miércoles, 6 de julio de 2022

PSICOTERAPIA FORMATIVA DE GRUPO, por David Alberto Campos Vargas


PSICOTERAPIA FORMATIVA DE GRUPO


David Alberto Campos Vargas, MD*


Introducción


La psicoterapia formativa también puede hacerse en un formato de grupo. Sus objetivos, alcances y herramientas son los mismos, aunque el esquema general varía atendiendo a las peculiaridades propias de este tipo de psicoterapia.

Mi experiencia con la psicoterapia formativa de grupo se remonta a 2015, cuando empecé a trabajar con pacientes que estaban en proceso de rehabilitación de drogodependencia. En 2016, inicié a trabajarla también con los pacientes hospitalizados en instituciones psiquiátricas. A partir de 2017, la empecé a realizar también con pacientes con infección por VIH (virus de inmunodeficiencia humana), estudiantes universitarios, pacientes con cardiopatías y miembros de la Sociedad de Psicoterapia Formativa. Y desde 2021, con organizaciones de distintos campos (empresas, grupos académicos, equipos deportivos, condominios, vecindarios y grupos parroquiales).

Creo firmemente en la utilidad de los procesos grupales, por su formato especial (que permite movilizar fenómenos psíquicos positivos con gran intensidad, situación muy provechosa para quienes desean una nueva forma de ser y estar en el mundo), por la facilidad con que mueve y motiva al cambio, y por el hecho de que permite ayudar a varias personas al mismo tiempo. 


Elementos


1


Se puede conceptualizar brevemente el proceso así: a) hay un escenario específico, el escenario G (de Grupo); b) el psicoterapeuta formativo y el grupo funcionan como una diada (y cabe señalar que el principio sistémico de que “el todo es más que la suma de las partes” tiene plena vigencia), y, en efecto, se viven los fenómenos de empatía, deseo de ayuda, transferencia, contratransferencia, alianza terapéutica y sinergia terapéutica con una gran intensidad; c) hay una peculiar amplificación de los anteriores fenómenos, por movilizarse gran cantidad de energía psíquica (son muchas las almas que se encuentran, vibran y comparten emociones, pensamientos y vivencias en una sesión grupal); d) así como se da esa relación de gran intensidad entre el doctor y el grupo, se vive también, en menor intensidad, una relación entre él y cada uno de los demás asistentes: el hecho de que el todo sea más que la suma de las partes, o de que psicoterapeuta (y coterapeutas) y grupo terminen funcionando como una diada terapéutica, no extingue del todo la individualidad de cada uno de los miembros del grupo, y por eso hay particulares momentos de consonancia y disonancia de cada miembro con respecto al grupo, así la sesión vaya por buen camino y resulte provechosa para dicho miembro; e) todo grupo puede aprender, crecer, formarse y transformarse, y también el psicoterapeuta (y de sus coterapeutas, si los hay); f) la sinergia terapéutica es tan potente, que las posibilidades de transformación y avance hacia la plenitud existencial pueden alcanzarse a mayor velocidad que en otros escenarios; g) la psicoterapia formativa de grupo no excluye otros encuentros: con un mismo paciente se puede realizar psicoterapia formativa individual si asiste solo, psicoterapia formativa de pareja si asiste con su cónyuge, y psicoterapia formativa de grupo si se encuentra en una situación grupal; h) la psicoterapia formativa de grupo es compatible con otras psicoterapias (de tal modo que un paciente que esté recibiendo una terapia X, de cualquier modelo, con un terapeuta Y, puede también beneficiarse y sacar provecho de ella); i) la psicoterapia formativa de grupo puede combinarse con otros abordajes a nivel hospitalario (terapia ocupacional, psicoeducación, meditación, deporte, actividades lúdicas, consejería, dirección espiritual, farmacoterapia, musicoterapia, técnicas de relajación, etcétera), siempre y cuando el grupo tenga bien claro cuándo y cómo se desenvuelve cada encuentro: el encuadre será de preferencia fijo, con dos sesiones semanales en un horario previamente acordado, siempre; j) cada proceso es único, cada sesión es única, y cada momento al interior de cada sesión es único.  

Las características propias de la psicoterapia formativa pueden resumirse en estos conceptos: plenitud, sentido de vida, realización existencial, transformación, trascendencia, integración, armonización, cohesión, ecualización, transmutación, sinergia, empatía, aprendizajes significativos, praxis, ética, diálogo y forja del carácter; en todos ellos, está siempre presente el concepto de formación. Por eso hablo de una psicoterapia formativa: entiendo el proceso psicoterapéutico como una obra eficiente, de efectos positivos duraderos, hecha para cohesionar el self y reconstruir la personalidad, con logros medibles en el tiempo y de largo alcance; de este modo, la psicoterapia formativa de grupo no sólo está diseñada para remover aspectos psicológicos que causen sufrimiento (al grupo en general y a cada paciente en particular), sino especialmente para que el grupo encuentre y transite la senda de la plenitud existencial. Por eso está hecha para transformar, reestructurar y renovar el psiquismo y llevarlo lo más alto y lo más lejos posible, teniendo en cuenta los dinamismos propios de la formación.


2


¿Qué hace un psicoterapeuta formativo en el escenario G? Apoya y es apoyado, ayuda a crecer y crece, permite que el grupo encuentre su rumbo y reestructure sus concepciones y su conducta. Siembra paz donde hay discordia, permite la integración en donde encuentra hostilidades, torna la timidez en activa participación, convierte la inercia en dinamismo, levanta los ánimos caídos, permite una salida agradable de la rutina (en el hospital, en la empresa, en el vecindario, en el centro de rehabilitación), invita al cambio y él mismo cambia, lleva la esperanza a quienes se encuentran abatidos (o en quienes ya la familia o el mismo personal sanitario dan por “casos perdidos”), permite y promueve la apertura a la trascendencia, contagiando de optimismo, siendo un instrumento de mejoría en la medida en que él también mejora como persona.

Obviamente, el psicoterapeuta formativo de grupo debe ser empático, moralmente intachable, espiritualmente y bondadoso. Sabiendo identificar y usar a favor de la formación integral de cada miembro como individuo, y del grupo como una realidad total, las distintas dinámicas grupales conscientes e inconscientes, despejará el camino y permitirá que aflore todo lo que da sentido y color a la vida. Su altura moral, pureza y religiosidad harán que el contacto corporal con sus pacientes (en el momento de la oración grupal, al terminar la sesión), lejos de poder ser malinterpretado, sea entendido por ellos como afecto solidario, coherente y genuino.    

El grupo aprende a conocer al terapeuta, y éste conoce y comprende al grupo. De ahí que, aunque el humor y la alegría son bienvenidos, nadie se faltará al respeto. Dicho conocimiento mutuo exige dedicarle todos los recursos psíquicos a cada sesión (y por eso el psicoterapeuta formativo debe procurar sosiego a su alma, llevar una vida agradable y cómoda, estar bien alimentado y bien descansado, y, sobretodo, tener una fuerte vida religiosa), interesarse de verdad por la vida y el bienestar de cada miembro, establecer un vínculo sincero. Su honestidad y consecuencia resonarán en sus pacientes, y tendrá credibilidad y cariño de parte de ellos. De este modo, todos compartirán, se apoyarán y vibrarán de un modo especial, muy apto para la transformación y la cura.


3


Así como no entiendo por qué tantos teóricos insisten en que una psicoterapia es dolorosa, o que la introspección ha de implicar siempre una especie de experiencia traumática, y he encontrado en miles de pacientes que la cosa es bastante distinta (se gozan el proceso terapéutico, lo disfrutan, le sacan todo el provecho posible, y agradecen y se sienten felices con cada toma de conciencia), tampoco le encuentro sentido a la afirmación, lamentablemente muy difundida entre psicólogos y psiquiatras, de que en el encuentro con el grupo hay que sortear todo tipo de escollos y animadversiones. A lo largo de mi carrera he visto, por el contrario, que se entra muy fácilmente en sintonía, porque a la gente le gusta que uno quiera ayudar, sea genuino y disfrute lo que hace.

El psicoterapeuta formativo, al vivir los valores del Evangelio, siente una especial conexión con todos los seres humanos que sufren; desea acompañar y apoyar, y se la juega por ellos. No hay cabida para prejuicios ni estratificaciones, pues todos ellos son personas humanas, hijos de Dios, y tienen esa dignidad particular. Más allá de su camino previo, muchas veces tortuoso (en centros para el tratamiento de adicciones he conocido a hombres y mujeres repudiados por la sociedad, en virtud de un pasado de hurto, prostitución, terrorismo, sicariato, estafa, o cualquier otra cara del delito), ve en ellos lo que son en realidad: criaturas del Señor, verdaderos hermanos, y se esfuerza por darles el trato exquisito y profesional que todo ser humano merece. 

Como buen terapeuta, estudiará y cultivará su espíritu todos los días, para ofrecerle al grupo todas las herramientas que sean de utilidad para vivir en plenitud; se entregará, dando lo mejor de sí, ofreciendo su saber y su tiempo con generosidad; está muy atento a lo que hace, y buscará la perfección en su labor, pues quiere ser útil; estará dispuesto a formar y formarse; ejecutará la maniobra que le sea más benéfica al grupo en cada momento de la sesión (incluso si ello implica flexibilizar y hasta modificar el plan con el que había preparado el encuentro); tendrá en cuenta los aspectos familiares, comunitarios y colectivos (y aún los estratos más profundos y arcaicos del psiquismo, como los del inconsciente colectivo), para brindarle al grupo la mayor cantidad de recursos para triunfar, alcanzar la felicidad y realizarse. 

Al tener la alegría de llevar una firme y sólida vida espiritual, el psicoterapeuta formativo llegará a cada sesión precedido de esa lucidez y serenidad que sólo son posibles en quien tiene una buena relación con Dios y valora lo trascendente. Y, de este modo, su actuación será juiciosa y sensata (aunando teoría y práctica, planificación e improvisación, técnica e intuición, razón y fe, ciencia y arte, respeto al encuadre y flexibilidad, precisión diagnóstica y versatilidad terapéutica), conectará con el consultante y establecerá pronto una alianza terapéutica, llevará a cabo su misión de manera cariñosa, respetuosa, responsable y adecuada.


4

 

En la psicoterapia formativa se tiene la certeza de que todo ser humano puede transformarse para bien, vivir cada vez mejor, ser feliz y realizarse plenamente. Y como se considera que en todo paciente está la posibilidad de cambio, se brinda libertad y espacio suficiente para que cada quien descubra su camino, con total autonomía. El grupo hace su búsqueda. El psicoterapeuta está también en la suya. Muchas veces sus búsquedas se encuentran y entrelazan y potencian (especialmente por obra de la sinergia terapéutica), pero en otras, las diferencias, las singularidades y los rasgos distintivos (siempre bienvenidos, porque nada más propenso a los totalitarismos que las homogeneidades), harán que cada quien realice su proceso de forma personalísima.

