y 330 de sexo femenino; d) 16 de ellos pertenecían al estrato socioeconómico 6 (clase alta), 54 al estrato socioeconómico 5 (clase acomodada), 210 al estrato socioeconómico 4 (clase media), 203 al estrato socioeconómico 3 (clase media), 120 al estrato socioeconómico 2 (clase baja) y 33 eran de estrato socioeconómico 1 (población muy vulnerable); e) todos ellos tenían al menos un diagnóstico de trastorno depresivo. En cuanto a la filiación religiosa, 501 eran cristianos católicos, 109 eran cristianos protestantes (de variadas denominaciones), 4 eran agnósticos y 6 eran ateos.

A los 620 pacientes que quisieron participar en el estudio, dieron su consentimiento y cumplieron con los criterios de inclusión, se les dijo que implementaran estas oraciones todos los días: a) en la mañana, al despertar, el Alma de Cristo; b) a las tres de la tarde, la Coronilla de la Misericordia; c) antes de acostarse a dormir, un Padre Nuestro y un Gloria.

Con dicho esquema se logró el objetivo de no herir susceptibilidades ni violentar la fe de los pacientes que participaron del estudio, pues se eligieron cuatro oraciones antiguas compatibles con todos los subtipos de cristianismo (el Alma de Cristo, el Padre Nuestro, la Coronilla de la Divina Misericordia y el Gloria). Con respecto a las formas tradicionales de oración, se les explicó a todos los pacientes el por qué el Alma de Cristo y la Coronilla de la Divina Misericordia eran claramente cristocéntricas; asimismo, se les señaló el Padre Nuestro como la oración enseñada por Cristo como ejemplo perfecto para acercarse al Padre, y el Gloria como un reconocimiento a las tres Sagradas Personas: Padre, Hijo (Jesucristo) y Espíritu Santo. Al mostrarles el fundamento bíblico de todas las oraciones, la totalidad de los pacientes cristianos no católicos aceptó hacerlas, aunque sin mayor entusiasmo y sin esperar mayor cosa de ellas. Los pacientes agnósticos y ateos no tuvieron problema con realizarlas, pues dijeron que se habían enrolado en el estudio por curiosidad y estaban completamente abiertos a lo hacer lo que se les indicara.

A aquellos pacientes que no conocían alguna(s) de estas oraciones, se les entregó un modelo impreso con cada una de dichas oraciones.

Se monitoreó a lo largo del semestre al menos en dos ocasiones a cada uno de los pacientes, a través de entrevista presencial o telefónica (control por teleasistencia o teleexperticia), para cerciorarnos de que los creyentes no católicos o los no creyentes no se fueran a sentir incómodos o molestos en ningún momento de la investigación, por tener que realizar oraciones católicas, y para constatar que sí estuvieran haciendo la totalidad de las oraciones a lo largo del día, todas las semanas.

El hecho de que 119 de los 620 enrolados en el estudio hicieran oraciones tradicionales del catolicismo sin pertenecer a dicha confesión religiosa resultó ser interesante para la investigación, puesto que permitió escudriñar si la oración en sí misma era útil para los pacientes con trastornos depresivos, aún sin el respaldo afectivo, sin la congruencia ideológica y sin la sugestión como motores de mejoría sintomática. 

 

 

Resultados

 

 

De los 620 pacientes que participaron en el estudio, 617 evidenciaron una ostensible mejoría clínica, tanto a nivel subjetivo como a nivel objetivo (entrevista clínica semiestructurada); dentro de ellos estuvieron todos los no creyentes (pacientes agnósticos y ateos).

Sólo 3 de los participantes manifestaron que no observaron una mejoría sustancial, pero tampoco exacerbación o recrudecimiento de sus síntomas. Expresaron que lograron sentirse mejor, más esperanzados, y que definitivamente, la oración alejó las ideas tanáticas pasivas (el quererse morir, pero no por suicidio sino presentando una muerte repentina, preferiblemente al dormir). Se trató de tres pacientes femeninas, de 19, 24 y 28 años de edad, dos de ellas de confesión cristiana católica y una de ellas de confesión cristiana protestante, que presentaban múltiples estresores psicosociales (disfunción de pareja, disfunción familiar, desempleo y diagnóstico médico reciente) concomitantes con su cuadro clínico.

Ningún paciente señaló un retroceso clínico o empeoramiento de su sintomatología con la intervención estudiada (oración).

Todos los pacientes manifestaron que orar los hizo sentir mejor, más calmados y serenos. Asimismo, relataron que rezar a diario disminuyó en menos de una semana la intensidad de sus síntomas depresivos, mejoró su autoestima, incrementó su esperanza, infundió confianza en que las cosas mejorarán en un futuro, amortiguó la severidad de los síntomas depresivos, hizo que lograran la remisión clínica en menos de una semana, y aumentó la sensación de bienestar en todos ellos.

En sólo tres de los participantes no cambió el diagnóstico, porque no se redujeron ostensiblemente los síntomas tras seis meses de intervención (oración). En todos los demás, se vio un cambio clínico tan notorio que se vio un descenso en la severidad de la categorización nosográfica: 496 de los 620 pacientes pasaron de tener Episodio Depresivo Moderado a Episodio Depresivo Leve, y 124 pacientes dejaron de tener criterios diagnósticos compatibles con Distimia al finalizar el estudio.

 

 

Conclusiones

 

 

1. En esta investigación, se encontró que la oración es útil para disminuir ostensiblemente la sintomatología depresiva en la casi totalidad (617 de 620) de los pacientes estudiados.

2. Se evidenció que la oración aumenta la autoestima y hace sentir muy bien a la casi totalidad de los pacientes estudiados.

3. El estudio mostró que la oración disminuye la severidad del cuadro clínico en los distintos trastornos depresivos.

4. En línea con lo anterior (disminución de la sintomatología depresiva, aumento de la autoestima, sensación de bienestar, disminución de la severidad del cuadro clínico), es también posible que la oración disminuya la posibilidad de que las personas que tengan algún trastorno depresivo cometan suicidio. Sin embargo, se requiere de un ulterior estudio con una muestra más grande y con población más comprometida a nivel clínico (con trastornos depresivos graves y con ideación suicida activa) para constatar esta hipótesis. El asunto es que, en estos escenarios, el uso concomitante de psicofármacos será inevitable, por lo que sería apropiado un diseño que cubra dicha contingencia.

5. Este trabajo constató algo que muchos investigadores ya habían conceptualizado en años anteriores: que la oración es un factor decisivo para optimizar la salud mental, la autoestima, el bienestar y la calidad de vida. También corroboró los hallazgos que uno los autores había publicado en 2021.

6. Esta investigación corroboró lo que otras investigaciones similares habían encontrado: rezar es, en líneas generales, un hábito benéfico para la salud.

7. Esta exploración demostró que los efectos benéficos de la oración son independientes de las creencias religiosas o la filiación religiosa del paciente.

8. Resultó interesante que aún los pacientes agnósticos o ateos puedan sacar provecho de la oración, al menos en términos de reducción de la severidad de los síntomas depresivos. Deberán realizarse estudios posteriores, con muestras mayores, para esclarecer este fenómeno.

9. La oración demostró ser un factor positivo y saludable en la población estudiada (asistentes a la consulta externa de Psiquiatría del Hospital Mental de Filandia u hospitalizados en el servicio de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios de Armenia, en los meses comprendidos entre junio de 2022 y diciembre de 2022, que cumplieran con los criterios de inclusión). Será muy interesante realizar otros estudios similares en otros sectores poblacionales para observar el impacto de dicha intervención (la oración diaria y constante) en la salud mental de la población general.

 

 

Bibliografía

 

Adler, A. (1973). El sentido de la vida. Barcelona: Editorial Luis Miracle.

Almendro, M. (1995). Psicología y Psicoterapia Transpersonal. Barcelona: Kairós.

Aquino, T. (2014). Summa Teológica. Pasajes filosóficos esenciales. Madrid: Tecnos.

Audi, R. y Wosteltorff, N. (1997). Religion in the Public Square. Lanham: Rowman and Littlefield Publishers.

Balmes, J. (2005). Cartas a un escéptico en materia de religión. Barcelona: Lingkua.

Benedicto XVI (2005). Deus caritas est (Dios es Amor). Roma: Libreria Editrice Vaticana.

Benedicto XVI (2007) Roma: Libreria Editrice Vaticana.

Benedicto XVI (2009). Caritas in Veritate (La Caridad en la Verdad). Roma: Libreria Editrice Vaticana.

Bosco, J. (2011). Memorias del Oratorio. Madrid: CCS Ediciones.

Bosco, J. (2012). El sistema preventivo en la educación de la juventud. Madrid: CCS Ediciones.

Calasanz, J. (1956). Epistolario. Roma: Ediciones Hermanos Escolapios.

Calasanz, J. (2011). Instrucciones a los maestros. Roma: Ediciones Hermanos Escolapios.

Campbell, J.J. (2019). El héroe de las mil caras. Gerona: Atalanta Ediciones.

Campos Vargas, D.A. (2017). Aportes teológicos de los Padres de la Iglesia. Armenia: SPF Ediciones.

Campos Vargas, D.A. (2020). Fundamentos de Psicoterapia Formativa. Armenia: SPF Ediciones.

Campos Vargas, D.A. (2021). Psicoterapia Formativa en Tiempos de Crisis. Armenia: SPF Ediciones.

Campos Vargas, D.A. (2021) Impacto clínico de la oración en pacientes con trastornos depresivos que asistieron a la consulta externa de una institución pública del Quindío entre julio de 2020 y julio de 2021. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, noviembre de 2021.

Champagnat, M. (2014). Cartas y discursos. Roma: Instituto de los Hermanos Maristas.

Champetier, B. (2021). Las frases sanadoras. Madrid: Instituto de Constelaciones Familiares.

Cicerón, M.T. (2013). Sobre la naturaleza de los dioses. Seattle: CreateSpace Publishing Platform.

Clasificación Internacional de Enfermedades, décima revisión (CIE 10). (2020). Organización Mundial de la Salud. Ginebra: OMS – WHO

Claret, A.M. (2021). Obras completas. Madrid: Editorial Misioneros Claretianos.

Daniels, M. (2008). Sombra, Yo y Espíritu. Ensayos de Psicología Transpersonal. Barcelona: Kairos.

Erikson, E. (1972). Sociedad y Adolescencia. Buenos Aires: Paidós.

Erikson, E. (1974). Identidad, juventud y crisis. Buenos Aires: Paidós.

Erikson, E. (1983). Infancia y Sociedad. Buenos Aires: Paidós.

Erikson, E. (2000). El ciclo vital completado. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

Fizzoti, E. y Salustri, M. (2007). Psicología de la Religión. Barcelona: Editorial Claret.

Frankl, V. (1987). El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (1999). El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano. Barcelona: Editorial Herder

Frankl, V. (2003). Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Editorial Herder.

Gallego, S. (1996). San Juan Bautista La Salle: vida y pensamiento. Madrid: BAC Editorial.

Grün, A. (2012). Los sueños de la vida. Bilbao: Desclée de Brower.

Grün, A. (2012). El espacio interior. Bilbao: Desclée de Brower.

Grün, A. (2012). Los gestos de la oración. Bilbao: Desclée de Brower.

Grün, A. (2014). En camino hacia la libertad. Bilbao: Desclée de Brower.

Hellinger, B (2019). Psicoterapia y religión. Madrid: Instituto de Constelaciones Familiares.

Jung, Carl Gustav (1999). Obra Completa. Madrid: Trotta.

Kübler-Ross, E. (1993). Sobre la muerte y los moribundos. Madrid: Grijalbo.

Kübler-Ross, E. (2011). La muerte: un amanecer. Madrid: Planeta.

Lacan, J. (2005). El triunfo de la religión. Buenos Aires: Paidos.

Lactancio (1990). Instituciones divinas. Madrid: Gredos.

Mafla Terán, N (2013). Función de la religión en la vida de las personas según la psicología de la religión. Bogotá: Theologica Xaveriana.

Marcel, G. (1971). Incredulidad y fe. Madrid: Guadarrama.

Maritain, J. (1967). Cristianismo y Democracia. Buenos Aires: Editorial La Pléyade.

Mill, J.S. (2009). La utilidad de la religión. Madrid: Alianza.

Montessori, M. (1948). Ideas generales sobre mi método. Buenos Aires: Losada.

Paerson, C. (1992). Despertando los héroes interiores. Madrid: Editorial Mirach.

Platón (2003). Diálogos. Madrid: Gredos.

Ratzinger, J. (1989). Oratonis formas. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.

Ratzinger, J. (2007). Fe y Futuro. Cristianismo y Sociedad. Bilbao: Desclee de Brower.

Ratzinger, J. (2013). Teoría de los principios teológicos. Barcelona: Herder.

Sálesman, E. (2007). San Juan María Vianey. Bogotá: Editorial San Pablo.

Sálesman, E. (2009). El Padre Pío. Bogotá: Editorial San Pablo.

Sálesman, E. (2010). San Francisco de Sales. Bogotá: Editorial San Pablo.

Sálesman, E. (2012). San Antonio de Padua. Bogotá: Editorial San Pablo.

Sálesman, E. (2014). Vidas de Santos. Bogotá: Editorial San Pablo.

Schleiermacher, F.D. (1990). Sobre la religión. Madrid: Editorial Tecnos.

Sutich, A. y Viches, M. (1969). Reading son Humanistic Psychology. New York: The Free Press.

Sutich, A. (1976). The founding of humanistic and transpersonal psychology. San Francisco: Institute of  Humanistic Psychology.

Vergote, A. (1975). Psicología religiosa. Madrid: Taurus Ediciones.

Wittgenstein, L. (2003). Investigaciones Filosóficas. Ciudad de México: UNAM Ediciones.

Wosteltorff, N. (2009). Inquiring about God: selected essays. Cambridge: Cambridge University Press.

Wulff, David M. (1991). Psychology of Religion: Classic and Contemporary Views. New York: John Wiley & Sons.

 

 

David Alberto Campos Vargas

Médico cirujano, Pontificia Universidad Javeriana

Especialista en Psiquiatría, Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo, Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra, Pontificia Universidad Católica de Chile

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Filósofo, Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo, Obispado Castrense de Colombia

Fundador de la Psicoterapia Formativa

Profesor, Universidad del Quindío – VitalCare

 

Ana Ximena Murillo Mosquera

Médica cirujana, Universidad del Quindío

Especialista en Psiquiatría, Universidad Militar Nueva Granada

Psiquiatra de Enlace, Pontificia Universidad Javeriana

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Profesora, Universidad del Quindío

 

Maria Camila Aristizábal Urina

Médica, Universidad Alexander von Humboldt

Estudiante – Sociedad de Psicoterapia Formativa

 

Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A., Murillo Mosquera A.X., Aristizábal Urina, M.C. (2023) Impacto clínico de la oración en pacientes con trastornos depresivos, medido entre junio y diciembre de 2022 en dos instituciones hospitalarias del Quindío. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, enero de 2023.

 

 


lunes, 1 de agosto de 2022

PSICOTERAPIA FORMATIVA EN EL NOVIAZGO, por David Alberto Campos Vargas

 

PSICOTERAPIA FORMATIVA EN EL NOVIAZGO

 

David Alberto Campos Vargas*


1

 

Cada pareja es un dinamismo hacia la plenitud existencial. La psicoterapia formativa entiende al noviazgo como escuela de amor, y asume que Dios (el Amor total) llama a vivir la vida de pareja a partir de unos valores trascendentes, superando los intereses materialistas y hedonistas y la banalidad de la cultura light.

Es innegable la base natural, biológica e instintiva de la atracción. Todo nace ahí. Esa chispa, esa sensación energética especial que genera el conocer a la persona con la que se desea formar pareja. Pero ese apenas es el primer paso. Es un grave error creer que la relación se puede quedar ahí, en la simpatía y el interés físico. Quienes caen en dicha trampa, quedan empantanados en un círculo vicioso de animalidad, sufrimiento, deseo, urgencia, inseguridad y sintomatología psiquiátrica variopinta e inagotable.

El siguiente nivel consiste en entender que debe dársele una mística especial a la relación: del simple gusto entre dos personas se debe llegar a la conciencia de que se necesitan un hombre nuevo y una mujer nueva, dispuestos a amar, compartir y madurar. De la pulsión básica llegamos entonces al compromiso de una relación de adultos, en la que la búsqueda de la felicidad propia va unida a la búsqueda de la felicidad del otro.

En consecuencia, en el proceso terapéutico se han de cultivar el estar atento al otro (escucharlo, acogerlo), aceptarlo en sus aspectos positivos (dejándole vivir su singularidad, sus valores y su proyecto de vida, sin tratar de anularlo, someterlo o desdibujarlo) y acompañarlo en sus luchas por corregir y mejorar sus aspectos negativos. Es decir, los novios deben estar dispuestos a morir juntos a lo viejo (el egoísmo, las pataletas, la pretensión de que el mundo se debe acomodar al individuo, y otras conductas infantiles) para resucitar a lo nuevo (asumir la realidad del otro amándolo, creyendo que siempre es posible mejorar y vivir más plenamente el Evangelio).

En virtud de la transferencia positiva, la alianza terapéutica, la fuerza del vínculo y la sinergia paciente-terapeuta, tanto los novios como el psicoterapeuta formativo irán aprendiendo a ser cada vez más generosos (a darse sin reservas y sin interrupciones), a ser más empáticos (librándose de la instrumentalización de la pareja y del vivir en función de sí mismos), a abrir el corazón en las pequeñas y en las grandes cosas, a descubrir y reconocer bondad en el otro, a cultivar la asertividad y la amabilidad en las interacciones, a gestionar las emociones de forma cada vez más apropiada y adecuada.

Pero ahí no termina el avance. La pareja que inicia un proceso de psicoterapia formativa entiende que Dios (el Amor) se da/se dona, y que se trata de imitarlo en el amor generoso de pareja. Por Dios, el Amor, el hombre es. Es el amor lo que nos hace ser y existir. El ser humano no podría ser sin amor. Donarse al otro, y acoger el don del otro (recibir a la persona del otro, sin prejuicios, sin sospechas: como ese prójimo al que Jesús nos enseñó a amar), debe llevar a la dicha del ser y existir en plenitud.

 

2

 

Pero hay también días de borrasca. El noviazgo implica compromisos: fidelidad, lealtad, vivir pendiente del otro, ser cada vez más detallista, pensar en términos de pareja sin renunciar a las metas que cada uno tiene como individuo, perdonar, incrementar la tolerancia y la paciencia, aceptar concesiones, hacer esfuerzos de toda índole. Y, a veces, dichos compromisos pueden agotar (especialmente a quien está viviendo su primer noviazgo maduramente).

Lo primero es saber que “crisis” no significa “ruptura”. Los problemas surgen inevitablemente, como en toda relación. Pero, salvo un escollo grave (violencia y otras formas de maltrato, físico o verbal; infidelidad; engaño; desfalco o estafa; conducta irresponsable que ponga en riesgo la vida del otro), los novios deben perdonar, permanecer y perseverar. De eso se trata el amor. No hay un prójimo perfecto, pues la perfección es un atributo exclusivo de Dios. Lo que hay es una persona humana, con todas sus luces y sombras (logros, fracasos, habilidades, taras, aprendizajes y deficiencias); en consecuencia, hay que comprender y ayudar con ternura, cuando se descubran sus debilidades y flaquezas.