En línea con lo anterior, sucede muchas veces que cada paciente decida enfocarse en aquellos aspectos del proceso psicoterapéutico que sean más concordantes con sus necesidades e intereses más profundos. Si bien todos (también el psicoterapeuta) han de alcanzar los objetivos de la psicoterapia formativa de grupo (la plenitud existencial, la felicidad, el verdadero sentido de la vida, la reconexión con Dios y lo sagrado, la formación integral, el logro de una cosmovisión nueva, los aprendizajes significativos, la mejoría en la calidad de la vida, la integración armónica del psiquismo, el desarrollo equilibrado y ecualizado de las distintas dimensiones de la personalidad, la redefinición de la existencia encaminada a la aprehensión de la completitud, la salud mental y la totalidad, la forja de una personalidad virtuosa en cada uno de los pacientes, el logro de una nueva filosofía de vida, la praxis que lleva a la transformación, la optimización de los aspectos relacionales y contextuales, la mejoría en las distintas habilidades psicológicas, el desarrollo de los talentos y las potencialidades), es un hecho que cada paciente tiene todo el derecho a centrarse más en lo que percibe que le hace más falta (por ejemplo, el ejecutivo que quiere mejorar las relaciones con sus compañeros de oficina se enfocará más en mejorar sus habilidades interpersonales y elevar su inteligencia emocional, la madre que ha logrado superar su adicción y recuperar su familia se enfilará hacia la praxis transformadora y el restablecimiento de los vínculos, el adulto joven que desea triunfar en su carrera y dejar un legado se encaminará por el logro de aprendizajes significativos y el desarrollo de una personalidad equilibrada y ecualizada, la adolescente que busca un sentido para vivir hará hincapié en los distintos modos de realización personal y reconexión con lo trascendente, etcétera).  

Los procesos de construcción y reconstrucción del psiquismo están dados, pero implican una corresponsabilidad: el terapeuta y el paciente aportan sus saberes, sus experiencias y sus habilidades, constituyendo un equipo. El paciente es el protagonista, sin duda alguna, pero el tratante tiene que arrimar el hombro y hacer también su rol (de coequipero, guía, consejero, tutor, cuidador, amigo, maestro y escudero, y todas las demás funciones que requiera desplegar en beneficio de que el paciente lleve una existencia plena); la responsabilidad no está ni inclinada hacia el doctor (como sucede en casi todas las vertientes de la terapia cognitivo-conductual, en el coaching, en la hipnosis, en la atención plena, en la terapia dialéctico-conductual, y en las diversas técnicas actualmente de moda, como EMDR o imaginación guiada) ni hacia el consultante (como sucede en casi todas las vertientes psicodinámicas y psicoanalíticas, que incurren en errores como el de hacer del tratante un mero testigo pasivo del proceso, o como el de menospreciar herramientas tan valiosas como la consejería o la espiritualidad). En este aspecto, la psicoterapia formativa está hermanada con la terapia sistémica, el psicodrama, la terapia humanística, la terapia gestáltica y la terapia centrada en el cliente: se ubica en el centro, exigiendo a ambos, paciente y psicoterapeuta, un papel activo.

De lo anterior deriva que en la psicoterapia formativa el grupo no está a merced del terapeuta, ni lo ve como un líder político o religioso (uno de los defectos más deletéreos de la teoterapia y de las “terapias de motivación”), ni mucho menos depende de él. De hecho, al tener un encuadre fijo, claro y bien establecido, el grupo sabe que arranca la sesión y la lleva a cabo, aún en ausencia del psicoterapeuta (que puede sufrir un accidente, un imprevisto o cualquier otro tipo de percance), pues tiene ya claros los objetivos terapéuticos y se autorregula con disciplina y eficiencia. Obviamente ocurre rarísimas veces, y es siempre una circunstancia excepcional, pero un buen psicoterapeuta formativo sabe que, si ha hecho bien su trabajo, el grupo ha madurado lo suficiente, y se las apañará sin él en una sesión. 

También es cosa cierta que el terapeuta no está a merced del grupo, no se deja mangonear ni apabullar por él; no hay cabida para la manipulación ni el chantaje, ni mucho menos para la anarquía. No es ni siervo ni esclavo (como suelen fantasear algunos pacientes, especialmente aquellos con trastorno de personalidad narcisista o sociopático), y tiene la autoridad que da el saber. Es el experto. Tiene el conocimiento, tanto por sus estudios como por su experticia. No es una “excursión de colegiales”, no es un “campamento de vacaciones”, no es una “actividad recreativa” de hotel. El encuadre y los límites están dados, claramente definidos. El psicoterapeuta formativo cree en la democracia, el liderazgo horizontal y la corresponsabilidad, y sabe hacer equipo (con el grupo, y con cada uno de los miembros del mismo), pero está revestido de una especial dignidad: es el tratante.


5


El que asiste a psicoterapia formativa de grupo sabe (o lo descubre rápidamente, en los primeros encuentros) que busca una sólida estructuración de la personalidad: allí donde hay inseguridades, asuntos no resueltos, duelos mal elaborados y carencias del psiquismo, pronto empezarán a emerger respuestas, soluciones, crecimientos y transformaciones. El self pobremente constituido irá cohesionándose y fortaleciéndose cada vez más. El miedo a hablar en público o a mostrarse dará paso a una espontaneidad y una confianza sucesivamente mayores. La dificultad para socializar e integrarse se convertirá en apertura, tolerancia y capacidad para el diálogo. Los temores al juicio o al rechazo se tornarán en seguridad y alta autoestima. La indiferencia y la insolidaridad serán sepultadas por la empatía, la comprensión del prójimo y el deseo de ayuda. 

Alguien podría argumentar que tiene un self bien cohesionado, una personalidad bien estructurada, y hasta una salud mental envidiable (sí, muchos se ufanan de ello… aunque suelen ser víctimas de una falta de introspección lamentable). Aún si ese fuera el caso, a nadie le sobra una reestructuración. Las neurociencias han mostrado, en miles de estudios, que quien no aprende cosas nuevas y se queda estancado en los mismos patrones mentales, termina anquilosándose, enfermando y acercándose a la muerte a velocidad pasmosa. Si ya hay una adecuada (o, al menos, aceptable) organización, vale la pena una reorganización.

Volver a pensar, y volver a pensarse a sí mismo, tiene un sabor especial en el contexto de una terapia de grupo. Se convierte en una fascinante aventura. Cuando cada uno de los participantes repiensa aquello que en algún momento quiso dar por sentado porque le pareció “indudable” o “incontrovertible”, va descubriendo una enorme cantidad de basura mental que lo limitaba y anclaba a emociones, pensamientos, fantasías y conductas que impedían la plenitud existencial. La reflexión y la praxis filosófica de la psicoterapia formativa le permitirán librarse de dichos residuos, y empezar a pensar sin ataduras: con creatividad, curiosidad y disposición a aceptar las cosas sin encasillarlas en esquemas previos. 

Catapultado así a la libertad y la originalidad, cada miembro del grupo entenderá que tiene una nueva oportunidad en la vida: que, literalmente, puede re-nacer y re-crearse. Y el grupo, como un todo, sentirá esa energía peculiar que alienta y aviva los grandes momentos: se lanzará con todo hacia la transformación que anhela.


6


Formación. Un buen clínico entenderá a cabalidad el proceso terapéutico si logra captar todas las dimensiones de dicho concepto. No hay grupos malos, ni condenados al fracaso. Simplemente hay grupos esperando encontrar esa magia.

El psicoterapeuta formativo entiende y valora la belleza de pensar. Y desea despejarles el terreno a todos los que concurren a la sesión de grupo, para que puedan también descubrirla, experimentarla y disfrutarla. Sabe que no podrá ahorrarles el camino, por supuesto, pero sí puede mostrarles dónde inicia. 


7


Del re-pensar y re-pensarse, de la redefinición y la reintegración terapéuticas, surgirá la forja y la construcción de un psiquismo encaminado a la felicidad, la realización y la plenitud. 

Todo grupo quiere un cambio. Y dentro de lo que se quiere como cambio, hay deseos explícitos (los que el grupo suele verbalizar) y deseos implícitos (los que el grupo no verbaliza usualmente, pero está ahí, y aflora con cierta frecuencia). Estos últimos, usualmente inconscientes, están íntimamente ligados con los objetivos de la psicoterapia formativa de grupo (de hecho, he ido identificando dichas metas terapéuticas en la medida en que conozco cada vez mejor el inconsciente personal y el inconsciente colectivo de mis pacientes).

Si el grupo está compuesto por personas con adicción al alcohol y otras sustancias psicotóxicas, explícitamente desea llevar una vida de satisfacción, sobriedad, lucidez mental, productividad y equilibrio, así como recuperar la funcionalidad y las buenas relaciones con su entorno. Si lo integran pacientes con enfermedades médicas, todo apunta a la adaptación, la recuperación y el reinventarse en la nueva condición, así como mostrar a la sociedad que aún se puede ser útil, exitoso y creativo. Los que padecen algún trastorno mental quieren superar el cuadro sindromático, recuperar su autoestima y empoderarse, moldeando de la personalidad alrededor de lo bueno, lo bello y lo razonable (y no alrededor del déficit o el sufrimiento). Los deseos explícitos de quienes son médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales o enfermeros rondan el autoconocimiento, la integración de la psique, el fortalecimiento de las inteligencias emocional y social, el aprendizaje y la posibilidad de expresarse libremente en un espacio en el que no serán juzgados. Los miembros de distintas organizaciones manifiestan que desean optimizar el liderazgo, la asertividad en la comunicación, el rendimiento y el clima laboral. Cuando se trata de equipos deportivos, suelen explicitarse deseos de victoria (coronarse campeones de un torneo, recibir una bonificación o un premio, evitar el descenso de categoría), avenencia, compenetración, relaciones inteligentes con los periodistas, autoimagen e incremento en el desempeño. Los grupos académicos verbalizan estar buscando integración para agilizar los procesos de estudio, investigación y producción académica, herramientas para el manejo del estrés y superación del miedo a hablar en público. Las comunidades parroquiales explicitan querer avanzar en el camino espiritual, disponer de material para ser más persuasivos y eficaces en su labor misionera, sublimar sus pulsiones o modificar los aspectos más oscuros de su Sombra. En condominios y vecindarios, las personas suelen querer llevarse mejor, entrenarse en comunicación asertiva, aprender a negociar y resolver conflictos de manera pacífica, y, en general, tener unos estilos de afrontamiento de las dificultades maduros y adaptativos. 

Dentro de los deseos implícitos hay cosas que a muchos grupos les cuesta reconocer, bien sea porque los consideran “inferiores”, ligeramente “vergonzosos” o no muy políticamente correctos. Lo interesante es que en la psicoterapia formativa pronto descubren que no tienen por qué cohibirse, que es preferible ser genuinos y francos a caer en un obtuso acartonamiento, que pueden estar muy por encima de los prejuicios, las limitaciones y las tonterías de la cultura light y la neoposmodernidad. Y dichos deseos implícitos empiezan a jugar a favor del proceso terapéutico, como potentes motivadores. Resulta fundamental que el grupo entienda que, si algo no atenta contra la ética, el mensaje esencial de Cristo (que hay que amar, perdonar y ayudar sin medida), ni el sentido común, así parezca algo trivial o inaceptable, y siempre y cuando sirva para inspirar y motivar, es bienvenido.  

Los deseos implícitos a los que las personas con adicción al alcohol y otras sustancias psicotóxicas le pueden sacar provecho son: mejorar su apariencia personal, rejuvenecer o al menos recuperar parte de los años de vida perdidos, llegar a ser “buenos partidos” para emparejarse nuevamente, recuperar la custodia de los hijos y demostrarles a los escépticos que sí podían salir de las tinieblas. Los pacientes con enfermedades médicas quieren sentirse vivos y poder volver hacer lo que hacían antes de la enfermedad (y por eso están dispuestos a llevar un estilo de vida saludable, modificar hábitos maladaptativos y llevar una buena adherencia al tratamiento).  Los que padecen algún trastorno psiquiátrico procuran tener salud mental para emparejarse, ser más útiles en sus sistemas familiares, y triunfar académica y laboralmente. Quienes son médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales o enfermeros quieren un espacio para hacer catarsis, adquirir conocimientos y hacerse expertos (para también tener fama y prestigio). Los miembros de distintas organizaciones implícitamente desean trabajar mejor para ganar más dinero, descansar un rato del trabajo rutinario y acrecentar los lazos de amistad y camaradería. Deportistas y entrenadores buscan celebridad, sentirse vigorosos y atléticos, y disfrutar de una conversación amena y relajada. Gran parte de quienes ingresan a grupos académicos andan a la caza de nuevas amistades (y, a lo mejor, del amor de sus vidas), un invento o una idea que les traiga riqueza y al mismo tiempo satisfacción moral, dejar un legado a las generaciones venideras y entretenerse de manera sana en su tiempo libre. A un alto porcentaje de miembros de comunidades parroquiales la psicoterapia de grupo les permite expresar ideas, sentimientos y posturas que serían fácilmente censurados en ambientes eclesiásticos; muchos también añoran superar tendencias “pecaminosas” (por ejemplo, el deseo de una persona prohibida, o la tendencia al rencor), así como la culpa, la ira y la vergüenza. Muchos de los grupos de vecinos que asisten a terapia quieren conocer gente nueva, o reforzar vínculos ya existentes, y usar la mayor compenetración lograda como una catapulta para sus carreras y negocios. 

Por supuesto, la terapia está enfocada especialmente en los objetivos de la psicoterapia formativa (plenitud existencial, felicidad, conexión con Dios, fortalecimiento de la dimensión trascendente y religiosa, formación integral, aprendizajes significativos, reflexión, redefinición, construcción de una cosmovisión nueva, forja de una personalidad equilibrada y virtuosa, integración armónica del psiquismo, praxis filosófica, optimización de los aspectos relacionales, sano desarrollo de todas las dimensiones del psiquismo). Pero las metas de cada paciente, y los deseos implícitos y explícitos que cada grupo tenga, lejos de ir en contravía con ellos, lo que hacen es reforzarlos y potenciarlos.   


8


Aun cuando psicoterapeuta y grupo terminen funcionando como una diada terapéutica, la individualidad de cada uno de los miembros del grupo está preservada. Esto es algo favorable. El grupo no puede convertirse en masa, porque el proceso se desdibujaría y podrían darse, en los momentos de mayor intensidad emocional, situaciones francamente inadecuadas. Que cada paciente siga siendo una persona consciente, lúcida y sensata es deseable y permite alcanzar los objetivos de manera más contundente. 

A raíz de dicha conservación de la individualidad se dan momentos de consonancia y disonancia de cada miembro con respecto al grupo. Esto no tiene nada de malo. El buen psicoterapeuta debe ser consciente de que la sensatez del paciente va de la mano con su autonomía y su libre albedrío. En consecuencia, muchas veces vibrará con los otros y opinará en consenso, o se lanzará a hacer lo que los demás estén haciendo, con agrado y simpatía. Pero en otras ocasiones (los momentos de disonancia) uno de los pacientes preferirá discrepar, o al menos interpretar distinto cierto argumento dicho por otros miembros del grupo, o procederá a hacer a su manera cierta actividad grupal. 

El psicoterapeuta formativo, con delicadeza y prudencia, identificará estos momentos de disonancia del individuo frente al grupo, los respetará (siempre y cuando no generen discordia ni malestar al interior del grupo), procederá con tacto a suavizarlos (matizándolos, complementándolos, introduciéndolos dentro del contexto discursivo del grupo), y tenderá los puentes que hagan falta para que terminen siendo simplemente lo que son (disonancias), y no disputas ni actitudes antiterapéuticas.


9


En todo grupo está la posibilidad de cambio, pues el hombre es un ser dinámico, con potencial para la evolución y el desarrollo. Aún si ha logrado un relativo nivel de salud mental, o una forma madura de ser y de existir, puede ser mejor: puede avanzarse en la consolidación, la potenciación y el fortalecimiento de los aspectos positivos del psiquismo. 

Como la psicoterapia formativa está encaminada a lograr la plenitud existencial, busca que grupo y terapeuta logren una redefinición de sí mismos, de sus conceptos y de sus relaciones (una cosmovisión nueva), y alienta a que ambos logren ser buenos (éticos, responsables, solidarios, comprometidos, virtuosos, reconectados con Dios y con sus aspectos más profundos, sublimes y trascendentes…en conclusión, personas bien formadas). Esto, en consecuencia, trae que tratante y grupo aprendan a vivir bien, usando a favor experiencia de vida, siendo capaces de reconocer en el otro a un prójimo que hay que cuidar (viviendo una ética del cuidado y del cariño), conectando con los demás de manera respetuosa, empática, responsable y solidaria, transmutando lo negativo de antaño en la construcción de un presente de progreso y un futuro de plenitud.

Como resultado, grupo y psicoterapeuta formativo irán más allá de la mejoría y el bienestar propios, e impactarán positivamente en sus familias y comunidades. Y, a largo plazo, contribuirán a que todas las naciones vivan según los más altos ideales de bondad, belleza, moralidad y virtud.


¿Cómo es un psicoterapeuta formativo de grupo?


En la Sociedad de Psicoterapia Formativa existen unos Estatutos, un Código de Ética, unas capacitaciones y una disciplina encaminados a lograr la máxima coherencia entre cada profesional en concreto y el ideal de buen psicoterapeuta.

El psicoterapeuta formativo de grupo es empático, justo y bueno: como se sabe responsable frente a Dios, frente a su conciencia moral y frente a sus semejantes, busca conocer y comprender a sus pacientes (quienes conforman el grupo), y logra establecer un vínculo sincero con ellos. Su honestidad, patente en sus gestos y actitudes, lo hace genuino y creíble. Vibra con el grupo, pues entra fácilmente en sintonía. Disfruta lo que hace, se divierte, porque está ayudando a los demás y realizándose a nivel vocacional. Crece cada día, en todos los niveles del psiquismo. Estudia y se actualiza constantemente, y dedica tiempo a su desarrollo personal, pues su interés es servir como instrumento de Dios en su labor sanadora. Se entrega, hace su trabajo con entusiasmo, busca que todos los miembros del grupo se enruten hacia la plenitud existencial. Es detallista y está atento a lo que hace, pues conoce los peligros de una contratransferencia inadecuada, y las ventajas de una transferencia, un vínculo y una sinergia terapéutica bien logrados.

A nivel técnico, el psicoterapeuta formativo está tan bien preparado que busca ser útil ejecutando la maniobra que le sea más benéfica al grupo en cada momento de la sesión, nadando con fluidez entre los distintos modelos terapéuticos (obviamente, sin perder su identidad y sin perder de vista los objetivos de la psicoterapia formativa, es decir, sin caer en un eclecticismo sin pies ni cabeza); siempre tratando de impactar también en lo familiar, comunitario y colectivo, mueve a cada uno de los miembros del grupo, y al grupo como totalidad, a un cambio en la forma de ser y de estar en el mundo que implique mejores relaciones interpersonales, mayor compromiso social, más proactividad y la construcción de un proyecto de vida en el que el servicio al prójimo y la práctica concreta de los valores del Evangelio.

Insisto siempre en la vida espiritual del psicoterapeuta, porque es el factor más poderoso para mantener la virtud, la serenidad, el equilibrio psíquico, el buen juicio y la lucidez mental. Nada tan eficaz para ir por la senda de la plenitud como la oración, la meditación, las lecturas edificantes, los retiros espirituales, la contemplación, en fin, todo lo englobable dentro de lo religioso. Y el grupo fluirá también en la medida en que explore y explote su religiosidad: vivirá cada vez mejor. La transmutación, la catálisis y la sinergia terapéutica, potenciadas, permitirán la salud, la reflexión fructífera, el desarrollo integral, la praxis duradera. Formación y plenitud. Formación para la plenitud.


¿Cuáles son las metas de la psicoterapia formativa de grupo?


1. Consecución de la plenitud existencial, la felicidad, el verdadero sentido de la vida.

2. Conexión con Dios.

3. Fortalecimiento de la dimensión trascendente y religiosa.

4. Constitución de un proceso pedagógico y formativo, una oportunidad para hacer mejores personas tanto a los pacientes como al terapeuta.

5. Logro de aprendizajes significativos.

6. Encuentro, en compañía de los pacientes, de una cosmovisión nueva.

7. Reflexión, pensamiento y reconceptualización, encaminados a la forja de una personalidad equilibrada y virtuosa en cada uno de los pacientes, y en el grupo como totalidad.

8. Logro de una nueva perspectiva existencial, una forma de ser y existir en el mundo distinta a la que se llevaba antes de empezar el proceso: una nueva filosofía de vida para el grupo.

9. Redefinición completa y conjunción armónica de todas las dimensiones del grupo.

10. Logro de un sano equilibrio entre las distintas facetas y tendencias del sí mismo en cada paciente (self integrado y ecualizado) y en el grupo (que tiene una personalidad propia, y que está llamado a ser una construcción bien ensamblada, funcional y estructurada).

11. Praxis. El grupo debe llegar, a partir del conocimiento, a la transformación. Tiene que lleva al terreno real y concreto todo lo logrado en el proceso.

12. Optimización de los aspectos relacionales y contextuales de los miembros del grupo (la inclusión de las parejas y las familias en el proceso, que permite la sanación de múltiples dimensiones a nivel sistémico).

13. Cohesión del sí mismo, individuación y formación: grupo y psicoterapeuta saldrán del proceso teniendo mucho más claro quiénes son, cómo quieren ser, de qué manera desean vivir y qué pueden hacer para mejorar sus vidas.

14. El psicoterapeuta formativo busca hacer de sí mismo el mejor instrumento para el tratamiento del grupo, y, en consecuencia, efectúa acciones que fomenten la formación y el desarrollo integral de todos, en el marco de una legítima alianza terapéutica y aprovechando al máximo la sinergia terapéutica.

15. En la psicoterapia formativa de grupo se da un crecimiento mutuo, dado que todos están abiertos a nuevos aprendizajes, nuevos esquemas mentales, nuevas formas de afrontar la vida.

16. Las funciones catártica, sostenedora, catalizadora, sanadora, pedagógica, reconstructora, analítica, sintética, motivadora, terapéutica, facilitadora y transformadora, aunque se dan en todos los procesos de psicoterapia formativa, tienen un modo único y singular de darse en cada grupo. 

17. El proceso está llamado a ser placentero o al menos agradable. La tradicional asunción de que la toma de conciencia, la introspección, el insight o la psicoterapia misma han de ser siempre dolorosos, difíciles y “duros”, está completamente superada en la psicoterapia formativa. La meta es que el doctor y el grupo disfruten del proceso, se sientan seguros y felices con cada avance, y descubran e integren los aspectos inconscientes o escindidos de su psiquismo con una satisfactoria sensación de logro.


Otras consideraciones en la psicoterapia formativa de grupo


La integralidad debe darse en lo teórico y lo técnico: se deben usar diversas miradas y herramientas según cada momento vivido en la sesión. El dinamismo de los grupos es enorme, y exige al psicoterapeuta desenvolverse con versatilidad y eficiencia.

Cada grupo es un mundo nuevo. El buen psicoterapeuta debe tener la mente abierta a la hora de abordarlo, y echar mano de distintos enfoques y distintas maniobras, de distintas escuelas, buscando el beneficio de sus pacientes. La terapia debe adaptarse a las necesidades del grupo.

La sinergia entre el grupo y el psicoterapeuta es innegable. El grupo influye en el terapeuta, así como el terapeuta influye en el grupo. Son equipo, se compenetran, complementan y ayudan.

El psicoterapeuta ha de ser un instrumento terapéutico que se dona y se convierte en catalizador del cambio y la transformación, en el grupo y en cada uno de los miembros del mismo.