Resulta fundamental reconocer lo que se hace bien en pareja, y verbalizarlo. De este modo, lo imperfecto no empaña lo que los novios han construido. El psicoterapeuta formativo sabe que ellos son los protagonistas, pero participa activamente en esa triada terapéutica, y contribuye con su saber de distintas maneras: elogia lo que hacen correctamente, recuerda las veces en las que ellos han superado otros problemas, trae a colación anécdotas y experiencias de su propia vida de pareja que puedan serles de utilidad, estimula a cada novio a tender puentes, vibra y los mueve a expresar (con asertividad, claridad y precisión) qué puede ser mejorado o transformado.

Si hay desavenencias, la psicoterapia debe sembrar semillas de paz y diálogo. Todos tienen que saber que con amor se ayuda a curar y a crecer, y que tienen la tarea de llevarse mutuamente a la plenitud. No sirve atrincherarse en posturas defensivas, ni hacer proyecciones (poniendo en el otro lo que corresponde a uno), ni mucho menos quedarse en una posición de rencor o de reversión de la perspectiva. En cada sesión se debe recordar que el amar conlleva a una donación tierna y leal, constante, en la que se comparten tareas y trabajos, en la que crecen y se potencian ambos miembros de la pareja.

El tratante ha de fomentar todos los caminos y estrategias que ayuden a los novios a establecer una relación de equilibrio, respeto, sencillez y comunión. Entre todos deben alentar y desarrollar la gratitud (por lo que el noviazgo significa y la plenitud que permite, por lo que produce el amor, por lo que la vida de pareja ha llegado a despertar, por lo que el otro ha hecho en términos de esfuerzos, sacrificios, superaciones, logros y perfeccionamientos), agradeciendo a Dios por la dicha de haber recibido el don del otro.

Frente a las dificultades, los novios deben recurrir al Señor, fuente imperecedera de toda fuerza y de todo poder. La oración individual y en pareja les dará serenidad y mente lúcida, capacidad para reflexionar y discernimiento para esclarecer cada vivencia.

 

3

 

En cuanto a la sexualidad, el noviazgo permite comprender que lo masculino y lo femenino se complementan y potencian en una conjunción que crea una nueva entidad: el ser pareja, el ir juntos, captando la grandeza de ser hombre y de ser mujer, valorando las diferencias y superando los prejuicios que el machismo y el hembrismo han sembrado en el inconsciente colectivo.

La vida sexual en el noviazgo está encaminada a la comunión entre los cuerpos, al gozoso descubrimiento del otro, a la potenciación de la ternura, a la consolidación de la identidad sexual (y con ello, al cohesionamiento del sí-mismo). Es de las cosas más bellas y gratificantes, pues la vivencia satisfactoria del encuentro sexual fortifica y reafirma la satisfacción de ser hombre y de ser mujer en cada integrante de la pareja. Como preparación para la sexualidad del matrimonio, va permitiendo “ser para el otro” (el hombre para su mujer, la mujer para su hombre) superando el “ser para sí mismo” típico del narcisismo de la niñez y la adolescencia.

Además de ser un llamado a la comunión y un paso en el camino hacia la plenitud de la existencia, la aventura exploratoria de la sexualidad entre novios refuerza el placer de estar y compartir en pareja, favorece el crecimiento mutuo, mejora el estado de ánimo, permite la expresión de amor, previene la aparición de trastornos de ansiedad, ayuda a superar el estrés, se constituye en expresión de amor, da placer y gratificación, enriquece el intercambio al interior de la pareja, corporaliza la aceptación y la acogida del otro, reafirma los otros gestos de cariño y bondad por el otro, permite el sentirse aceptado, querido y único.

Esta sexualidad entre novios incluirá los flirteos, las salidas, los momentos de coquetería y las citas propiamente dichas, así como los besos, los abrazos, las caricias y otros momentos cargados de magia (juegos, encuentros furtivos, bailes, etcétera). Es decir, será una sexualidad no genital (no coital). Lo idóneo es que la sexualidad genital se dé sólo en el matrimonio, o por lo menos, en las etapas finales del noviazgo (cuando ya no se habla simplemente de novios, sino de prometidos), como una preparación para la vida sexual matrimonial. Es un hecho que la mayoría de las personas adultas hubieran querido iniciar su sexualidad coital con la persona con la que llegaron a casarse, y vivir el inicio de la genitalidad de manera menos chabacana, traumática y banal a como usualmente se hace. Casi todos hubieran querido su “primera vez” mucho más romántica, memorable, significativa y hermosa que la que tuvieron, y ojalá en el marco de una unión sacramentada y un compromiso serio. De otro lado, gran cantidad de momentos de zozobra, carreras frustradas y embarazos no deseados en niñas y adolescentes, derivan de que muchas parejas de novios sean sido incapaces de diferir el coito hasta la adultez y el matrimonio.

Ahora bien, si se da también la vida genital en el noviazgo, resulta útil que la pareja sea muy consciente de los riesgos que está corriendo, y se asesore médicamente. Planificar con métodos anticonceptivos adecuados, idealmente combinados (por ejemplo, método hormonal sumado a método de barrera) es la mejor manera de prevenir tanto un embarazo infanto-juvenil como la atrocidad de un aborto (que no es más que el asesinato de un ser humano completamente indefenso y vulnerable). Y, por supuesto, además de protegerse, vivir la coitalidad en espíritu de monogamia, manteniendo la fidelidad a toda costa, haciendo de esa comunicación corporal una ofrenda y una auténtica celebración del amor de pareja.

 

4

 

El noviazgo es también un bonito entrenamiento que ayuda a cimentar la espiritualidad conyugal posterior. Ahí se aprende a orientar la vida hacia Dios a partir del hecho de vivir de a dos, gozando la vivencia del amor humano pleno inspirado en el amor divino. Ser novio o novia es abrirse a la posibilidad de entender que hombre y mujer están hechos para amarse, ayudarse, complementarse y cuidarse mutuamente, para ser reflejo del amor infinito del Señor (que se sirve de esta realidad natural para irradiar Su amor).

El psicoterapeuta formativo ha de ser muy respetuoso con las creencias de los novios. Por lo general, los adolescentes son agnósticos o por lo menos sumamente críticos con todo tipo de corrientes religiosas. Lo importante es que descubran, en completa libertad, que Dios habita y transfigura el amor de pareja (la forma de amor humano que el Sumo Bien escoge para mostrarnos cómo es el amor que Él tiene por la Humanidad), y que el noviazgo está llamado a ser presencia y síntesis de todas las otras expresiones de amor humano.

Dicho fortalecimiento de la vida espiritual debe dar otros frutos, igualmente deseables: mantener viva la admiración y el cuidado del uno por el otro, incentivar el cultivo del ser y el perfeccionamiento de ambos, dar la posibilidad de ser cada día “nuevos” (mejores), permitir la transformación progresiva de la conducta para dar respuesta a las necesidades verdaderas del otro, elicitar comportamientos positivos y benéficos (mirarse con cariño, descubriendo cada vez más lo mejor del otro; aprender a perdonar cada vez más fácil; verbalizar todas las cosas buenas que se van haciendo cada vez más patentes en la vida de pareja; bendecirse; divertirse juntos), compartir y dialogar a diario, hacer de la bondad una norma de vida, tener empatía y misericordia en cada interacción.

Descubriendo/expresando el amor hasta en las cosas más pequeñas, los novios irán cimentando una religiosidad fecunda (que trasciende las simples muestras externas de piedad, los rituales y la fachada ceremoniosa), con plena confianza en la providencia de Dios. Haciendo ejercicios espirituales, oración, convivencias y retiros espirituales en pareja, lograrán dejarse transformar, como pareja, por el Amor Perfecto. En consecuencia, detectarán a tiempo qué preocupa o causa sufrimiento al otro, y ayudarán a corregir la situación lo más pronto posible, venciendo caprichos, negligencias y otras manifestaciones de egoísmo. Es decir, discernirán el querer de Dios para el servicio y el acompañamiento mutuos, lejos del narcisismo y de cualquier tipo de inflación psíquica.

La espiritualidad en el noviazgo es también ir encontrando cada vez nuevas alegrías, compartiendo el camino mientras se saborea, darse siempre nuevas oportunidades (pues la buena vida religiosa va de la mano con el saber que siempre hay lugar para el perdón, la comunión y el perfeccionamiento). puede mejorar, convertirse, perfeccionarse.

 

5

 

Con la psicoterapia formativa aflorará lo mejor al interior de la pareja de novios, y ellos irán logrando: a) expresar con palabras, gestos y actitudes, ese amor generoso y completo al que los invita Dios, Sumo Bien y Amor Pleno; b) hacer de cada día una celebración, un oasis, un ágape; c) comprometerse con causas y movimientos nobles, contribuyendo con sus recursos (no sólo económicos, sino también intelectuales, emocionales, éticos y de personalidad) a la construcción de un mundo bello, justo y en paz; d) vivir en el amor, por el amor y para el amor, siendo luminosos en medio de una sociedad que le apuesta a la oscuridad, siendo grandes frente a una cultura light intoxicada de materialismo, hedonismo y superficialidad; e) abrirse a los demás con amor solidario y ayuda efectiva, para compensar la mezquindad y el individualismo imperantes.