No se requiere una parafernalia o de un lugar especial para la ejecución de la psicoterapia formativa de grupo. Basta un espacio limpio y seguro, sin contaminación visual o auditiva. Hasta el día de hoy, he obtenido buenos resultados trabajando con grupos de entre diez y veinticinco integrantes, en sitios al aire libre o en auditorios o salones. También puede hacerse usando la Telemedicina; de hecho, la virtualidad me ha permitido trabajar con equipos de trabajo y otros grupos con miembros que no están ubicados en la misma ciudad, o que tienen alguna dificultad para movilizarse o algún otro impedimento (por ejemplo, comorbilidades médicas). Una treintena de sillas (ojalá cómodas y ergonómicas) es el único mobiliario requerido, aunque no es algo indispensable si se trata de una locación campestre (en la que cada paciente puede hacerse en una litera o alfombra de yoga, o sentado en el césped); en la Teleconsulta, una plataforma segura y de buena calidad de imagen y sonido.


Contenidos de la psicoterapia formativa de grupo


Como he sostenido en otros ensayos y artículos, es deseable equilibrar lo espontáneo con lo esquemático, lo lúdico con lo solemne, lo intuitivo con lo racional. Obviamente el terapeuta ha de llegar a cada encuentro con una idea previa de lo que espera encontrar en dicha sesión, y ha de efectuar, antes de la misma, unas adecuadas preparación y planeación. Pero ellas no pueden ser camisa de fuerza. Si en algún momento aparece algo novedoso o inesperado que pueda ser utilizado para beneficio del grupo, el guion puede cambiar.

La clave está en ser sensatamente flexible, y vibrar con el grupo de tal forma que los asuntos a tratar en la sesión vayan surgiendo sin acartonamientos, sin sacrificar la espontaneidad ni el dinamismo propio de lo inconsciente que va aflorando en el momento menos pensado. Al mismo tiempo, recomendaría asegurarse que con el grupo se van a tener por lo menos doce encuentros (pudiendo ser, obviamente, muchos más; lo ideal, para tener un grupo muy bien formado, es lograr un vínculo de al menos cuatro años), para cumplir a cabalidad los ítems a desarrollar a lo largo del proceso.

Las metas de la psicoterapia formativa son universales. Todo tipo de pacientes, y todo tipo de grupos, se benefician de alcanzar sus objetivos (felicidad, verdadero sentido de vida, realización, reconexión con Dios y lo sagrado, sabiduría, logro de una cosmovisión nueva, aprendizajes significativos, mejoría en la calidad de vida, integración armónica del psiquismo, desarrollo equilibrado y ecualizado de las distintas dimensiones de la personalidad, redefinición de la existencia, completitud y totalidad, salud mental, forja de una personalidad virtuosa, una nueva filosofía de vida, praxis y transformación, optimización de los aspectos relacionales y contextuales, mejoría en las distintas habilidades psicológicas, desarrollo de talentos y las potencialidades, en fin, formación y plenitud), pero obviamente en ciertos grupos se pueden hacer determinados énfasis. 

Me he percatado que con grupos de drogodependientes en proceso de rehabilitación conviene enfocarse en el autocuidado, el rescate de las funciones yoicas, el fortalecimiento de habilidades sociales y comunicativas, la religión (entendida como religazón con lo divino), la adquisición de la capacidad de espera, la recuperación de las redes de apoyo social y familiar, la identificación y la transformación clara de los factores que provocaron el consumo o la recaída, la forja de una personalidad fuerte y disciplinada, el saneamiento de las amistades, la recuperación a nivel académico y ocupacional, el uso adecuado del tiempo libre y la adquisición de una devoción y una piedad robustas. 

Con pacientes crónicos, he visto muy pertinente trabajar la introspección y la conciencia de enfermedad, la construcción de redes de soporte emocional, la adherencia al tratamiento, la plena reinserción laboral, la reestructuración de la personalidad, la espiritualidad en la vida cotidiana, el rescate de los valores y las capacidades que favorecen la adaptación, la expansión del círculo social, la psicoeducación, el fortalecimiento de la fe, la identificación de síntomas de alarma y el favorecimiento de los aspectos sanos del psiquismo.

Las personas con enfermedades psiquiátricas se benefician enormemente de una redefinición completa de su condición, de tal manera que los símbolos y las asociaciones relacionados con ser excluido, padecer y sufrir, sean reemplazados por cogniciones y conductas de confianza, seguridad, conocimiento y control de la enfermedad, liderazgo y plenitud existencial. Resulta muy conveniente el retomar espacios de estudio, trabajo y vida social; para ello, el entrenamiento en inteligencia emocional y el empoderamiento resultan cruciales. Las estrategias sociopolíticas que el tratante y el grupo puedan realizar en aras de acabar de una vez por todas con todas las formas de discriminación son bienvenidas.

En cuanto al personal sanitario, el aporte de Michael Balint resulta tan eficaz como valioso. Sin embargo, como todo lo bueno puede ser mejor, he visto que añadir estos elementos resulta sumamente benéfico: entrenamiento en técnicas de relajación como los de Edmund Jacobson y Heinrich Shultz, la autohipnosis, el yoga, la imaginación guiada y la meditación; preparación en métodos de respiración profunda, atención plena y desensibilización de experiencias traumáticas; exploración y elaboración de distintos duelos (muchos de ellos, relacionados con el propio quehacer en instituciones hospitalarias); manejo inteligente de las finanzas; cuidados del cuidador; empleo inteligente del tiempo libre; optimización de las relaciones de pareja y familia; uso de la fe y la religiosidad como caminos de aceptación y resiliencia. 

Con los miembros de la Sociedad de Psicoterapia Formativa he ido descubriendo que todo lo anterior debe complementarse con el redescubrimiento de Dios y de la vida religiosa (frecuentemente ahogada por docentes obtusos en las Facultades de Medicina y Psicología), el uso inteligente de todas las vías que conduzcan a la instauración de un estilo de vida plenamente ético, sabio y virtuoso, el trabajo en la escucha activa, la asertividad y otras herramientas de comunicación, la capacitación constante en diversas habilidades y técnicas terapéuticas, el logro de la integración y la transmutación plenas (más allá del insight), la formación filosófica y teológica, la potenciación de la creatividad, la producción musical/artística/literaria, la práctica deportiva regular, y la dirección o asesoría espiritual a cargo de un sacerdote, pastor o consejero prudente, sensato, intachable, juicioso y honrado (ojalá también psicoterapeuta formativo).

Los deportistas se benefician singularmente del descubrimiento de otras propias capacidades y vocaciones “ocultas”, de las autoafirmaciones positivas, de la mejoría en las habilidades sociales, de la cuidadosa estructuración de la autoimagen y la autoestima, de las conductas de autocuidado, de las actividades extradeportivas y de todo lo que rescate su dignidad de la maraña de exigencias auto y heteroimpuestas, fantasías irrealizables y proyecciones enfermas de clubes, fanáticos, comentaristas y periodistas deportivos.

En el ámbito organizacional, he notado que sirven mucho el entrenamiento en comunicación efectiva e inteligencia emocional, la oración compartida al iniciar la jornada, las pausas activas y momentos de retroalimentación, los talleres y seminarios enfocados a mejorar el clima laboral, los estímulos académicos y sociales, las fiestas de integración (que deben incluir las familias de cada miembro de la organización, y estar libres de alcohol y otros tóxicos), los encuentros deportivos y lúdicos, los retiros espirituales, los paseos y los otros espacios de convivencia encaminados al conocimiento del prójimo.

En el trabajo con grupos de vecinos y comunidades parroquiales, resultan de utilidad las dinámicas de grupo que permitan: conocimiento de los demás e integración; formación en habilidades no técnicas y en el arte de la negociación; oportunidades de aprendizaje en autorregulación y gestión emocional; adquisición de elementos de cortesía, civismo y buenos modales; asertividad y amabilidad cada vez mayores; comunicación fluida, sin distorsiones ni sesgos; crecimiento espiritual y vivencia coherente de los valores éticos universales (bondad, honradez, amor, empatía, solidaridad, paciencia, gratitud, perdón, humildad, responsabilidad, prudencia, sinceridad, justicia, verdad, templanza, y, muy especialmente, un cuidado cariñoso del prójimo).

Por supuesto, todos los puntos anteriores, en esos grupos y en otros grupos terapéuticos (incluyendo familiares y cuidadores), tienen que estar en consonancia con las metas de la psicoterapia formativa, para lograr un proceso finamente ensamblado y eficaz.

Recomiendo a los psicoterapeutas hacer una buena oración (que ojalá incluya tanto meditación como plegaria), a solas, antes de cada sesión, y el ofrecimiento de la misma al Señor, que sabrá guiar y organizar todo a favor del crecimiento personal del grupo. También, al terminar el encuentro, una breve oración de agradecimiento (por lo general, a los pacientes les gusta mucho hacer la oración de la Paz compuesta por san Francisco de Asís).     

  

Conclusión


La psicoterapia formativa de grupo tiene múltiples aplicaciones y utilidades, y puede ser usada en diferentes escenarios clínicos. Teniendo en cuenta la necesidad de ofrecer una psicoterapia estructurada, completa e integral a diversos grupos de pacientes, resulta un modelo útil, práctico y eficiente, ampliamente versátil y de bajo costo.  


Referencias


Balint, M. (1986). El médico, el paciente y la enfermedad. Buenos Aires: Editorial Libros Básicos.

Balint, M. (1993). La falta básica: aspectos terapéuticos de la regresión. Buenos Aires: Paidós.

Bernard, M. (2006). El trabajo psicoanalítico con pequeños grupos. Buenos Aires: Editorial Lugar.

Bion, W.R. (2006). Experiencias en grupos. Buenos Aires: Paidós.

Kaës, R. (1995). El grupo y el sujeto del grupo. Buenos Aires: Amorrortu.

Kaës, R. (2000). Las teorías psicoanalíticas del grupo. Buenos Aires: Amorrortu.

Kaës, R. (2005). La palabra y el vínculo: procesos asociativos en los grupos. Buenos Aires: Amorrortu.

Kaplan, H.I., Sadock, B.J. (1983). Comprehensive Group Psychotherapy. Portland: Book News Inc.

Moreno, A. (2015). Manual de Terapia Sistémica. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Moreno, J.L. (1966). Psicoterapia de Grupo y Psicodrama. México: Carlos Fuentes Editores.

Morin, E. (1998). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

Selvini, M. (1986). Al frente de la organización: estrategia y táctica. Buenos Aires: Paidós.


*

David Alberto Campos Vargas


Médico cirujano - Pontificia Universidad Javeriana.

Especialista en Psiquiatría - Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo - Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra - Universidad Católica de Chile

Filósofo - Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo – Obispado Castrense de Colombia


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2022) Psicoterapia Formativa de Grupo. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, julio de 2022.


domingo, 29 de mayo de 2022

ABORDAJE DE LA DEPRESIÓN DE ALTO FUNCIONAMIENTO DESDE LA PSICOTERAPIA FORMATIVA, por David Alberto Campos Vargas

 

ABORDAJE DE LA DEPRESIÓN DE ALTO FUNCIONAMIENTO DESDE LA PSICOTERAPIA FORMATIVA


David Alberto Campos Vargas*

 

I

 

La depresión de alto funcionamiento es un fenómeno cada día más frecuente. En esta neoposmodernidad tan orientada hacia la consecución de metas, el máximo rendimiento, la productividad (al menos material) y el buscar afanosamente el aplauso y la aprobación de los demás en redes sociales, manifestar ciertos síntomas depresivos se está convirtiendo en tabú. Las expectativas tan exageradamente altas, el individualismo, el culto a la imagen, el antropocentrismo y la cultura light, factores típicos de este siglo XXI (el Siglo del Narcisismo), están configurando este nuevo tipo de presentación clínica de los episodios depresivos.