Ese amor irá encendiendo la fe. Y será una fe potente, vigorosa, hecha para encender sus corazones en deseos de cambiar el mundo y anticipar algo de la bienaventuranza y la justicia del Reino de los Cielos. Los novios se lanzarán entonces a una actividad coherente y organizada de apoyo a todos los que estén afligidos, necesiten cooperación o sean discriminados. Su cotidianidad estará llena de audacia para ayudar, coraje para cambiar lo que debe ser cambiado (los males que aquejan al hombre, especialmente la violencia), y eficacia en la construcción de una nueva realidad (pacífica, armónica y justa).

Y ese amor y esa fe, traerán esperanza. Lejos de la desesperanza y sus ramificaciones (la inercia, el derrotismo y la pusilanimidad), que suelen estancar hasta a los mejor intencionados, la pareja tendrá confianza y certidumbre en su misión, sabrá cuidarse y sabrá cuidar, emprenderá sus acciones con determinación y logrará múltiples victorias en todos los escenarios en los que se desenvuelva, porque ver a una pareja que se ama y quiere transmitir su amor a todas las demás personas, resulta francamente inspirador. 

Llenos de fe, amor y esperanza en un mundo mejor, los novios aprenderán a ser cada vez más hospitalarios y abiertos, más sensibles frente al sufrimiento humano, más valientes a la hora de luchar contra todos los tipos de injusticia, más solidarios y dispuestos a compartir sus bienes, recursos y talentos. Y compensarán con creces el triste espectáculo de tantas parejitas egoístas y encerradas en sí mismas, atrapadas por la indolencia y la indiferencia.

 

Referencias

 

Benedicto XVI (2005). Dios es Amor. Roma: Editorial Vaticana.

Burgos Velasco, J.M. (2012). Introducción al Personalismo. Madrid: Ediciones Palabra.

De Mello, A. (2003). Obras Completas. Camargo: Sal Terrae.

De Mello, A. (1991). Una llamada al amor. Camargo: Sal Terrae.

Mandino, O. (1990). Una mejor manera de vivir. Ciudad de México: Diana.

Maritain, J. (2001). Humanismo integral. Madrid: Ediciones Palabra.

Mounier, E. (1994). El Personalismo. Bogotá: El Búho.

Mounier, E. (1967). Manifiesto al servicio del Personalismo. Madrid: Taurus.

Wojtyla, K. (2013). Amor y responsabilidad. Madrid: Ediciones Palabra.


David Alberto Campos Vargas

Médico cirujano - Pontificia Universidad Javeriana.

Especialista en Psiquiatría - Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo - Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra - Universidad Católica de Chile

Filósofo - Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo – Obispado Castrense de Colombia


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2022) Psicoterapia Formativa en el Noviazgo. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, agosto de 2022.

miércoles, 6 de julio de 2022

PSICOTERAPIA FORMATIVA DE GRUPO, por David Alberto Campos Vargas


PSICOTERAPIA FORMATIVA DE GRUPO


David Alberto Campos Vargas, MD*


Introducción


La psicoterapia formativa también puede hacerse en un formato de grupo. Sus objetivos, alcances y herramientas son los mismos, aunque el esquema general varía atendiendo a las peculiaridades propias de este tipo de psicoterapia.

Mi experiencia con la psicoterapia formativa de grupo se remonta a 2015, cuando empecé a trabajar con pacientes que estaban en proceso de rehabilitación de drogodependencia. En 2016, inicié a trabajarla también con los pacientes hospitalizados en instituciones psiquiátricas. A partir de 2017, la empecé a realizar también con pacientes con infección por VIH (virus de inmunodeficiencia humana), estudiantes universitarios, pacientes con cardiopatías y miembros de la Sociedad de Psicoterapia Formativa. Y desde 2021, con organizaciones de distintos campos (empresas, grupos académicos, equipos deportivos, condominios, vecindarios y grupos parroquiales).

Creo firmemente en la utilidad de los procesos grupales, por su formato especial (que permite movilizar fenómenos psíquicos positivos con gran intensidad, situación muy provechosa para quienes desean una nueva forma de ser y estar en el mundo), por la facilidad con que mueve y motiva al cambio, y por el hecho de que permite ayudar a varias personas al mismo tiempo. 


Elementos


1


Se puede conceptualizar brevemente el proceso así: a) hay un escenario específico, el escenario G (de Grupo); b) el psicoterapeuta formativo y el grupo funcionan como una diada (y cabe señalar que el principio sistémico de que “el todo es más que la suma de las partes” tiene plena vigencia), y, en efecto, se viven los fenómenos de empatía, deseo de ayuda, transferencia, contratransferencia, alianza terapéutica y sinergia terapéutica con una gran intensidad; c) hay una peculiar amplificación de los anteriores fenómenos, por movilizarse gran cantidad de energía psíquica (son muchas las almas que se encuentran, vibran y comparten emociones, pensamientos y vivencias en una sesión grupal); d) así como se da esa relación de gran intensidad entre el doctor y el grupo, se vive también, en menor intensidad, una relación entre él y cada uno de los demás asistentes: el hecho de que el todo sea más que la suma de las partes, o de que psicoterapeuta (y coterapeutas) y grupo terminen funcionando como una diada terapéutica, no extingue del todo la individualidad de cada uno de los miembros del grupo, y por eso hay particulares momentos de consonancia y disonancia de cada miembro con respecto al grupo, así la sesión vaya por buen camino y resulte provechosa para dicho miembro; e) todo grupo puede aprender, crecer, formarse y transformarse, y también el psicoterapeuta (y de sus coterapeutas, si los hay); f) la sinergia terapéutica es tan potente, que las posibilidades de transformación y avance hacia la plenitud existencial pueden alcanzarse a mayor velocidad que en otros escenarios; g) la psicoterapia formativa de grupo no excluye otros encuentros: con un mismo paciente se puede realizar psicoterapia formativa individual si asiste solo, psicoterapia formativa de pareja si asiste con su cónyuge, y psicoterapia formativa de grupo si se encuentra en una situación grupal; h) la psicoterapia formativa de grupo es compatible con otras psicoterapias (de tal modo que un paciente que esté recibiendo una terapia X, de cualquier modelo, con un terapeuta Y, puede también beneficiarse y sacar provecho de ella); i) la psicoterapia formativa de grupo puede combinarse con otros abordajes a nivel hospitalario (terapia ocupacional, psicoeducación, meditación, deporte, actividades lúdicas, consejería, dirección espiritual, farmacoterapia, musicoterapia, técnicas de relajación, etcétera), siempre y cuando el grupo tenga bien claro cuándo y cómo se desenvuelve cada encuentro: el encuadre será de preferencia fijo, con dos sesiones semanales en un horario previamente acordado, siempre; j) cada proceso es único, cada sesión es única, y cada momento al interior de cada sesión es único.  

Las características propias de la psicoterapia formativa pueden resumirse en estos conceptos: plenitud, sentido de vida, realización existencial, transformación, trascendencia, integración, armonización, cohesión, ecualización, transmutación, sinergia, empatía, aprendizajes significativos, praxis, ética, diálogo y forja del carácter; en todos ellos, está siempre presente el concepto de formación. Por eso hablo de una psicoterapia formativa: entiendo el proceso psicoterapéutico como una obra eficiente, de efectos positivos duraderos, hecha para cohesionar el self y reconstruir la personalidad, con logros medibles en el tiempo y de largo alcance; de este modo, la psicoterapia formativa de grupo no sólo está diseñada para remover aspectos psicológicos que causen sufrimiento (al grupo en general y a cada paciente en particular), sino especialmente para que el grupo encuentre y transite la senda de la plenitud existencial. Por eso está hecha para transformar, reestructurar y renovar el psiquismo y llevarlo lo más alto y lo más lejos posible, teniendo en cuenta los dinamismos propios de la formación.


2


¿Qué hace un psicoterapeuta formativo en el escenario G? Apoya y es apoyado, ayuda a crecer y crece, permite que el grupo encuentre su rumbo y reestructure sus concepciones y su conducta. Siembra paz donde hay discordia, permite la integración en donde encuentra hostilidades, torna la timidez en activa participación, convierte la inercia en dinamismo, levanta los ánimos caídos, permite una salida agradable de la rutina (en el hospital, en la empresa, en el vecindario, en el centro de rehabilitación), invita al cambio y él mismo cambia, lleva la esperanza a quienes se encuentran abatidos (o en quienes ya la familia o el mismo personal sanitario dan por “casos perdidos”), permite y promueve la apertura a la trascendencia, contagiando de optimismo, siendo un instrumento de mejoría en la medida en que él también mejora como persona.

Obviamente, el psicoterapeuta formativo de grupo debe ser empático, moralmente intachable, espiritualmente y bondadoso. Sabiendo identificar y usar a favor de la formación integral de cada miembro como individuo, y del grupo como una realidad total, las distintas dinámicas grupales conscientes e inconscientes, despejará el camino y permitirá que aflore todo lo que da sentido y color a la vida. Su altura moral, pureza y religiosidad harán que el contacto corporal con sus pacientes (en el momento de la oración grupal, al terminar la sesión), lejos de poder ser malinterpretado, sea entendido por ellos como afecto solidario, coherente y genuino.    

El grupo aprende a conocer al terapeuta, y éste conoce y comprende al grupo. De ahí que, aunque el humor y la alegría son bienvenidos, nadie se faltará al respeto. Dicho conocimiento mutuo exige dedicarle todos los recursos psíquicos a cada sesión (y por eso el psicoterapeuta formativo debe procurar sosiego a su alma, llevar una vida agradable y cómoda, estar bien alimentado y bien descansado, y, sobretodo, tener una fuerte vida religiosa), interesarse de verdad por la vida y el bienestar de cada miembro, establecer un vínculo sincero. Su honestidad y consecuencia resonarán en sus pacientes, y tendrá credibilidad y cariño de parte de ellos. De este modo, todos compartirán, se apoyarán y vibrarán de un modo especial, muy apto para la transformación y la cura.