Como se está satanizando cada vez más el expresar tristeza, desilusión, cansancio, insatisfacción existencial y cualquier otra cosa que ante los ojos de esta época expresen vulnerabilidad, ya hasta a los deprimidos les está tocando enfermarse de una nueva manera (aquella en la que no puedan ser etiquetados como “débiles”, “necesitados de ayuda” o “incapaces de resolver los problemas por sí mismos”). Por eso la anamnesis de estas personas requiere una exploración sutil y cuidadosa, yendo más allá de la fachada de “invulnerabilidad”, “satisfacción” y “perfección” que la gente se empeña en mostrar en esta época, así por dentro esté viviendo un verdadero infierno anímico.

De este modo, ahí donde debería encontrarse el porte abatido, la mirada gacha y la postura cabizbaja, el doctor encontrará un porte atlético, o por lo menos elegante, una mirada que denota autosuficiencia y orgullo, y una postura bien erguida. En vez de las lágrimas (o los ojos vidriosos, con los párpados inflamados) aparecerán unos engañosos ojos brillantes y hasta soberbios. No serán visibles los gestos de sufrimiento (y mucho menos la llamada omega melancólica), pues el rostro de la persona parecerá juvenil, bien humectado, agradable y con expresión triunfante. El paciente no dirá que se siente triste, aburrido o fatigado, para no parecer “fracasado”, “desmotivado” o “falto de forma” (tres rótulos que los neoposmodernos jamás desean que otra gente les ponga); al contrario, manifestará que se siente “muy bien” o “excelente”, “motivado” y “contento” con “su vida, su familia y su trabajo”, y lleno de salud, energía y vigor. En lugar de ideas de minusvalía, expresará sentirse al mismo nivel o incluso superior a los demás. Negará tener ideas de culpa o fracaso (muchas veces se mostrará hasta arrogante y muy pagado de sí mismo, ufanándose de sus logros y cualidades). No verbalizará fácilmente ideas de muerte o suicidio; es más, expresará que quiere “vivir muchos años” para realizar todos sus proyectos. Su ánimo aparentará estar elevado, y hasta expansivo. Su introspección y prospección estarán conservadas. A nivel motor exteriorizará fortaleza y reciedumbre; de hecho, los que padecen depresiones de alto funcionamiento suelen ser asiduos del gimnasio y muy aficionados al deporte.

Por lo anteriormente descrito, hasta un médico experimentado puede confundirse y dar una impresión diagnóstica errada. Incluso un especialista en Psiquiatría puede pasar por alto depresiones de este tipo. Son trastornos con disfraz de virtud, enfermedad camuflada de excelencia, infiernos que sólo la propia persona conoce y padece.

Del deseo de ayudar a todas estas personas que “llevan la procesión por dentro” y muchas veces se quedan sin recibir la ayuda apropiada. Siento que tengo el deber moral de dar a conocer este síndrome, pues por su causa se suicidan a diario personas valiosas y estoy cansado de leer o escuchar noticias que dejan a todo el mundo estupefacto, porque la persona que tomó la triste decisión de matarse nunca verbalizó ideas autolíticas y, en cambio, mostró al mundo una fachada de “éxito, fortaleza y optimismo”.

 

II

 

La plenitud existencial, además de ser idea inspiradora y objetivo principal de la Psicoterapia Formativa, es un anhelo de todo ser humano. El hombre aspira a dicha plenitud; sin ella, cualquier trayectoria vital queda incompleta.

Algo patognomónico hay en las personas con depresión de alto funcionamiento: la sensación de vacío o incompletud existencial. Ahí donde todos los otros síntomas y signos depresivos están ausentes, siempre se encuentra este ítem. ¿Por qué? Porque quienes presentan este síndrome tienen tan alto sentido de responsabilidad, tan peculiar narcisismo y tan formidable capacidad de trabajo que no expresan la enfermedad sino hasta que están prácticamente reventados.

Las peculiaridades de la época actual, y la curiosa presentación de los trastornos narcisistas derivada de aquella (con narcisos que son hasta bienintencionados, y que se ofenden si les dicen narcisistas, porque valoran mucho la corrección política), han generado millones de individuos orientados al logro, bien preparados (muchos de ellos tienen un alto nivel académico, con varios posgrados en su haber), responsables, trabajadores, productivos, ambiciosos, competitivos, muchas veces rutilantes y de altas miras, pero con tan pobre vida interior y tan limitada religiosidad, que se sienten crónicamente vacíos e insatisfechos.

Como nunca están contentos con lo que tienen o han logrado, pero tampoco se permiten siquiera sentirse vulnerables, se deprimen pero ocultan su depresión con un traje de gala, forzando una “sonrisa de vencedores” y llevando adelante una mascarada con la que hasta logran despistar a los demás. El drama es que no pueden engañarse a sí mismos, y saben que su vida transcurre teñida de falsedad. Y eso los va empujando al abismo de forma lenta pero inexorable.

Resulta imprescindible ayudarles a encontrar su verdadero camino en el proceso terapéutico. No el camino de la búsqueda insaciable de simpatías y reconocimientos ajenos. Tampoco el camino interminable del cumplimiento de metas cada vez más altas y exigentes. Y mucho menos el camino de acumular dinero, absurdo suplicio que además constituye una de las peores necedades del alma humana. Su verdadero camino será aquel que los conduzca a la plenitud. Todo psicoterapeuta formativo debe estar listo a apoyarlos, acompañarlos, sostenerlos, guiarlos, motivarlos, corregirlos, serenarlos, socorrerlos, escucharlos e impulsarlos en dicho camino, el único en el cual encontrarán (¡por fin!) el sentido de vida que les era tan esquivo.

 

III

 

Habiendo encontrado su camino verdadero, y decididas ya a recorrerlo sin estar pendientes del qué dirán (porque la plenitud existencial implica saber hacer a un lado las expectativas y las exigencias ajenas, soltando guiones heteroimpuestos y empezando a vivir genuinamente), las personas con tendencia a la depresión de alto y funcionamiento deberán incorporar la humildad dentro de sus propias habilidades. Humildad para entender que no son perfectos (ni están obligados a serlo), que les es lícito y saludable expresar sus afectos, que es deseable y necesario que aprendan a pedir ayuda, que pueden tener vulnerabilidades y debilidades como todas las criaturas vivientes.

El siguiente paso será que aprendan que no tiene nada de malo deprimirse. De hecho, todos los seres humanos han tenido al menos un momento depresivo a lo largo de su vida. Sabiendo ya que eso no las convierte en “perdedoras”, estas personas podrán manifestar más abiertamente sus cuitas, su cansancio, sus temores, su desánimo y su sintomatología depresiva.

De este modo, la engañosa apariencia de perfección e imbatibilidad será cambiada por una consciencia clara de la propia condición humana, una interpretación realista de lo que se es y de los recursos que se tienen, una mayor autoestima, y, sobretodo, una paz espiritual que no se había logrado antes.


IV


El psicoterapeuta formativo ayudará siendo tal cual es, en toda su humanidad y en toda su imperfección, en todas sus luces y sus sombras. Eso es lo que necesita el paciente con depresión de alto funcionamiento: un sanador de carne y hueso, espontáneo, real, libre de ataduras, prejuicios e imposturas. Un médico capaz de apuntar a lo sublime pero también muy conectado con lo terreno, lo suficientemente lúcido como para no dejarse atrapar de la corrección política, las frases de cajón, los consabidos lugares comunes y las otras hipocresías y falsedades de esta época.

El terapeuta será sincero, y su obrar será tan transparente que el paciente sienta realmente confianza en su incondicionalidad. No hay que temer a la transferencia, que inevitablemente tendrá altas dosis de idealización y esperanza. Es un paciente tan necesitado de aprobación y afecto que esto no será problema, dado que el mismo encuadre de la psicoterapia formativa, con su insistencia en el autocuidado (los cuidados del cuidador) la oración, la castidad, el respeto, la pureza y los demás valores del Evangelio, impide cualquier tipo de erotización o desviación de la relación terapéutica.  

En cada ocasión, según lo requiera el momento terapéutico (y suele haber varios momentos terapéuticos en una sola sesión), el doctor podrá ser guía, escudero, maestro, confidente, motivador, consejero, amigo, entrenador y hasta asesor de imagen. Y, en todos los momentos terapéuticos, en todas las sesiones, como coequipero, catalizador de transformación y potenciador de la sinergia terapéutica. Siempre con honradez y profunda humanidad, mostrándose como es (en coherencia absoluta con una de las principales tareas que tiene que realizar el paciente), sin presunciones ni poses: sin el distanciamiento del paciente y las actitudes artificiosas que lastimosamente han calado tanto entre psicólogos y psiquiatras (como si la frialdad y la pedantería fueran sinónimos de profesionalismo, siendo en realidad todo lo contrario).

Con ese obrar terapéutico, mezcla de espontaneidad y erudición, de sencillez y complejidad, el tratante le permitirá al paciente librarse de sus cadenas, pues entenderá que tiene derecho a ser lo que está llamado a ser, y no lo que los demás esperen de él. Y ambos, como diada terapéutica, irán cimentando ese camino de empoderamiento y desarrollo de potencialidades que permitirá el dejar de lado la presión de grupo y las ridículas exigencias de la cultura light. 


V


Las personas con depresión de alto funcionamiento, una vez definen qué es lo que realmente las satisface y las llena (aquello que de verdad las conecta con su esencia y los lleva a actuar de manera proactiva y coherente con sus valores), empiezan a vivir como realmente desean (y no subyugados a los guiones y deseos de otros), y pueden lanzarse entonces a la aventura de ser es auténticos y espontáneos.

Ahí llega la otra ganancia para ellas. Tan pronto hallan su verdadero camino y comienzan a disfrutar una vida libre, empiezan a desplegar la fe y la religiosidad que habían tenido ocultas o mutiladas, o peor aún, distorsionadas, y con toda la fuerza que dan la relación con Dios y el desarrollo de la trascendencia, se ven catapultadas hacia alturas cada vez mayores.

A lo anterior se añade la desbordante energía de la sinergia paciente-terapeuta, y se sienten acogidas y amadas, y empiezan a sentirse realmente seguras y capaces de triunfar (y dejan de depender de la aprobación externa y las ideas ajenas); superan entonces las trabas hetero y autoimpuestas (o mejor dicho, inicialmente heteroimpuestas y, por culpa de mecanismos y estilos masoquistas de introyección y estructuración patológica del polo de los ideales, finalmente autoimpuestas), se liberan de la mendicidad afectiva, mejoran y maduran.  

Adquieren una personalidad sana, integrada y ecualizada; hacen una redefinición de sí mismas y sus conceptos; incorporan aprendizajes significativos, mejoran sus relaciones; logran la conjunción armónica de todas las dimensiones de su psiquismo; potencian su coeficiente emocional; equilibran cuerpo, mente y espíritu; forjan un psiquismo creativo y vigoroso; construyen una cosmovisión nueva a la que pueden también dar una praxis.

Casi al mismo tiempo, o inmediatamente después, estas personas mejoran todas sus dimensiones existenciales desde la filosofía y de la fe. Optimizan en tal grado el funcionamiento psíquico, y empiezan a vivir con todo el poder que dan valores como la bondad, la verdad y la justicia, que su amor hacia sí mismos y hacia los demás llega a crecer exponencialmente.