3


Así como no entiendo por qué tantos teóricos insisten en que una psicoterapia es dolorosa, o que la introspección ha de implicar siempre una especie de experiencia traumática, y he encontrado en miles de pacientes que la cosa es bastante distinta (se gozan el proceso terapéutico, lo disfrutan, le sacan todo el provecho posible, y agradecen y se sienten felices con cada toma de conciencia), tampoco le encuentro sentido a la afirmación, lamentablemente muy difundida entre psicólogos y psiquiatras, de que en el encuentro con el grupo hay que sortear todo tipo de escollos y animadversiones. A lo largo de mi carrera he visto, por el contrario, que se entra muy fácilmente en sintonía, porque a la gente le gusta que uno quiera ayudar, sea genuino y disfrute lo que hace.

El psicoterapeuta formativo, al vivir los valores del Evangelio, siente una especial conexión con todos los seres humanos que sufren; desea acompañar y apoyar, y se la juega por ellos. No hay cabida para prejuicios ni estratificaciones, pues todos ellos son personas humanas, hijos de Dios, y tienen esa dignidad particular. Más allá de su camino previo, muchas veces tortuoso (en centros para el tratamiento de adicciones he conocido a hombres y mujeres repudiados por la sociedad, en virtud de un pasado de hurto, prostitución, terrorismo, sicariato, estafa, o cualquier otra cara del delito), ve en ellos lo que son en realidad: criaturas del Señor, verdaderos hermanos, y se esfuerza por darles el trato exquisito y profesional que todo ser humano merece. 

Como buen terapeuta, estudiará y cultivará su espíritu todos los días, para ofrecerle al grupo todas las herramientas que sean de utilidad para vivir en plenitud; se entregará, dando lo mejor de sí, ofreciendo su saber y su tiempo con generosidad; está muy atento a lo que hace, y buscará la perfección en su labor, pues quiere ser útil; estará dispuesto a formar y formarse; ejecutará la maniobra que le sea más benéfica al grupo en cada momento de la sesión (incluso si ello implica flexibilizar y hasta modificar el plan con el que había preparado el encuentro); tendrá en cuenta los aspectos familiares, comunitarios y colectivos (y aún los estratos más profundos y arcaicos del psiquismo, como los del inconsciente colectivo), para brindarle al grupo la mayor cantidad de recursos para triunfar, alcanzar la felicidad y realizarse. 

Al tener la alegría de llevar una firme y sólida vida espiritual, el psicoterapeuta formativo llegará a cada sesión precedido de esa lucidez y serenidad que sólo son posibles en quien tiene una buena relación con Dios y valora lo trascendente. Y, de este modo, su actuación será juiciosa y sensata (aunando teoría y práctica, planificación e improvisación, técnica e intuición, razón y fe, ciencia y arte, respeto al encuadre y flexibilidad, precisión diagnóstica y versatilidad terapéutica), conectará con el consultante y establecerá pronto una alianza terapéutica, llevará a cabo su misión de manera cariñosa, respetuosa, responsable y adecuada.


4

 

En la psicoterapia formativa se tiene la certeza de que todo ser humano puede transformarse para bien, vivir cada vez mejor, ser feliz y realizarse plenamente. Y como se considera que en todo paciente está la posibilidad de cambio, se brinda libertad y espacio suficiente para que cada quien descubra su camino, con total autonomía. El grupo hace su búsqueda. El psicoterapeuta está también en la suya. Muchas veces sus búsquedas se encuentran y entrelazan y potencian (especialmente por obra de la sinergia terapéutica), pero en otras, las diferencias, las singularidades y los rasgos distintivos (siempre bienvenidos, porque nada más propenso a los totalitarismos que las homogeneidades), harán que cada quien realice su proceso de forma personalísima.

En línea con lo anterior, sucede muchas veces que cada paciente decida enfocarse en aquellos aspectos del proceso psicoterapéutico que sean más concordantes con sus necesidades e intereses más profundos. Si bien todos (también el psicoterapeuta) han de alcanzar los objetivos de la psicoterapia formativa de grupo (la plenitud existencial, la felicidad, el verdadero sentido de la vida, la reconexión con Dios y lo sagrado, la formación integral, el logro de una cosmovisión nueva, los aprendizajes significativos, la mejoría en la calidad de la vida, la integración armónica del psiquismo, el desarrollo equilibrado y ecualizado de las distintas dimensiones de la personalidad, la redefinición de la existencia encaminada a la aprehensión de la completitud, la salud mental y la totalidad, la forja de una personalidad virtuosa en cada uno de los pacientes, el logro de una nueva filosofía de vida, la praxis que lleva a la transformación, la optimización de los aspectos relacionales y contextuales, la mejoría en las distintas habilidades psicológicas, el desarrollo de los talentos y las potencialidades), es un hecho que cada paciente tiene todo el derecho a centrarse más en lo que percibe que le hace más falta (por ejemplo, el ejecutivo que quiere mejorar las relaciones con sus compañeros de oficina se enfocará más en mejorar sus habilidades interpersonales y elevar su inteligencia emocional, la madre que ha logrado superar su adicción y recuperar su familia se enfilará hacia la praxis transformadora y el restablecimiento de los vínculos, el adulto joven que desea triunfar en su carrera y dejar un legado se encaminará por el logro de aprendizajes significativos y el desarrollo de una personalidad equilibrada y ecualizada, la adolescente que busca un sentido para vivir hará hincapié en los distintos modos de realización personal y reconexión con lo trascendente, etcétera).  

Los procesos de construcción y reconstrucción del psiquismo están dados, pero implican una corresponsabilidad: el terapeuta y el paciente aportan sus saberes, sus experiencias y sus habilidades, constituyendo un equipo. El paciente es el protagonista, sin duda alguna, pero el tratante tiene que arrimar el hombro y hacer también su rol (de coequipero, guía, consejero, tutor, cuidador, amigo, maestro y escudero, y todas las demás funciones que requiera desplegar en beneficio de que el paciente lleve una existencia plena); la responsabilidad no está ni inclinada hacia el doctor (como sucede en casi todas las vertientes de la terapia cognitivo-conductual, en el coaching, en la hipnosis, en la atención plena, en la terapia dialéctico-conductual, y en las diversas técnicas actualmente de moda, como EMDR o imaginación guiada) ni hacia el consultante (como sucede en casi todas las vertientes psicodinámicas y psicoanalíticas, que incurren en errores como el de hacer del tratante un mero testigo pasivo del proceso, o como el de menospreciar herramientas tan valiosas como la consejería o la espiritualidad). En este aspecto, la psicoterapia formativa está hermanada con la terapia sistémica, el psicodrama, la terapia humanística, la terapia gestáltica y la terapia centrada en el cliente: se ubica en el centro, exigiendo a ambos, paciente y psicoterapeuta, un papel activo.

De lo anterior deriva que en la psicoterapia formativa el grupo no está a merced del terapeuta, ni lo ve como un líder político o religioso (uno de los defectos más deletéreos de la teoterapia y de las “terapias de motivación”), ni mucho menos depende de él. De hecho, al tener un encuadre fijo, claro y bien establecido, el grupo sabe que arranca la sesión y la lleva a cabo, aún en ausencia del psicoterapeuta (que puede sufrir un accidente, un imprevisto o cualquier otro tipo de percance), pues tiene ya claros los objetivos terapéuticos y se autorregula con disciplina y eficiencia. Obviamente ocurre rarísimas veces, y es siempre una circunstancia excepcional, pero un buen psicoterapeuta formativo sabe que, si ha hecho bien su trabajo, el grupo ha madurado lo suficiente, y se las apañará sin él en una sesión. 

También es cosa cierta que el terapeuta no está a merced del grupo, no se deja mangonear ni apabullar por él; no hay cabida para la manipulación ni el chantaje, ni mucho menos para la anarquía. No es ni siervo ni esclavo (como suelen fantasear algunos pacientes, especialmente aquellos con trastorno de personalidad narcisista o sociopático), y tiene la autoridad que da el saber. Es el experto. Tiene el conocimiento, tanto por sus estudios como por su experticia. No es una “excursión de colegiales”, no es un “campamento de vacaciones”, no es una “actividad recreativa” de hotel. El encuadre y los límites están dados, claramente definidos. El psicoterapeuta formativo cree en la democracia, el liderazgo horizontal y la corresponsabilidad, y sabe hacer equipo (con el grupo, y con cada uno de los miembros del mismo), pero está revestido de una especial dignidad: es el tratante.


5


El que asiste a psicoterapia formativa de grupo sabe (o lo descubre rápidamente, en los primeros encuentros) que busca una sólida estructuración de la personalidad: allí donde hay inseguridades, asuntos no resueltos, duelos mal elaborados y carencias del psiquismo, pronto empezarán a emerger respuestas, soluciones, crecimientos y transformaciones. El self pobremente constituido irá cohesionándose y fortaleciéndose cada vez más. El miedo a hablar en público o a mostrarse dará paso a una espontaneidad y una confianza sucesivamente mayores. La dificultad para socializar e integrarse se convertirá en apertura, tolerancia y capacidad para el diálogo. Los temores al juicio o al rechazo se tornarán en seguridad y alta autoestima. La indiferencia y la insolidaridad serán sepultadas por la empatía, la comprensión del prójimo y el deseo de ayuda. 

Alguien podría argumentar que tiene un self bien cohesionado, una personalidad bien estructurada, y hasta una salud mental envidiable (sí, muchos se ufanan de ello… aunque suelen ser víctimas de una falta de introspección lamentable). Aún si ese fuera el caso, a nadie le sobra una reestructuración. Las neurociencias han mostrado, en miles de estudios, que quien no aprende cosas nuevas y se queda estancado en los mismos patrones mentales, termina anquilosándose, enfermando y acercándose a la muerte a velocidad pasmosa. Si ya hay una adecuada (o, al menos, aceptable) organización, vale la pena una reorganización.

Volver a pensar, y volver a pensarse a sí mismo, tiene un sabor especial en el contexto de una terapia de grupo. Se convierte en una fascinante aventura. Cuando cada uno de los participantes repiensa aquello que en algún momento quiso dar por sentado porque le pareció “indudable” o “incontrovertible”, va descubriendo una enorme cantidad de basura mental que lo limitaba y anclaba a emociones, pensamientos, fantasías y conductas que impedían la plenitud existencial. La reflexión y la praxis filosófica de la psicoterapia formativa le permitirán librarse de dichos residuos, y empezar a pensar sin ataduras: con creatividad, curiosidad y disposición a aceptar las cosas sin encasillarlas en esquemas previos. 

Catapultado así a la libertad y la originalidad, cada miembro del grupo entenderá que tiene una nueva oportunidad en la vida: que, literalmente, puede re-nacer y re-crearse. Y el grupo, como un todo, sentirá esa energía peculiar que alienta y aviva los grandes momentos: se lanzará con todo hacia la transformación que anhela.


6


Formación. Un buen clínico entenderá a cabalidad el proceso terapéutico si logra captar todas las dimensiones de dicho concepto. No hay grupos malos, ni condenados al fracaso. Simplemente hay grupos esperando encontrar esa magia.

El psicoterapeuta formativo entiende y valora la belleza de pensar. Y desea despejarles el terreno a todos los que concurren a la sesión de grupo, para que puedan también descubrirla, experimentarla y disfrutarla. Sabe que no podrá ahorrarles el camino, por supuesto, pero sí puede mostrarles dónde inicia. 


7


Del re-pensar y re-pensarse, de la redefinición y la reintegración terapéuticas, surgirá la forja y la construcción de un psiquismo encaminado a la felicidad, la realización y la plenitud. 

Todo grupo quiere un cambio. Y dentro de lo que se quiere como cambio, hay deseos explícitos (los que el grupo suele verbalizar) y deseos implícitos (los que el grupo no verbaliza usualmente, pero está ahí, y aflora con cierta frecuencia). Estos últimos, usualmente inconscientes, están íntimamente ligados con los objetivos de la psicoterapia formativa de grupo (de hecho, he ido identificando dichas metas terapéuticas en la medida en que conozco cada vez mejor el inconsciente personal y el inconsciente colectivo de mis pacientes).

Si el grupo está compuesto por personas con adicción al alcohol y otras sustancias psicotóxicas, explícitamente desea llevar una vida de satisfacción, sobriedad, lucidez mental, productividad y equilibrio, así como recuperar la funcionalidad y las buenas relaciones con su entorno. Si lo integran pacientes con enfermedades médicas, todo apunta a la adaptación, la recuperación y el reinventarse en la nueva condición, así como mostrar a la sociedad que aún se puede ser útil, exitoso y creativo. Los que padecen algún trastorno mental quieren superar el cuadro sindromático, recuperar su autoestima y empoderarse, moldeando de la personalidad alrededor de lo bueno, lo bello y lo razonable (y no alrededor del déficit o el sufrimiento). Los deseos explícitos de quienes son médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales o enfermeros rondan el autoconocimiento, la integración de la psique, el fortalecimiento de las inteligencias emocional y social, el aprendizaje y la posibilidad de expresarse libremente en un espacio en el que no serán juzgados. Los miembros de distintas organizaciones manifiestan que desean optimizar el liderazgo, la asertividad en la comunicación, el rendimiento y el clima laboral. Cuando se trata de equipos deportivos, suelen explicitarse deseos de victoria (coronarse campeones de un torneo, recibir una bonificación o un premio, evitar el descenso de categoría), avenencia, compenetración, relaciones inteligentes con los periodistas, autoimagen e incremento en el desempeño. Los grupos académicos verbalizan estar buscando integración para agilizar los procesos de estudio, investigación y producción académica, herramientas para el manejo del estrés y superación del miedo a hablar en público. Las comunidades parroquiales explicitan querer avanzar en el camino espiritual, disponer de material para ser más persuasivos y eficaces en su labor misionera, sublimar sus pulsiones o modificar los aspectos más oscuros de su Sombra. En condominios y vecindarios, las personas suelen querer llevarse mejor, entrenarse en comunicación asertiva, aprender a negociar y resolver conflictos de manera pacífica, y, en general, tener unos estilos de afrontamiento de las dificultades maduros y adaptativos. 

Dentro de los deseos implícitos hay cosas que a muchos grupos les cuesta reconocer, bien sea porque los consideran “inferiores”, ligeramente “vergonzosos” o no muy políticamente correctos. Lo interesante es que en la psicoterapia formativa pronto descubren que no tienen por qué cohibirse, que es preferible ser genuinos y francos a caer en un obtuso acartonamiento, que pueden estar muy por encima de los prejuicios, las limitaciones y las tonterías de la cultura light y la neoposmodernidad. Y dichos deseos implícitos empiezan a jugar a favor del proceso terapéutico, como potentes motivadores. Resulta fundamental que el grupo entienda que, si algo no atenta contra la ética, el mensaje esencial de Cristo (que hay que amar, perdonar y ayudar sin medida), ni el sentido común, así parezca algo trivial o inaceptable, y siempre y cuando sirva para inspirar y motivar, es bienvenido.  

Los deseos implícitos a los que las personas con adicción al alcohol y otras sustancias psicotóxicas le pueden sacar provecho son: mejorar su apariencia personal, rejuvenecer o al menos recuperar parte de los años de vida perdidos, llegar a ser “buenos partidos” para emparejarse nuevamente, recuperar la custodia de los hijos y demostrarles a los escépticos que sí podían salir de las tinieblas. Los pacientes con enfermedades médicas quieren sentirse vivos y poder volver hacer lo que hacían antes de la enfermedad (y por eso están dispuestos a llevar un estilo de vida saludable, modificar hábitos maladaptativos y llevar una buena adherencia al tratamiento).  Los que padecen algún trastorno psiquiátrico procuran tener salud mental para emparejarse, ser más útiles en sus sistemas familiares, y triunfar académica y laboralmente. Quienes son médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales o enfermeros quieren un espacio para hacer catarsis, adquirir conocimientos y hacerse expertos (para también tener fama y prestigio). Los miembros de distintas organizaciones implícitamente desean trabajar mejor para ganar más dinero, descansar un rato del trabajo rutinario y acrecentar los lazos de amistad y camaradería. Deportistas y entrenadores buscan celebridad, sentirse vigorosos y atléticos, y disfrutar de una conversación amena y relajada. Gran parte de quienes ingresan a grupos académicos andan a la caza de nuevas amistades (y, a lo mejor, del amor de sus vidas), un invento o una idea que les traiga riqueza y al mismo tiempo satisfacción moral, dejar un legado a las generaciones venideras y entretenerse de manera sana en su tiempo libre. A un alto porcentaje de miembros de comunidades parroquiales la psicoterapia de grupo les permite expresar ideas, sentimientos y posturas que serían fácilmente censurados en ambientes eclesiásticos; muchos también añoran superar tendencias “pecaminosas” (por ejemplo, el deseo de una persona prohibida, o la tendencia al rencor), así como la culpa, la ira y la vergüenza. Muchos de los grupos de vecinos que asisten a terapia quieren conocer gente nueva, o reforzar vínculos ya existentes, y usar la mayor compenetración lograda como una catapulta para sus carreras y negocios. 

Por supuesto, la terapia está enfocada especialmente en los objetivos de la psicoterapia formativa (plenitud existencial, felicidad, conexión con Dios, fortalecimiento de la dimensión trascendente y religiosa, formación integral, aprendizajes significativos, reflexión, redefinición, construcción de una cosmovisión nueva, forja de una personalidad equilibrada y virtuosa, integración armónica del psiquismo, praxis filosófica, optimización de los aspectos relacionales, sano desarrollo de todas las dimensiones del psiquismo). Pero las metas de cada paciente, y los deseos implícitos y explícitos que cada grupo tenga, lejos de ir en contravía con ellos, lo que hacen es reforzarlos y potenciarlos.   


8


Aun cuando psicoterapeuta y grupo terminen funcionando como una diada terapéutica, la individualidad de cada uno de los miembros del grupo está preservada. Esto es algo favorable. El grupo no puede convertirse en masa, porque el proceso se desdibujaría y podrían darse, en los momentos de mayor intensidad emocional, situaciones francamente inadecuadas. Que cada paciente siga siendo una persona consciente, lúcida y sensata es deseable y permite alcanzar los objetivos de manera más contundente. 

A raíz de dicha conservación de la individualidad se dan momentos de consonancia y disonancia de cada miembro con respecto al grupo. Esto no tiene nada de malo. El buen psicoterapeuta debe ser consciente de que la sensatez del paciente va de la mano con su autonomía y su libre albedrío. En consecuencia, muchas veces vibrará con los otros y opinará en consenso, o se lanzará a hacer lo que los demás estén haciendo, con agrado y simpatía. Pero en otras ocasiones (los momentos de disonancia) uno de los pacientes preferirá discrepar, o al menos interpretar distinto cierto argumento dicho por otros miembros del grupo, o procederá a hacer a su manera cierta actividad grupal. 

El psicoterapeuta formativo, con delicadeza y prudencia, identificará estos momentos de disonancia del individuo frente al grupo, los respetará (siempre y cuando no generen discordia ni malestar al interior del grupo), procederá con tacto a suavizarlos (matizándolos, complementándolos, introduciéndolos dentro del contexto discursivo del grupo), y tenderá los puentes que hagan falta para que terminen siendo simplemente lo que son (disonancias), y no disputas ni actitudes antiterapéuticas.