VI


Llegado a este punto, el paciente con depresión de alto funcionamiento alcanzará la realización personal, el logro de la felicidad auténtica y el desarrollo de sus potencialidades. Alcanzará la vida plena (un derecho universal que, lamentablemente, tardará decenios en ser reconocido como tal).

Cabe señalar que la psicoterapia formativa insiste en que también el tratante aprende y se transforma a la par que el tratado. Tal vez a un ritmo más veloz, por las ventajas comparativas que tiene (por su preparación, su aprendizaje como terapeuta y su experiencia de vida), pero el hecho es que también va cambiando para bien en la medida en que transcurre el proceso.

Psicoterapeuta y cliente, en virtud de la sinergia terapéutica y de la especial manera en que se viven los fenómenos de transferencia y contratransferencia en este modelo, se construyen, se edifican, se completan, se perfeccionan y maduran. Es decir: se forman de tal modo que la existencia es genuina y dichosa y vale realmente la pena. 


VII


El psicoterapeuta formativo, sabiendo que la plenitud existencial y la conducta suicida son incompatibles, debe estar alerta y prevenir el suicidio con todo su saber y toda su experiencia. Para ello debe cumplir a cabalidad con estos logros: a) sensibilización y psicoeducación; b) construcción de un entorno protector; c) acogida respetuosa y serena; d) escucha cálida, validadora y activa; e) inmediata activación de redes de soporte familiar y social; f) elaboración de un plan familiar de contingencia (con eliminación o almacenamiento bajo llave de objetos que el paciente pueda usar para hacerse daño, elaboración de un llavero con las llaves de todas las habitaciones, detección y alejamiento de las personas que son un factor de descompensación anímica); g) acompañamiento permanente; h) música, masajes y aromas que le resulten relajantes y agradables al consultante; i) actividad deportiva y lúdica; j) meditación; k) oración; l) tratamiento de las comorbilidades y corrección de las situaciones que dificultan la vida del paciente; m) manejo farmacológico, si se requiere; n) hospitalización, si hay alto riesgo suicida.

Conseguida también la plenitud existencial (suma de felicidad y realización personal), el psicoterapeuta formativo y el paciente, a través de la sinergia terapéutica, van a reencontrar y potenciar el gozo y la satisfacción por ser y estar en el mundo. Comprendiendo que su condición humana (con sus debilidades y sus imperfecciones) no es ningún pecado, y que tienen también derecho a deprimirse, solicitar ayuda y recibir tratamiento, y que, perseverando con fe, podrán hallar todas las respuestas que buscan, entrarán en la que llamo espiral formativa (reformulación, reforma, redefinición, reconceptualización, integración, equilibrio, armonización y ecualización), y transformarán su personalidad, su self, su vivencia y su propia existencia, libres de las cadenas de la aprobación y la validación externas. 


Referencias


Campos, D.A. (2020). Principios de Psicoterapia Formativa. Armenia: SPF Ediciones.

Chinchilla, A. (2008). La depresión y sus máscaras. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Frankl, V. (1999). El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (2003). Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Editorial Herder.

Grün, A. (2015). Caminos a través de la depresión: impulsos espirituales. Barcelona: Editorial Herder. 

Reyes, M., y Strosahl, K. (2020). Guía clínica de evaluación y tratamiento del comportamiento suicida. Ciudad de México: Manual Moderno.

Skynner, R., y Cleese, J. (2011). Life, and how to survive it. New York: Random House.



David Alberto Campos Vargas

Médico cirujano, Pontificia Universidad Javeriana

Especialista en Psiquiatría, Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo, Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra, Pontificia Universidad Católica de Chile

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Filósofo, Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo, Obispado Castrense de Colombia

Profesor, Universidad del Quindío


Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2022) Abordaje de la depresión de alto funcionamiento desde la Psicoterapia Formativa. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, mayo de 2022.


miércoles, 27 de abril de 2022

CÓMO EVITAR EL SUICIDIO DESDE LA PSICOTERAPIA FORMATIVA, por David Alberto Campos Vargas


CÓMO EVITAR EL SUICIDIO DESDE LA PSICOTERAPIA FORMATIVA


David Alberto Campos Vargas*


El suicidio es una tragedia evitable. En esto deseo hacer hincapié. Todos los seres humanos, más allá de su profesión, deben tener las herramientas básicas para prevenirlo (la capacidad para detectar personas en riesgo, las habilidades básicas de soporte emocional y el conocimiento adecuado sobre la derivación a los especialistas). Así podrán salvar muchas vidas. En esta neoposmodernidad obsesionada con superhéroes irreales, vale la pena apostarle a una capacitación básica que puede ser de verdad útil en el mundo real. 

Quien toma la triste decisión de suicidarse se limita a sí mismo de la forma más brutal: le pone fin a su existencia. Es la más grave de las mutilaciones, y la más lamentable de las renuncias: se está renunciando al ser, al existir. Es una autonegación ontológica. El daño supremo al self. Y lo peor es que es irreversible. De otro lado, el suicidio genera un impacto terrible en los sobrevivientes, dejándoles todo tipo de secuelas psicológicas. Y también produce daño social indirecto: genera zozobra, conmoción y disrupción, tiene un poder traumatógeno en quienes eventualmente lo presencien o encuentren el cadáver, y puede desencadenar otros suicidios.

En su misión de contribuir a la felicidad y la plenitud existencial de personas, familias y comunidades, la psicoterapia formativa también tiene un compromiso claro frente a dicha realidad. Todos los psicoterapeutas formativos deben estar muy bien entrenados para abordar con excelencia, empatía y profesionalismo al paciente con riesgo suicida, para apoyarlo y ayudarlo a redescubrir el sentido de la vida; también para proveer de destrezas útiles a sus familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, y para educar a la población general en las competencias y habilidades básicas para una exitosa prevención del suicidio. 

La formación (que implica una redefinición, una reestructuración y una verdadera transformación) buscada en el proceso terapéutico, y en las demás intervenciones psicosociales, está encaminada a la plenitud existencial. Ese es el objetivo principal de la Psicoterapia Formativa. Hacia ella apuntan todos los demás objetivos en este modelo psicoterapéutico (la apertura a lo sagrado y trascendente, la formación de una personalidad bien integrada y ecualizada, la redefinición de las percepciones y los conceptos sobre la totalidad de las cosas, la incorporación de aprendizajes significativos, la praxis filosófica, la mejoría en las relaciones, la conjunción armónica de todas las dimensiones del psiquismo, el uso de diversas maniobras para potenciar el coeficiente emocional, el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu, la construcción de una cosmovisión nueva, la forja de un psiquismo creativo y vigoroso, la mejoría de las distintas habilidades intrapersonales e interpersonales, el uso de la filosofía y de la fe, la optimización del funcionamiento psíquico, el fortalecimiento de los valores y las actitudes coherentes con la bondad, la verdad y la justicia, el crecimiento en el amor hacia sí mismos y hacia los demás, la realización personal, el logro de la felicidad auténtica y el desarrollo de las diversas potencialidades humanas). De ahí que sea completamente incompatible con el suicidio. La plenitud existencial y la conducta suicida son incompatibles.

Lo primero es sensibilizar y educar mejor a las familias, las organizaciones y los demás grupos humanos. Es lamentable que aún haya gente que se burle de la persona que asiste al psiquiatra, o que crea estúpidamente que se puede enfrentar la depresión con mera “actitud positiva y fuerza de voluntad”, o descalifique (tildándolos de “débiles”, “perezosos” o “incapaces”) a los pacientes que tienen que lidiar con algún duelo, trastorno depresivo o cualquier otra enfermedad mental. Se debe llegar, lo más pronto posible, al día en que todos los habitantes del planeta sepan que quienes se deprimen se están enfrentando a una patología médica, seria y potencialmente grave, que de no tratarse puede resultar fatal, y que quienes manifiestan ideas de muerte, sean pasivas o activas, deben ser escuchados, acogidos y derivados al especialista con prontitud.

Las familias están llamadas a ofrecer una atmósfera de aceptación y validación. El miembro del sistema que manifieste que está cansado de su vida, o que desea morir (o “acostarse a dormir para no despertar jamás”, o que “Dios se acuerde de llamarlo”), o que verbalice claramente el deseo de matarse, debe desencadenar una respuesta mancomunada de acogimiento respetuoso, calmado y efectivo. Brindándole un ambiente cálido, tranquilo, bien dispuesto para la expresión de sus emociones, van a permitirle la catarsis y la expresión de sus cuitas. Cabe señalar que disminuye enormemente el riesgo de cometer suicidio en la persona que puede hablar de sus fantasías suicidas sin sentirse juzgada. Permitirle al paciente hablar de dicho tema, en vez de alentarlo a aniquilarse, en realidad lo protege.  

A nivel de instituciones educativas, profesores, compañeros y personal administrativo también ayudan escuchando (sosegadamente y preferiblemente en un respetuoso y cálido silencio, sin caer en la tentación de darle “soluciones mágicas” o frases motivacionales de cajón) y detectando a tiempo signos y síntomas como: ánimo triste o irritable, anhedonia (dejar de disfrutar o de sentir placer con las actividades que antes eran las favoritas o más gustadoras), disminución en el rendimiento, retraimiento social o franco aislamiento, alteraciones en el patrón de sueño, verbalización de ideas de minusvalía o culpa, negativismo, desesperanza, taciturnidad, retraso en la entrega de tareas y otros deberes académicos, conductas evitativas (como dejar de asistir a fiestas, prácticas deportivas, clubes y reuniones sociales que antes frecuentaba) o inapropiadas (por ejemplo, participación en reyertas, allanamiento de morada, hurto, vagabundeo o vandalismo), consumo de tóxicos (alcohol, cigarrillo, sustancias psicoactivas), desórdenes alimentarios de reciente aparición o cualquier otra novedad que incida negativamente en su comportamiento. Lo importante es no estancarse en la crítica, la estigmatización o la sanción de la persona (que es lo que, por desgracia, se suele hacer), sino en la pronta activación de redes de soporte social y la adecuada remisión a los profesionales pertinentes.

En cuanto al ámbito laboral, colegas y coequiperos y otros miembros de la respectiva organización, resultan muy útiles cuando comunican a la familia del paciente y a los profesionales en salud mental hallazgos por el estilo de: disminución marcada de la participación del trabajador en actividades académicas, culturales, sociales o recreativas a las que antes se vinculaba, estallidos de cólera o llanto, expresiones públicas autocríticas y autodenigratorias (también en redes sociales o sistemas de comunicación internos), verbalización de ideas autolíticas, merma en la productividad, inicio o empeoramiento del consumo de psicotóxicos, episodios de descontrol con agresividad auto o heterodirigida, daños o al menos golpes a mobiliario y utensilios de su sitio de trabajo, ausentismo, impuntualidad, roces y desavenencias con los otros, o cualquier otro síntoma depresivo.

En el hogar, se deben guardar bajo llave y asegurarse de que nunca estén al alcance de quien verbaliza ideas de muerte objetos que puedan ser usados para infligirse daño (sogas, tijeras de punta afilada, martillos, taladros, machetes, cuchillos, herramientas de jardinería, estatuillas, abrecartas, etcétera), armas (no solamente las de fuego: también deben guardarse espadas, dagas, sables y hachas), venenos (de todo tipo: plaguicidas, raticidas, insecticidas) y otros artículos con potencial dañino (correas, botellas de vidrio, medicamentos). Asimismo, se deben tener a mano las llaves de todas las habitaciones, para poder abrirlas en cualquier momento, cuando la persona en riesgo se encierre. También conviene avisar a familiares, amigos y comerciantes que por nada del mundo le vayan a prestar o vender cualquier tipo de instrumento de uso potencialmente letal.