9


En todo grupo está la posibilidad de cambio, pues el hombre es un ser dinámico, con potencial para la evolución y el desarrollo. Aún si ha logrado un relativo nivel de salud mental, o una forma madura de ser y de existir, puede ser mejor: puede avanzarse en la consolidación, la potenciación y el fortalecimiento de los aspectos positivos del psiquismo. 

Como la psicoterapia formativa está encaminada a lograr la plenitud existencial, busca que grupo y terapeuta logren una redefinición de sí mismos, de sus conceptos y de sus relaciones (una cosmovisión nueva), y alienta a que ambos logren ser buenos (éticos, responsables, solidarios, comprometidos, virtuosos, reconectados con Dios y con sus aspectos más profundos, sublimes y trascendentes…en conclusión, personas bien formadas). Esto, en consecuencia, trae que tratante y grupo aprendan a vivir bien, usando a favor experiencia de vida, siendo capaces de reconocer en el otro a un prójimo que hay que cuidar (viviendo una ética del cuidado y del cariño), conectando con los demás de manera respetuosa, empática, responsable y solidaria, transmutando lo negativo de antaño en la construcción de un presente de progreso y un futuro de plenitud.

Como resultado, grupo y psicoterapeuta formativo irán más allá de la mejoría y el bienestar propios, e impactarán positivamente en sus familias y comunidades. Y, a largo plazo, contribuirán a que todas las naciones vivan según los más altos ideales de bondad, belleza, moralidad y virtud.


¿Cómo es un psicoterapeuta formativo de grupo?


En la Sociedad de Psicoterapia Formativa existen unos Estatutos, un Código de Ética, unas capacitaciones y una disciplina encaminados a lograr la máxima coherencia entre cada profesional en concreto y el ideal de buen psicoterapeuta.

El psicoterapeuta formativo de grupo es empático, justo y bueno: como se sabe responsable frente a Dios, frente a su conciencia moral y frente a sus semejantes, busca conocer y comprender a sus pacientes (quienes conforman el grupo), y logra establecer un vínculo sincero con ellos. Su honestidad, patente en sus gestos y actitudes, lo hace genuino y creíble. Vibra con el grupo, pues entra fácilmente en sintonía. Disfruta lo que hace, se divierte, porque está ayudando a los demás y realizándose a nivel vocacional. Crece cada día, en todos los niveles del psiquismo. Estudia y se actualiza constantemente, y dedica tiempo a su desarrollo personal, pues su interés es servir como instrumento de Dios en su labor sanadora. Se entrega, hace su trabajo con entusiasmo, busca que todos los miembros del grupo se enruten hacia la plenitud existencial. Es detallista y está atento a lo que hace, pues conoce los peligros de una contratransferencia inadecuada, y las ventajas de una transferencia, un vínculo y una sinergia terapéutica bien logrados.

A nivel técnico, el psicoterapeuta formativo está tan bien preparado que busca ser útil ejecutando la maniobra que le sea más benéfica al grupo en cada momento de la sesión, nadando con fluidez entre los distintos modelos terapéuticos (obviamente, sin perder su identidad y sin perder de vista los objetivos de la psicoterapia formativa, es decir, sin caer en un eclecticismo sin pies ni cabeza); siempre tratando de impactar también en lo familiar, comunitario y colectivo, mueve a cada uno de los miembros del grupo, y al grupo como totalidad, a un cambio en la forma de ser y de estar en el mundo que implique mejores relaciones interpersonales, mayor compromiso social, más proactividad y la construcción de un proyecto de vida en el que el servicio al prójimo y la práctica concreta de los valores del Evangelio.

Insisto siempre en la vida espiritual del psicoterapeuta, porque es el factor más poderoso para mantener la virtud, la serenidad, el equilibrio psíquico, el buen juicio y la lucidez mental. Nada tan eficaz para ir por la senda de la plenitud como la oración, la meditación, las lecturas edificantes, los retiros espirituales, la contemplación, en fin, todo lo englobable dentro de lo religioso. Y el grupo fluirá también en la medida en que explore y explote su religiosidad: vivirá cada vez mejor. La transmutación, la catálisis y la sinergia terapéutica, potenciadas, permitirán la salud, la reflexión fructífera, el desarrollo integral, la praxis duradera. Formación y plenitud. Formación para la plenitud.


¿Cuáles son las metas de la psicoterapia formativa de grupo?


1. Consecución de la plenitud existencial, la felicidad, el verdadero sentido de la vida.

2. Conexión con Dios.

3. Fortalecimiento de la dimensión trascendente y religiosa.

4. Constitución de un proceso pedagógico y formativo, una oportunidad para hacer mejores personas tanto a los pacientes como al terapeuta.

5. Logro de aprendizajes significativos.

6. Encuentro, en compañía de los pacientes, de una cosmovisión nueva.

7. Reflexión, pensamiento y reconceptualización, encaminados a la forja de una personalidad equilibrada y virtuosa en cada uno de los pacientes, y en el grupo como totalidad.

8. Logro de una nueva perspectiva existencial, una forma de ser y existir en el mundo distinta a la que se llevaba antes de empezar el proceso: una nueva filosofía de vida para el grupo.

9. Redefinición completa y conjunción armónica de todas las dimensiones del grupo.

10. Logro de un sano equilibrio entre las distintas facetas y tendencias del sí mismo en cada paciente (self integrado y ecualizado) y en el grupo (que tiene una personalidad propia, y que está llamado a ser una construcción bien ensamblada, funcional y estructurada).

11. Praxis. El grupo debe llegar, a partir del conocimiento, a la transformación. Tiene que lleva al terreno real y concreto todo lo logrado en el proceso.

12. Optimización de los aspectos relacionales y contextuales de los miembros del grupo (la inclusión de las parejas y las familias en el proceso, que permite la sanación de múltiples dimensiones a nivel sistémico).

13. Cohesión del sí mismo, individuación y formación: grupo y psicoterapeuta saldrán del proceso teniendo mucho más claro quiénes son, cómo quieren ser, de qué manera desean vivir y qué pueden hacer para mejorar sus vidas.

14. El psicoterapeuta formativo busca hacer de sí mismo el mejor instrumento para el tratamiento del grupo, y, en consecuencia, efectúa acciones que fomenten la formación y el desarrollo integral de todos, en el marco de una legítima alianza terapéutica y aprovechando al máximo la sinergia terapéutica.

15. En la psicoterapia formativa de grupo se da un crecimiento mutuo, dado que todos están abiertos a nuevos aprendizajes, nuevos esquemas mentales, nuevas formas de afrontar la vida.

16. Las funciones catártica, sostenedora, catalizadora, sanadora, pedagógica, reconstructora, analítica, sintética, motivadora, terapéutica, facilitadora y transformadora, aunque se dan en todos los procesos de psicoterapia formativa, tienen un modo único y singular de darse en cada grupo. 

17. El proceso está llamado a ser placentero o al menos agradable. La tradicional asunción de que la toma de conciencia, la introspección, el insight o la psicoterapia misma han de ser siempre dolorosos, difíciles y “duros”, está completamente superada en la psicoterapia formativa. La meta es que el doctor y el grupo disfruten del proceso, se sientan seguros y felices con cada avance, y descubran e integren los aspectos inconscientes o escindidos de su psiquismo con una satisfactoria sensación de logro.


Otras consideraciones en la psicoterapia formativa de grupo


La integralidad debe darse en lo teórico y lo técnico: se deben usar diversas miradas y herramientas según cada momento vivido en la sesión. El dinamismo de los grupos es enorme, y exige al psicoterapeuta desenvolverse con versatilidad y eficiencia.

Cada grupo es un mundo nuevo. El buen psicoterapeuta debe tener la mente abierta a la hora de abordarlo, y echar mano de distintos enfoques y distintas maniobras, de distintas escuelas, buscando el beneficio de sus pacientes. La terapia debe adaptarse a las necesidades del grupo.

La sinergia entre el grupo y el psicoterapeuta es innegable. El grupo influye en el terapeuta, así como el terapeuta influye en el grupo. Son equipo, se compenetran, complementan y ayudan.

El psicoterapeuta ha de ser un instrumento terapéutico que se dona y se convierte en catalizador del cambio y la transformación, en el grupo y en cada uno de los miembros del mismo.

No se requiere una parafernalia o de un lugar especial para la ejecución de la psicoterapia formativa de grupo. Basta un espacio limpio y seguro, sin contaminación visual o auditiva. Hasta el día de hoy, he obtenido buenos resultados trabajando con grupos de entre diez y veinticinco integrantes, en sitios al aire libre o en auditorios o salones. También puede hacerse usando la Telemedicina; de hecho, la virtualidad me ha permitido trabajar con equipos de trabajo y otros grupos con miembros que no están ubicados en la misma ciudad, o que tienen alguna dificultad para movilizarse o algún otro impedimento (por ejemplo, comorbilidades médicas). Una treintena de sillas (ojalá cómodas y ergonómicas) es el único mobiliario requerido, aunque no es algo indispensable si se trata de una locación campestre (en la que cada paciente puede hacerse en una litera o alfombra de yoga, o sentado en el césped); en la Teleconsulta, una plataforma segura y de buena calidad de imagen y sonido.


Contenidos de la psicoterapia formativa de grupo


Como he sostenido en otros ensayos y artículos, es deseable equilibrar lo espontáneo con lo esquemático, lo lúdico con lo solemne, lo intuitivo con lo racional. Obviamente el terapeuta ha de llegar a cada encuentro con una idea previa de lo que espera encontrar en dicha sesión, y ha de efectuar, antes de la misma, unas adecuadas preparación y planeación. Pero ellas no pueden ser camisa de fuerza. Si en algún momento aparece algo novedoso o inesperado que pueda ser utilizado para beneficio del grupo, el guion puede cambiar.