Resulta muy positivo saber con quiénes intercambia ideas quien está en riesgo. Si se trata de seres humanos buenos para escuchar, empáticos, prestos a dar validación desde una posición cálida y afectuosa, poco propensos a abrir la boca, optimistas, resilientes, prudentes, y sobretodo, muy sensatos a la hora de dar apoyo sin sermonear ni presumir ni bombardear al interlocutor con clichés, valen la pena. Sus llamadas, visitas y mensajes son claramente bienvenidos. Del mismo modo, en internet hay grupos, blogs y páginas especialmente diseñados para brindar un acompañamiento que puede resultar de gran utilidad.

También es clave identificar a los que resultan ser una influencia perniciosa o dañina (aquellos que hablan más de lo que escuchan, son imprudentes o explosivos en sus declaraciones, tienen escasa empatía, piensan demasiado en sí mismos, hacen alarde de “no deprimirse nunca”, juzgan y critican a quien manifiesta ideas autoagresivas, se dan ínfulas de “fe firme” o “superioridad moral” y aducen que es por eso que nunca han pensado en suicidarse), para mantenerlos alejados de la persona en peligro. Asimismo, existen sujetos tan perversos y psicópatas que hasta aconsejan y alientan el suicidio en redes sociales, o crean contenidos (videos, artículos y hasta concursos) que incitan a tomar tan funesta decisión. Estos últimos sitios de internet deben ser bloqueados y ojalá reportados; nadie, y menos alguien tan vulnerable como quien está contemplando el suicidio, merece ser contaminado por ellos. 

He visto que la música puede servir para aliviar la angustia, aplacar la impulsividad, disminuir la inquietud psicomotora y promover sentimientos de calma y sosiego. Todo ello es muy útil a la hora de prevenir el suicidio. Aunque algunos estudios señalan que las tonalidades menores podrían desencadenar emociones como tristeza, soledad, incertidumbre, frustración, miedo o ira, la experiencia clínica me ha enseñado que cada quien tiene su música preferida, y que muchos pacientes encuentran reposo hasta en los géneros musicales menos pensados. Lo más inteligente es personalizar el tratamiento, y eso incluye respetar los gustos y las preferencias de cada paciente.

La actividad física también es primordial. De nuevo, hay que conocer qué es lo que la persona con riesgo suicida desea y disfruta. Ya sea un deporte de individual o de conjunto, seguro o de contacto, lo importante es que la persona disfrute retomando una actividad que le era placentera, y que poco a poco vaya tomándole gusto de nuevo. Se aconsejan 20 minutos de calentamiento, 20 minutos de práctica relajada, 5 minutos de práctica deportiva intensa y luego 15 o 20 minutos de práctica relajada, rematados con 5 minutos de enfriamiento. Es decir: no es cuestión de exigirle al paciente máximo rendimiento; no se trata de un atleta que se dispone a entrenar para lograr un trofeo o un campeonato, sino de un ser humano al que se le quiere ayudar a encontrarle sabor a la vida. Y lo ideal es combinar la práctica anterior, que debe ser matutina (pues realizarla por la noche puede desencadenar insomnio) con ejercicios y estiramientos conducentes a la relajación (yoga o taichí). Estos últimos pueden hacerse hasta tres veces al día, durante 30 o 60 minutos (no hay problema si se realizan por la noche, pues no dificultan el buen dormir).

Los distintos tipos de meditación (o, al menos, las diversas técnicas de atención plena) son útiles para disminuir la ansiedad, dar una sensación de mayor empoderamiento y ayudar a poner la mente en orden. Se puede aconsejar a la persona que medite en la mañana y en la noche, durante al menos 15 minutos (pudiéndose extender hasta una hora, si su organismo así lo necesita). El tipo de meditación lo elegirá el paciente de acuerdo con sus creencias: Lectio Divina, Ejercicios Espirituales, Meditación Contemplativa o Meditación Trascendental para los cristianos; Meditación Trascendental, Meditación Metta, Meditación de Enfoque, Meditación Vipassana o Meditación Zen para los budistas; Meditación de Puntos Energéticos, Meditación Kundalini, Recitación de Mudras o Recitación de Mantras para los hinduistas; técnicas eclécticas para los misceláneos o adeptos de la Nueva Era; un ateo puede encontrar soportable y hasta divertido el Mindfulness.

El factor más poderoso a la hora de traer paz espiritual es la oración. A lo largo de mi carrera, y en todos los estudios que he revisado o que he realizado investigando dicha variable, me encuentro con que resulta tanto o más eficaz que los antidepresivos. Lo ideal es que el paciente encuentre su(s) estilo(s) favorito(s). En la vertiente cristiana están la oración contemplativa, la oración meditativa, la oración de acción de gracias, la oración petitoria, la oración de alabanza, la oración de ofrecimiento, la oración de intercesión, la oración de abandono, la oración de recogimiento, la oración de arrepentimiento, la oración de bendición, la oración de acogida, la oración de elevación, la oración de acogida, la oración universal (Liturgia de las Horas), la hesiquia, la jaculatoria, el Padre Nuestro (la oración por excelencia, enseñada nada menos que por nuestro Señor) y las oraciones enmarcadas dentro de la tradición eclesiástica (Coronilla de la Misericordia, Rosario, Gloria, Alma de Cristo, Magníficat, Salve, Novena de Navidad, Señal de la Cruz, Ángel Custodio, Credo, Yo confieso, Acuérdate, Letanías de la Virgen, Letanías de los Santos, etcétera), tanto verbales como mentales, en solitario o en grupo, o dentro de actos litúrgicos (Misa, Salmodia, etcétera). En la tradición hebrea, las oraciones de bendición, de petición, de alabanza y de acción de gracias, las plegarias tradicionales (Shajarit, Minja, Arvit) y los actos litúrgicos (como los correspondientes al Shabat o a los ritos de paso, como el Bar Mitzvah). En el Islam, las cinco oraciones diarias (Fayr, Dhuhr, Asr, Magrib e Isha) y las demás oraciones coránicas. Y en las demás corrientes religiosas, todas las expresiones de amor a Dios y deseo de contactar con Él para adorarlo, agradecerle, suplicarle o demostrarle fidelidad. Puedo afirmar, categóricamente, que la persona fuerte y constante en la oración jamás llega a cometer suicidio, así esté viviendo la tortura de tener pensamientos suicidas recurrentes.

A nivel psicoterapéutico, se debe apuntar a la plenitud existencial (la sumatoria de la felicidad y la realización personal). Para ello, el psicoterapeuta formativo y el paciente, a través de la sinergia terapéutica, van a reencontrar y potenciar el gozo y la satisfacción por el hecho de ser y estar en el mundo. Muchas veces la persona en riesgo de suicidio se enfrenta a un trastorno del afecto (cualquiera de los trastornos depresivos, ansiosos, mixtos o bipolares), una adicción, una enfermedad crónica (especialmente si está asociada a dolor), un trastorno de adaptación severo, un duelo (por la muerte de un ser querido, un divorcio, una crisis económica, o cualquier otra situación en la que se sienta amenazada la seguridad o la reputación), una esquizofrenia activa (usualmente con síntomas que afectan enormemente la calidad de la vida, como el insomnio, las cogniciones alteradas y las alucinaciones) o cualquier otro escenario de enfermedad psiquiátrica o estrés psicosocial. En consecuencia, el proceso debe permitir antes que nada un alto en el camino, una pausa refrescante y sosegadora. Así se podrá hacer catarsis, tomar aliento, encontrar paz, poder ver todo en perspectiva y empezar a analizar la situación y a encontrar respuestas y soluciones. Al mismo tiempo, el paciente irá entrando a la espiral formativa de su ser (que incluye reformulación, reforma, redefinición integración, equilibrio, armonización y ecualización), transformando su personalidad, su self, su vivencia y su propia existencia. Así tendrán cada vez menos peso la posición jerárquica, la aprobación externa, el dinero, los bienes materiales o los títulos, y se irá pasando de la prisión de la patología a la liberación de la vida bien vivida. Entenderá que en su realidad y su circunstancia tiene todo el derecho y todas las posibilidades de realizarse como persona. Adquirirá las herramientas, la claridad mental, la bondad, la madurez, la sensatez para tomar decisiones y la capacidad de acción necesarias para alcanzar sus metas.

La psicoterapia formativa irá dotando a la persona de una cosmovisión nueva, en la que es posible una vida plena (llena de gozo, bienestar, autoaceptación y sensación de logro) obtenida éticamente. Los afanes, sufrimientos y pesares de antaño darán paso a la actividad ordenada y efectiva, a la felicidad y el saboreo y el disfrute de cada experiencia. La ideación autolítica se esfumará, pues un ser humano feliz y realizado vivirá cada vez más venturosamente. 

Logrados todos los objetivos, siempre con el placer de saber que se está consiguiendo todo lo que se anhela actuando en coherencia con los valores universales (amor, bondad, honradez, paz, verdad, justicia, responsabilidad y solidaridad), la persona tendrá salud mental suficiente como para sacar el máximo provecho de su personalidad y sus demás recursos (físicos, psicológicos, espirituales, materiales, sociales y emocionales).   

Con respecto al tratamiento psicofarmacológico, es muy claro que toda persona en riesgo debe recibirlo. Son completamente obtusos los profesionales que aún hoy se resisten a ello. Lo que sí es importante es que la medicación sea inteligente y cuidadosa, evitando en lo posible medicamentos que puedan producir dependencia y asegurándose de dar un esquema que combine seguridad y eficiencia. De otro lado, jamás se deben ignorar o minusvalorar las amenazas: es preferible una hospitalización profiláctica (así sea domiciliaria) que una actitud pasiva frente al asunto.



Referencias



Bahamón, M., Alarcón, Y., y Trejos, A.M. (2019). Manual de intervención: prevención del riesgo suicida en adolescentes. Ciudad de México: Manual Moderno.

Campos, D.A. (2020). Principios de Psicoterapia Formativa. Armenia: SPF Ediciones.

Frankl, V. (1987). El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (1999). El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (2003). Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Editorial Herder.

Reyes, M., y Strosahl, K. (2020). Guía clínica de evaluación y tratamiento del comportamiento suicida. Ciudad de México: Manual Moderno.

Skynner, R., y Cleese, J. (2011). Life, and how to survive it. New York: Random House.



David Alberto Campos Vargas


Médico cirujano, Pontificia Universidad Javeriana

Especialista en Psiquiatría, Pontificia Universidad Javeriana

Neuropsicólogo, Universidad de Valparaíso

Neuropsiquiatra, Pontificia Universidad Católica de Chile

Psicoterapeuta, Sociedad de Psicoterapia Formativa

Filósofo, Universidad Santo Tomás de Aquino

Teólogo, Obispado Castrense de Colombia

Profesor, Universidad del Quindío



Cómo citar este artículo: Campos Vargas, D.A. (2022) Cómo evitar el suicidio desde la Psicoterapia Formativa. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, abril de 2022.

jueves, 21 de abril de 2022

FACTORES PSICOLÓGICOS QUE AFECTAN LA ÓPTIMA ADHERENCIA A LA HIGIENE DE MANOS, por David Esteban Díaz Gómez


FACTORES PSICOLÓGICOS QUE AFECTAN LA ÓPTIMA ADHERENCIA A LA HIGIENE DE MANOS


David Esteban Díaz Gómez*


Desde hace más de dos siglos, gracias a la intuición, la razón y la aplicación de un método epidemiológico sencillo pero revolucionario para la época, un obstetra húngaro llamado Ignaz Semmelweis empezó protocolizar el lavado manos como una manera de prevenir la generación de patologías nosocomiales y logró crear un impacto en la reducción de la mortalidad por fiebre puerperal (1,2). Pero no fue hasta el 2002 que el CDC de Atlanta estandarizó la forma de llevar a cabo el lavado de manos paso por paso y ya en el 2009 la OMS plantea los 5 momentos del lavado de manos llevando de forma global este concepto (3, 4).