La clave está en ser sensatamente flexible, y vibrar con el grupo de tal forma que los asuntos a tratar en la sesión vayan surgiendo sin acartonamientos, sin sacrificar la espontaneidad ni el dinamismo propio de lo inconsciente que va aflorando en el momento menos pensado. Al mismo tiempo, recomendaría asegurarse que con el grupo se van a tener por lo menos doce encuentros (pudiendo ser, obviamente, muchos más; lo ideal, para tener un grupo muy bien formado, es lograr un vínculo de al menos cuatro años), para cumplir a cabalidad los ítems a desarrollar a lo largo del proceso.

Las metas de la psicoterapia formativa son universales. Todo tipo de pacientes, y todo tipo de grupos, se benefician de alcanzar sus objetivos (felicidad, verdadero sentido de vida, realización, reconexión con Dios y lo sagrado, sabiduría, logro de una cosmovisión nueva, aprendizajes significativos, mejoría en la calidad de vida, integración armónica del psiquismo, desarrollo equilibrado y ecualizado de las distintas dimensiones de la personalidad, redefinición de la existencia, completitud y totalidad, salud mental, forja de una personalidad virtuosa, una nueva filosofía de vida, praxis y transformación, optimización de los aspectos relacionales y contextuales, mejoría en las distintas habilidades psicológicas, desarrollo de talentos y las potencialidades, en fin, formación y plenitud), pero obviamente en ciertos grupos se pueden hacer determinados énfasis. 

Me he percatado que con grupos de drogodependientes en proceso de rehabilitación conviene enfocarse en el autocuidado, el rescate de las funciones yoicas, el fortalecimiento de habilidades sociales y comunicativas, la religión (entendida como religazón con lo divino), la adquisición de la capacidad de espera, la recuperación de las redes de apoyo social y familiar, la identificación y la transformación clara de los factores que provocaron el consumo o la recaída, la forja de una personalidad fuerte y disciplinada, el saneamiento de las amistades, la recuperación a nivel académico y ocupacional, el uso adecuado del tiempo libre y la adquisición de una devoción y una piedad robustas. 

Con pacientes crónicos, he visto muy pertinente trabajar la introspección y la conciencia de enfermedad, la construcción de redes de soporte emocional, la adherencia al tratamiento, la plena reinserción laboral, la reestructuración de la personalidad, la espiritualidad en la vida cotidiana, el rescate de los valores y las capacidades que favorecen la adaptación, la expansión del círculo social, la psicoeducación, el fortalecimiento de la fe, la identificación de síntomas de alarma y el favorecimiento de los aspectos sanos del psiquismo.

Las personas con enfermedades psiquiátricas se benefician enormemente de una redefinición completa de su condición, de tal manera que los símbolos y las asociaciones relacionados con ser excluido, padecer y sufrir, sean reemplazados por cogniciones y conductas de confianza, seguridad, conocimiento y control de la enfermedad, liderazgo y plenitud existencial. Resulta muy conveniente el retomar espacios de estudio, trabajo y vida social; para ello, el entrenamiento en inteligencia emocional y el empoderamiento resultan cruciales. Las estrategias sociopolíticas que el tratante y el grupo puedan realizar en aras de acabar de una vez por todas con todas las formas de discriminación son bienvenidas.

En cuanto al personal sanitario, el aporte de Michael Balint resulta tan eficaz como valioso. Sin embargo, como todo lo bueno puede ser mejor, he visto que añadir estos elementos resulta sumamente benéfico: entrenamiento en técnicas de relajación como los de Edmund Jacobson y Heinrich Shultz, la autohipnosis, el yoga, la imaginación guiada y la meditación; preparación en métodos de respiración profunda, atención plena y desensibilización de experiencias traumáticas; exploración y elaboración de distintos duelos (muchos de ellos, relacionados con el propio quehacer en instituciones hospitalarias); manejo inteligente de las finanzas; cuidados del cuidador; empleo inteligente del tiempo libre; optimización de las relaciones de pareja y familia; uso de la fe y la religiosidad como caminos de aceptación y resiliencia. 

Con los miembros de la Sociedad de Psicoterapia Formativa he ido descubriendo que todo lo anterior debe complementarse con el redescubrimiento de Dios y de la vida religiosa (frecuentemente ahogada por docentes obtusos en las Facultades de Medicina y Psicología), el uso inteligente de todas las vías que conduzcan a la instauración de un estilo de vida plenamente ético, sabio y virtuoso, el trabajo en la escucha activa, la asertividad y otras herramientas de comunicación, la capacitación constante en diversas habilidades y técnicas terapéuticas, el logro de la integración y la transmutación plenas (más allá del insight), la formación filosófica y teológica, la potenciación de la creatividad, la producción musical/artística/literaria, la práctica deportiva regular, y la dirección o asesoría espiritual a cargo de un sacerdote, pastor o consejero prudente, sensato, intachable, juicioso y honrado (ojalá también psicoterapeuta formativo).

Los deportistas se benefician singularmente del descubrimiento de otras propias capacidades y vocaciones “ocultas”, de las autoafirmaciones positivas, de la mejoría en las habilidades sociales, de la cuidadosa estructuración de la autoimagen y la autoestima, de las conductas de autocuidado, de las actividades extradeportivas y de todo lo que rescate su dignidad de la maraña de exigencias auto y heteroimpuestas, fantasías irrealizables y proyecciones enfermas de clubes, fanáticos, comentaristas y periodistas deportivos.

En el ámbito organizacional, he notado que sirven mucho el entrenamiento en comunicación efectiva e inteligencia emocional, la oración compartida al iniciar la jornada, las pausas activas y momentos de retroalimentación, los talleres y seminarios enfocados a mejorar el clima laboral, los estímulos académicos y sociales, las fiestas de integración (que deben incluir las familias de cada miembro de la organización, y estar libres de alcohol y otros tóxicos), los encuentros deportivos y lúdicos, los retiros espirituales, los paseos y los otros espacios de convivencia encaminados al conocimiento del prójimo.

En el trabajo con grupos de vecinos y comunidades parroquiales, resultan de utilidad las dinámicas de grupo que permitan: conocimiento de los demás e integración; formación en habilidades no técnicas y en el arte de la negociación; oportunidades de aprendizaje en autorregulación y gestión emocional; adquisición de elementos de cortesía, civismo y buenos modales; asertividad y amabilidad cada vez mayores; comunicación fluida, sin distorsiones ni sesgos; crecimiento espiritual y vivencia coherente de los valores éticos universales (bondad, honradez, amor, empatía, solidaridad, paciencia, gratitud, perdón, humildad, responsabilidad, prudencia, sinceridad, justicia, verdad, templanza, y, muy especialmente, un cuidado cariñoso del prójimo).

Por supuesto, todos los puntos anteriores, en esos grupos y en otros grupos terapéuticos (incluyendo familiares y cuidadores), tienen que estar en consonancia con las metas de la psicoterapia formativa, para lograr un proceso finamente ensamblado y eficaz.

Recomiendo a los psicoterapeutas hacer una buena oración (que ojalá incluya tanto meditación como plegaria), a solas, antes de cada sesión, y el ofrecimiento de la misma al Señor, que sabrá guiar y organizar todo a favor del crecimiento personal del grupo. También, al terminar el encuentro, una breve oración de agradecimiento (por lo general, a los pacientes les gusta mucho hacer la oración de la Paz compuesta por san Francisco de Asís).     

  

Conclusión


La psicoterapia formativa de grupo tiene múltiples aplicaciones y utilidades, y puede ser usada en diferentes escenarios clínicos. Teniendo en cuenta la necesidad de ofrecer una psicoterapia estructurada, completa e integral a diversos grupos de pacientes, resulta un modelo útil, práctico y eficiente, ampliamente versátil y de bajo costo.  


Referencias


Balint, M. (1986). El médico, el paciente y la enfermedad. Buenos Aires: Editorial Libros Básicos.

Balint, M. (1993). La falta básica: aspectos terapéuticos de la regresión. Buenos Aires: Paidós.

Bernard, M. (2006). El trabajo psicoanalítico con pequeños grupos. Buenos Aires: Editorial Lugar.

Bion, W.R. (2006). Experiencias en grupos. Buenos Aires: Paidós.

Kaës, R. (1995). El grupo y el sujeto del grupo. Buenos Aires: Amorrortu.

Kaës, R. (2000). Las teorías psicoanalíticas del grupo. Buenos Aires: Amorrortu.

Kaës, R. (2005). La palabra y el vínculo: procesos asociativos en los grupos. Buenos Aires: Amorrortu.

Kaplan, H.I., Sadock, B.J. (1983). Comprehensive Group Psychotherapy. Portland: Book News Inc.

Moreno, A. (2015). Manual de Terapia Sistémica. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Moreno, J.L. (1966). Psicoterapia de Grupo y Psicodrama. México: Carlos Fuentes Editores.

Morin, E. (1998). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

Selvini, M. (1986). Al frente de la organización: estrategia y táctica. Buenos Aires: Paidós.


*

David Alberto Campos Vargas


Médico cirujano - Pontificia Universidad Javeriana.

Especialista en Psiquiatría - Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo - Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra - Universidad Católica de Chile

Filósofo - Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo – Obispado Castrense de Colombia


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2022) Psicoterapia Formativa de Grupo. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, julio de 2022.


REFLEXIONES SOBRE LOS DERECHOS LABORALES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, por David Alberto Campos Vargas

Reflexiones sobre los derechos laborales de la Inteligencia Artificial David Alberto Campos Vargas, MD, MSc La Inteligencia Artificial (IA) ...