Se conoce que las infecciones asociadas a la atención en salud son la principal complicación del cuidado en pacientes hospitalizados, las cuales son prevenibles con el lavado de manos y desde Semmelweis, se han realizado grandes e importantes estudios que validan esta hipótesis (7,8). A pesar de toda la evidencia y divulgación se encuentra , en estudios globales que evalúan la adherencia a la higiene de manos , que el cumplimiento de estas recomendaciones no es el que esperaríamos. En Norteamérica y Europa las tasas más altas de adherencia en los estudios consultados se encontraba entre el 50 y 60% (13, 14 15, 16, 21). En el ámbito local, las tasas de adherencia a la higiene de manos en importantes instituciones de salud mostraron una mayor variedad de resultados que van desde alrededor del 16 % a un 75%. También se identificaron las variables asociadas al no cumplimiento, entre los que destacan la falta de insumos y el exceso de trabajo (17, 18, 19, 20).

En el año 2015 tuve la oportunidad de realizar un estudio observacional sobre la adherencia a la higiene de manos en el Hospital Departamental Universitario departamental San Juan de Dios de Armenia en el área de Medicina Interna, evaluando 77 trabajadores y 3914 oportunidades de higiene de manos. Además se realizó un cruce de estos datos con variables como la formación profesional, capacitaciones recibidas y conocimiento de los momentos de la higiene de manos, entre otras. Alrededor del 58% de los evaluados conocían adecuadamente los momentos para la higiene de manos, siendo aún mayor en quienes habían recibido capacitaciones (con un 62 % del personal con adecuado conocimiento versus un 22% que no habían recibido capacitación sobre higiene de manos). También se encontró que la proporción de personal que conocía adecuadamente los momentos de higiene fue mayor en quienes llevaban más de 7 años laborando en el hospital y en los perteneciente al sector estudiantil con un 72% y un 82% respectivamente. Dicho conocimiento distó, paradójicamente, de la adherencia en la práctica clínica, la cual solamente fue de 6.4 % del total de oportunidades de higiene, lo cual me llevó a plantear la incógnita de cuáles eran los factores personales y psicológicos para no llevar a cabo el cumplimento. 

Haciendo una revisión en la literatura, se encuentra que los factores psicológicos mayormente relacionados por el personal de salud con el no cumplimiento de la higiene de manos denotan principalmente el exceso de trabajo, el corto tiempo para la valoración de cada paciente, la carga cognitiva al tener que realizar varias acciones al tiempo, los altos niveles de estrés, encontrarse atareado en múltiples labores hospitalarias, la distractibilidad y la sensación automática de protección con el uso de guantes (22, 23, 24, 25, 26). 

Poniendo este escenario en el contexto actual se esperaría que la adherencia a la higiene de manos fuese mayor tras la llegada de la pandemia por COVID-19, tanto por el miedo de contagio como por sensibilización a las campañas de asimilación de medidas de bioseguridad y la consciencia del riesgo para el personal de salud, pero esta hipótesis contrasta con una preocupante realidad: en los estudios recientemente consultados se muestra que no hubo un aumento significativo en la adherencia a la higiene de manos de forma sostenida en el tiempo.

Lo anterior puede ser explicado por el impacto psicológico de hacerle frente a una pandemia que desbordó a los diversos sistemas sanitarios, y el agotamiento físico y mental que la situación provocó en los trabajadores de la salud (21, 27). También llama la atención que estos factores mencionados son similares a los relacionados con el desarrollo del error médico en general, que como bien se sabe, es una de las principales causas de complicaciones y mortalidad de forma directa o indirecta, dentro de las instituciones hospitalarias (28).

Dada la problemática mencionada, una posible solución puede ser involucrar de forma activa a los familiares y pacientes durante el ingreso hospitalario, haciendo pedagogía y campañas de información para que sean ellos quienes exijan una adecuada higiene de manos al personal, además de campañas rigurosas de capacitación al personal de salud que incluyan la simulación clínica para que además de fomentar el conocimiento, se desarrollen habilidades no técnicas.

Veo la necesidad de realizar más estudios estructurados en nuestro medio para determinar los factores que pueden influir, no solo en la mala adherencia a la higiene de manos, sino en todos los posibles casos de error médico y así crear campañas de mejoramiento que pueden beneficiar tanto al personal de salud como a los pacientes.


Referencias


1. Noakes, TD, Borresen, J, et al. 7 de junio de 2007. Semmelweis and the aetiology of puerperal sepsis 160 years on: an historical review. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2870773/>

2. Centers for Disease Control and Prevention. 25 de octubre de 2002. Guideline for Hand Hygiene in Health-Care Settings. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.cdc.gov/mmwr/PDF/rr/rr5116.pdf> [con acceso el 30 de octubre de 2014].

3. Organización mundial de la salud. 2005. Alianza mundial en pro de la seguridad del paciente. [En línea] Disponible desde internet en: <www.who.int/patientsafety/information_centre/GPSC_Launch_sp.pdf>

4. Organización mundial de la salud. 2012. Higiene de las manos: ¿por qué, cómo, cuándo? [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.who.int/gpsc/5may/tools/ES_PSP_GPSC1_Higiene-de-las-Manos_ Brochure_June-2012.pdf?ua=1>

5. Secretaría distrital de salud Bogotá, D.C. 2007. Infecciones intrahospitalarias en Bogotá, D. C., 2007. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.saludcapital.gov.co/sitios/VigilanciaSaludPublica/Biblioteca %20 de%20Anuarios/INFECCIONES%20INTRAHOSPITALARIAS.pdf>

6. Feigin C. Tratado de infecciones en Pediatría. 3ra. ed. McGraw Hill Interamericana México, 1995. (2): 2375 - 2411. 

7. Fendler EJ. 30 de junio de 2002. The impact of alcohol hand sanitizer use on infection rates in an extended care facility. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12032498> 

8. Stone SP. 27 de septiembre de 1998.The effect of an enhanced infection-control policy on the incidence of Clostridium difficile infection and methicillin-resistant Staphyloccocus aureus colonization in acute elderly medical patients. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12675094>

9. Kenneth, T. 2007 The Normal Bacterial Flora of Humans [En línea] Disponible desde internet en: <http://textbookofbacteriology.net/normalflora.html>

10. Álvarez, F. El lavado de manos. Prevención de infecciones trasmisibles. En: Gaceta Médica Espirituana. [En línea]. No 13 (1) (2011) <http://bvs.sld.cu/revistas/gme/pub/vol.13.(1)_07/p7.html >

11. Ministerio de Salud. Detectar, prevenir y reducir el riesgo de infecciones asociadas con la atención en salud. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.minsalud.gov.co/documentos%20y%20publicaciones/detectar_infecciones.pdf>

12. Eggimann, P. 27 de mayo de 2000. Impact of a prevention strategy targeted at vascular-access care on incidence of infections acquired in intensive care. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10866442>

13. Kalata NL. 25 de junio de 2013. Adherence to hand hygiene protocol by clinicians and medical students at Queen Elizabeth Central Hospital, Blantyre-Malawi. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24098831>

14. Fitzgerald, G. Mayo de 2013. Hand hygiene after touching a patient's surroundings: the opportunities most commonly missed. [En línea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed?term= wash%20hands%20moments>

15. Zamudio, I; Meza, A y Martínez, I, et al. Estudio multimodal de higiene de manos en un hospital pediátrico de tercer nivel. En: scielo [En línea]. Vol 69 No 5 (2012) <http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid= S1665-11462012000500009> 

16. Organización mundial de la salud. 2009. WHO Guidelines on Hand Hygiene in Health Care. [En linea] Disponible desde internet en: <http://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK144013/>

17. García, J. 23 de noviembre de 2012. Adherencia al lavado de manos y barreras de aislamiento hospitalario. [En línea] Disponible desde internet en: <http://prezi.com/qlu_xmqox5qb/adherencia-al-lavado-de-manos-y-barreras-de-aislamiento-hospitalario-servicio-de-hospitalizacion/> [con acceso el 24 de septiembre de 2014].

18. OPS Colombia.14 de mayo de 2013. Lavado de manos Hospital departamental de Nariño. [En línea] Disponible desde internet en: <http://es.slideshare.net/OPSColombia/lavado-de-manos-hospital-universitario-dptal-de-nario> 

19. OPS Colombia. 14 de mayo de 2013 .Experiencia exitosa de higiene de manos de una direccion territorialde salud. [En línea] Disponible desde internet en: <http://es.slideshare.net/OPSColombia/experiencia-exitosa-de-higiene-de-manos-desde-una-direccin-territorial-de-salud>

20. OPS Colombia. 14 de mayo de 2013. Mejora Práctica higiene de manos IPS universidad de Antioquia.[En línea] Disponible desde internet en: <http://es.slideshare.net/OPSColombia/mejora-prctica-higiene-manos-ips-universitaria-u-antioquia> [con acceso el 26 de septiembre de 2014].

21. Ragusa, R.; Marranzano, M.; Lombardo, A.; Quattrocchi, R.; Bellia, M.A.; Lupo, L. Has the COVID 19 Virus Changed Adherence to Hand Washing among Healthcare Workers? Behav. Sci. 2021, 11, 53. https://doi.org/10.3390/bs11040053

22. Maskerine, C. and Loeb, M. (2006), Improving adherence to hand hygiene among health care workers. J. Contin. Educ. Health Prof., 26: 244-251. https://doi.org/10.1002/chp.77

23 Jarvis WR. Handwashing—the Semmelweis lesson forgotten? Lancet 1994;344:1311-2.

24 Dubbert PM, Dolce J, Richter W, Miller M, Chapman S. Increasing ICU staff handwashing: effects of education and group feedback. Infect Control Hosp Epidemiol 1990;11:191-3

25.Conly JM, Hill S, Ross J, Lertzman J, Louie T. Handwashing practices in an intensive care unit: the effects of an educational program and its relationship to infection rates. Am J Infect Control 1989;17:330-9.

26.Larson E, Killien M. Factors influencing handwashing behavior of patient care personnel. Am J Infect Control 1982;10:93-9.

27 .Ragusa, R., Marranzano, M., Lombardo, A., Quattrocchi, R., Bellia, M. A., & Lupo, L. (2021). Has the COVID 19 virus changed adherence to hand washing among healthcare workers?. Behavioral Sciences, 11(4), 53.

28. Makary M A, Daniel M. Medical error—the third leading cause of death in the US BMJ 2016; 353 :i2139 doi:10.1136/bmj.i2139


David Esteban Díaz Gómez

Médico, Universidad del Quindío

Diplomado en Medicina Crítica y Cuidado Intensivo, VitalCare

Diplomado en Sedación, Politécnico Mayor

Médico del servicio de Urgencias, Clínica del Café

daest.9@gmail.com


Cómo citar este artículo: Díaz Gómez, D.E. (2022) Factores psicológicos que afectan la óptima adherencia a la higiene de manos. Revista Virtual de Psicoterapia Formativa, abril de 2022.



REFLEXIONES SOBRE LOS DERECHOS LABORALES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, por David Alberto Campos Vargas

Reflexiones sobre los derechos laborales de la Inteligencia Artificial David Alberto Campos Vargas, MD, MSc La Inteligencia Artificial (IA) ...